Opinión
Felipe Escalante Tió
12/03/2026 | Mérida, Yucatán
Cuando se abre un periódico antiguo con el ánimo de dejarse sorprender, las sorpresas saltan a la vuelta de la página. Lo mismo puede encontrarse información sobre una persona que una receta de cocina, las reacciones ante los avances científicos o por la presencia de artistas, y por supuesto, acerca del desarrollo de las poblaciones.
En su edición del 27 de junio de 1921, el diario El Correo publicó, un tanto escondida en su tercera plana, una nota titulada “El Ejecutivo del Estado costeará la reparación del Paseo Montejo”. Tomando en cuenta que este periódico era un tanto escandaloso cuando se trataba de criticar a los socialistas, y que su principal noticia de ese día fue el resultado de una rebelión en Peto, se entiende que el anuncio del arreglo de la avenida haya ocupado apenas tres párrafos.
Pero la duda que surge al ver la nota es ¿qué se le debía reparar al Paseo? La vía no era en ese entonces ni derrotero del carnaval y mucho menos de manifestaciones que dejaran huella sobre sus monumentos. Es más, el único que existía en ella era la estatua del doctor Justo Sierra O’Reilly, pues ni Felipe Carrillo Puerto había llegado a la gubernatura ni Rómulo Rozo se había avecindado en Yucatán para esculpir el Monumento a la Patria.
Lo que deja ver la publicación es que el daño era sobre el pavimento, lo que también conduce a pensar que todas calles terminan por deteriorarse independientemente de su uso, pues para la época, la mayor parte de los vehículos que circulaban por Paseo de Montejo eran coches tirados por caballos y unos cuantos automóviles.
La preocupación que revela El Correo es que la autoridad que debía encargarse del mantenimiento simplemente no podía con la tarea. Desde el primer párrafo indica que el conocimiento del problema ya llevaba un rato: “Hace tiempo que en el H. Ayuntamiento de esta Capital se viene hablando y hasta se han tomado varios acuerdos acerca de la reparación del pavimento de nuestro simpático y hermoso paseo Montejo, orgullo de la ciudad de Mérida”.
Lo que llama la atención en la nota son precisamente los adjetivos dedicados a la avenida. Que era la más amplia que se había construido en Mérida, sí, pero lo que se podía apreciar eran las residencias de los potentados henequeneros, muchas de las cuales se han perdido por completo. Montejo no era, entonces, un espacio para la memoria.
“Parece que el asunto fue archivado por el H. Ayuntamiento a causa de que según los señores ediles no existe en caja ni un solo centavo”. ¡Bueno! ¿Por qué será que algunos quieren que “archivar” sea sinónimo de “olvidar”? En fin, lo real era que el dinero ya no llegaba igual a las arcas municipales, y la emblemática avenida ya debía tener algunos baches.
Pero, como si se tratara de autoridades compitiendo por votos para sus respectivos partidos, el Ejecutivo anunció que entraba al quite para “costear la reconstrucción del pavimento del Montejo, con objeto de que esté en buenas condiciones para las próximas fiestas patrias, o sean las del 15 y 16 de septiembre próximos”.
En unos cuantos caracteres, la nota respondió al tema: el interés por arreglar el Paseo Montejo era circunstancial, pues la necesidad inmediata era el lucimiento de las fiestas patrias, y no tanto la movilidad de las personas por esa avenida.
Esa falta de recursos y después la convulsión política fueron clave para que las obras de ornato del Paseo Montejo se dieran hasta 1925, comenzando precisamente con el obelisco a Felipe Carrillo Puerto, que obedeció también a circunstancias políticas, pero eso es materia de otras notas, y otros tiempos.
Edición: Estefanía Cardeña