El Informe pelícano

Mérida, la única capital del sureste de México que no tiene drenaje

Carlos Mena Baduy
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Jueves 11 de octubre, 2018

Los pelícanos de la zona costera son menos vistos en la playa pero en los mangles se concentran como nunca antes, consecuencia de la cada vez menor población de peces pequeños en el mar; pero no son los únicos, los pescadores ribereños acuden a los mangles a pescar con redes, aunque está prohibido.

Otro aspecto del mismo problema es la evidente merma en la captura de mero y otros peces, derivada por disponer menos alimento, pero al ser capturados peces y camarones pequeños, rompen los ciclos biológicos; por ello han recurrido a la pesca de pepino de mar y a la delincuencia, razón por la cual se habla de crear una policía costera para evitar estas prácticas.

Por otro lado, las enfermedades gastrointestinales en Yucatán se han incrementado en los últimos años, sobre todo las diarreicas. Se les asocia al calor e higiene, no a la calidad del agua consumida, pero hay estudios de sostienen que el 70 por ciento del agua analizada del manto freático de Yucatán está contaminada. Hay que recordar que Mérida es la única capital del sureste de México que no tiene drenaje.

Hasta aquí ya hay varios problemas, es decir, hay menos pelícanos porque hay menos peces pequeños, que a su vez incide en la reducción del mero, lo cual aumenta la delincuencia y pesca furtiva en mangles y pepino de mar ¿Qué tiene que ver con esto con las enfermedades gastrointestinales?

Una analogía podríamos expresarla con en el gusto por el cerdo, ya que cada vez que comemos cochinita contribuímos a que haya más enfermedades gastrointestinales en niños debido a la falta de vigilancia de las granjas, en las cuales no operan sistemas adecuados de tratamiento de sus aguas residuales, por consiguiente, más contaminación y menos pelícanos; menos pesca ribereña derivada y el evidente aumento de la delincuencia costera y presión sobre los mangles.

Las granjas porcícolas utilizan mucha agua, y mucho de este recurso lo vierten a pozos sin el tratamiento debido, contaminando el manto freático, y este vital líquido es consumido en los poblados por quienes no poseen agua entubada, así también llega a los mangles y mata a los peces, y por consiguiente ocasiona que menos lleguen al mar, y de allá se reduzca la pesca ribereña, provocando con ello el incremento de la pesca furtiva de pepino de mar y en mangles, y finalmente, que se ejerza más presión sobre los pelícanos.

Homún y la corta visión

El caso de Homún expone un problema sobre premisas de corta visión. Si bien se conocen las consecuencias del equilibrio ecológico roto, los argumentos mediáticos en el caso de este poblado nacen por pura percepción sobre hechos fundamentalmente imaginarios enfocándose en el problema y no en la solución. De acuerdo a los líderes de las marchas en Homún, la granja de cerdos contaminaría cuando ni siquiera había abierto. Los protectores de los cenotes no se quejan de la contaminación, sino de la probabilidad de que lo hagan el futuro. Por su parte, el gobierno expone que todos los permisos y procedimientos solicitados a la empresa están cumplidos, por lo que sabe que no contaminará.

La granja ya entró en funciones pero todo flota en la desconfianza de la supervisión pública, porque muchas granjas que cumplieron con los permisos de apertura hoy contaminan debido a que no hay sanciones, ni brigadas que los supervisen y garanticen que los sistemas de tratamiento de agua operes, o bien, los supervisores tienen un precio. Además, muchos de los manifestantes tuvieron granjas que impactaron seriamente el manto freático y creen que así debe ser, ignorando que existen sistemas que garantizan el cuidado del agua.

De nada sirve la veda del mero si lo peces del manglar mueren por contaminación, ya sea de granjas sin supervisión, agroquímicos, industria o incluso por contaminación producida por la falta de biodigestores, fosas sépticas adecuadas en los hogares de Mérida, Homún o cualquiera de los 106 municipios que conforman el estado; de nada sirve la policía costera si no soluciona una pesca ribereña suficiente y de ciclos sustentables; de nada sirve certificar granjas de cerdos si no hay un organismo autónomo que supervise la calidad de las aguas circundantes, y si éstas contaminan, cerrarlas. Por cierto, no hay ningún caso de cierre por contaminación del agua.

Los empresarios porcícolas de la granja de Homún tienen todos los permisos para operar, así como equipos para tratar el agua. Por su parte, los pobladores temen que esto no esté garantizado en el futuro, y de allí que la gente que nade en los cenotes se enferme, sobre todo los niños.

Vigilancia

La propuesta de Sergio Grosjean, quien es empresario y coordinador de proyectos de rescate y restauración de cenotes, sabe que la granja opera de manera legal y que cuenta con todos los permisos, por consiguiente, no existe mecanismo jurídico para impedir su operación. El especialista propone la manufactura y operación de “pozos testigo” en la periferia de la granja y que los monitoree un colectivo o cuerpo colegiado formado por instituciones, universidades, investigadores con el perfil adecuado, así como pobladores, es decir, un grupo incorruptible que vigile los estudios, y en caso de que ésta contamine, cerrarla al momento. Con estas medidas se protegería la producción de cerdos, las fuentes de empleo que genera, y lo más importante, la salud y el rompimiento biológico que afecta hasta los pelícanos del mar.

La propuesta y declaraciones de Sergio provocaron un problema político y de intereses donde importa más la enfermedad que la medicina, ya que los pobladores quieren el cierre de la granja que opera de manera legal y con equipos de última tecnología, según argumentan los empresarios, y estos últimos están atados ante un problema sobre una realidad que no existe. Quienes opinan, organizaciones sociales irresponsables, así como personajes con matices políticos, creen que es un problema de derechos humanos y ponen trabas al asunto evitando la comunicación entre las partes involucradas, creyendo que con marchas, gritos e improperios encontrarán una solución al asunto, y mientras tanto, nadie se preocupa por los pelícanos, el mangle y las enfermedades de los niños.

[email protected]