La Ruptura, ¿generación o movimiento?

Más que una corriente, escuela o enfoque artístico

Óscar Muñoz
Foto: Macay
La Jornada Maya

Martes 11 de septiembre, 2018

La semana pasada, el Centro Virtual de Documentación e Información (Cevidi), del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán Fernando García Ponce (Macay), llevó a cabo el coloquio "Precursores, espacios y momentos de La Ruptura" durante dos días. La sugerencia del nombre de este encuentro permite cuestionar si La Ruptura tuvo precursores, como si fuera un movimiento artístico, o tuvo militantes, como si se tratara de un movimiento político. El resto del título conlleva las condiciones mínimas de la existencia de cualquier objeto o sujeto: tiempo y espacio.

Más que una corriente, escuela o enfoque artístico, La Ruptura fue un movimiento de artistas en el contexto de la política cultural de los años 50; sin embargo, el Cevidi del Macay ha insistido en tratar a La Ruptura como una generación. En el programa del coloquio citado reza lo siguiente: “A los creadores de la Generación de La Ruptura les tocó cambiar la fisonomía cultural del país y abrir el escenario del arte contemporáneo de México bajo diversos nombres”. Este trato de generación parece más impuesto que obtenido. En la historia del arte universal, es posible hablar, por ejemplo, de la Generación del 27 o la Generación del 98.

Cabe destacar que según el escritor español Pedro Salinas, integrante de la llamada Generación del 27, quienes formaron parte de esta agrupación no podrían ser considerados en el concepto de generación. Y esto por no cumplir ciertos criterios historiográficos como: nacimiento en años muy cercanos, formación intelectual semejante, relaciones personales entre sus miembros, participación en actos colectivos propios, existencia de un hecho generacional que aglutine sus voluntades, presencia de un guía, rasgos comunes de estilo.

Con base en estos requerimientos establecidos por el danés Julius Petersen, los supuestos integrantes la mal llamada Generación de La Ruptura no cumplen con muchos de los criterios señalados anteriormente. Algunos de ellos nacieron en fechas distantes, otros son extranjeros, sus estilos artísticos son muy diversos, no tuvieron ningún guía contundente. Por ejemplo, entre los nacionales, destacan José Luis Cuevas, Vicente Rojo, Fernando García Ponce, Beatriz Zamora, Gabriel Ramírez, Lilia Carrillo, entre muchos más, y de los extranjeros están Roger von Gunten, Kazuya Sakai, Arnold Belkin, Remedios Varo, Mathías Goeritz, entre otros tantos.

Además de la diversidad de nacionalidades y edades, otro alejamiento de los criterios para considerar a un grupo como generación está en el acercamiento de estilos y las formas de expresión artística. Por ejemplo, las pinturas de Pedro Coronel están basadas en la figura humana, pero bajo en enfoque del geometrismo; en cambio Günther Gerzo, a pesar de usar el geometrismo, no era figurativo sino abstracto o Roger von Gunten y Vlady, que fueron abstractos y figurativos a la vez. Más alejados están Remedios Varo, pintora surrealista por antonomasia, o Carlos Mérida, que aunque abstracto, estuvo inspirado en la arquitectura maya antigua, o Fernando García Ponce, quien fincó gran parte de su obra en el collage.

En otros aspectos de la creación, vale destacar las distintas técnicas de los artistas agrupados en La Ruptura, más no generación: mientras José Luis Cuevas, un dibujante más que pintor y más figurativo que abstracto, utilizaba una escala de colores muy reducida para hacer sus grotescos personajes, Pedro Coronel manejaba imágenes muy coloridas o Roger von Gunten usaba colores muy estridentes, o Vlady, que utilizó la técnica del impasto (plastas de pintura encima de otras para crear profundidad).

En cuanto a La Ruptura como movimiento, habrá que señalar que la intención de este grupo de artistas era oponerse a la política cultural dominada por los tres grandes muralistas y la Escuela Mexicana de Pintura, lo que los identifica como disidentes; sin embargo habrá que aclarar que hubo anteriores opositores a la Escuela Mexicana de Pintura, como Rufino Tamayo o Juan Soriano, quienes rompieron con dicha política oficialista antes del movimiento La Ruptura. La actitud rebelde de estos dos artistas citados logró ese rompimiento con lo oficial.

En realidad los integrantes de La Ruptura nunca publicaron ningún manifiesto con el cual expresaran su desacuerdo e impulsaran sus posturas ideológicas. Por el contrario, sólo se reunían entre sí sin ningún sentido político. Así que en esta otra característica que se les ha atribuido por mucho tiempo como movimiento, los argumentos están ausentes. En todo caso, sin proponerse una posición política, crearon un enfoque político: al sugerir que las obras artísticas fueran despojadas de una visión sociopolítica, hicieron política en rebeldía. No más que eso. Al evitar la inclusión de contenidos políticos en sus obras, develaron su postura política.

Por todo lo anterior, el Cevidi del Macay tendrá que cuidar más su enfoque investigativo y sus argumentos y aceptar que La Ruptura no fue una generación ni tampoco un movimiento, ni artístico ni político. Habrá que tener más atención a las diferentes opiniones acerca de este tema, como las de la reconocida galerista Monserrat Pecanins, quien, durante el coloquio en el Macay, expresó sus desacuerdos respecto de lo mencionado acerca de La Ruptura.

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