Imágenes de mujeres invisibilizadas

El trabajo doméstico en Yucatán tiene rostro de mujer maya

Felipe Escalante Tió
Ilustración La Caricatura, 12 de abril de 1931. Original en Centro Cultural ProHispen
La Jornada Maya

Viernes 14 de diciembre, 2018

De cuando en cuando, alguna fotografía o ilustración desafía la idea de nuestro entorno, o la naturalidad con que tomamos ciertas cosas, porque esos documentos nos muestran una parte del proceso mediante el cual terminamos por aceptar una situación como parte de un orden “natural”, justificado, justificable. Es el caso de una serie de caricaturas publicadas en el semanario yucateco La Caricatura durante la primera mitad del siglo XX.

La reciente determinación de que las personas que se dediquen al servicio doméstico, junto con la película Roma, han atraído luces al tema, que es uno de los que en México se habla muy poco. Una mirada de reojo es insuficiente porque el tema es complejo, y la relación entre patrones y empleadas –porque este trabajo es mayoritariamente femenino– se ha formado desde los tiempos de la Colonia, cuando se estableció como obligación de los conquistados el brindar trabajo gratuito a los conquistadores cada cierto tiempo. De ahí, con la independencia y el ataque a las tierras de comunidad, creció la oferta de esta labor hasta llegar al porfiriato y el auge de las haciendas con su mano de obra cautiva.

¿La Revolución hizo algo por las mujeres empleadas domésticas? En la mitología yucateca está el decreto de Salvador Alvarado en el que “libera” a estas mujeres de cualquier contrato, y que muchas de ellas “por cariño a sus amos” permanecieron. Pocos han querido ver que cocineras, criadas, planchadoras y nanas llevaban tanto tiempo en las casas patronales que estaban ya desarraigadas, enajenadas de sus comunidades. Servir a la familia era lo único que sabían hacer, prácticamente desde su niñez.

El trabajo doméstico en Yucatán tiene rostro de mujer maya, y en muchos casos es casi un requisito que sea “de pueblo”. No importa si se trata de una comisaría del municipio de Mérida o de alguna población más alejada, aunque esto no quiere decir que las nacidas y residentes en esta urbe tengan mejores opciones y más oportunidades laborales. Es una cuestión que va más allá de cómo concebimos también el espacio urbano: el sur le sirve al norte, que a fin de cuentas quienes trabajan en la limpieza de comercios, plazas, escuelas y hospitales acumulados en el rumbo “desarrollado” de la ciudad suelen vivir mayormente en colonias en las que algunos, incluyendo policías, tienen miedo de internarse.

Eso es lo que vamos aceptando y lo que desafía el retrato que se puede recoger de las caricaturas de la autoría de Alonso Rejón Montalvo y Pedro Vadillo. El boquete que hay en la historia de Yucatán, que para sus académicos parece haber concluido el 3 de enero de 1925, junto con el casi endiosamiento que se ha hecho de la figura de Elvia Carrillo Puerto como líder feminista y socialista, han hecho que ignoremos cómo se fue formando la sociedad posrevolucionaria, empleando algunas de las piedras del edificio porfiriano que supuestamente se destruyó.

Las imágenes que ilustran la edición de hoy documentan el proceso histórico. En Plan de economías, el diálogo reproduce una situación que recuerda aquel buen trato de los “amos”, que llegaban a considerar a la criada, a la nana, como de la familia y en consecuencia ya no se le pagaba más que con el “cariño” de todos; en Líos conyugaoes, la más reciente, se enfatiza el temor de que “el señor” prefiera “los hipiles y rebozos”; un tema que en la caricatura de Yucatán se remonta a 1846, como muestra Gabriel Gahona. Un siglo después, Todo sube juega con la ilógica situación de un ama de leche pidiendo aumento de sueldo porque precisamente habrá un incremento al precio del lácteo; criadas modernistas refiere las duras condiciones de contratación, aunque nunca existiera un documento que formalizara la relación laboral. Y Mes cervantino hace parecer fuera de lugar que la empleada quiera superarse leyendo.

Estas caricaturas eran celebradas por el ingenio, por las carcajadas que producían entre los lectores. Hoy, al menos en el discurso, serían inadmisibles; sin embargo, las condiciones laborales siguen siendo las mismas para las mujeres mayas, a pesar del tiempo transcurrido. Siguen siendo una población vulnerable laboralmente, expuestas a todo tipo de acoso incluyendo el sexual; sin un documento que especifique horarios y cargas de trabajo así como prestaciones.

Y la nueva legislación hace visibles a las que sirven de tiempo completo. Las de entrada por salida, que son las más, aún están entre las sombras. Si hacemos luz sobre ellas, ¿valdrá la pena reír?

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