Literatura para transformar la nación

Una cosa es aprender a leer, y otra es tener el hábito lector

Óscar Muñoz
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Miércoles 6 de febrero, 2019

Si bien la mayoría de los mexicanos aprenden a leer y escribir desde los seis y siete años de edad, lo cierto es que ello no asegura que en adelante sean lectores. Una cosa es aprender a leer, y otra es tener el hábito lector, que implica disfrutar los textos. En el aprendizaje de la lectura, el niño descubre los códigos del lenguaje escrito; en cambio, en el placer de la lectura, el lector descubre mundos nuevos.

Con base en estas consideraciones, será importante y necesario, como la mejor estrategia para fomentar la lectura, incorporar los textos literarios en el proceso lector. Es precisamente en la literatura donde los lectores encontrarán diversos mundos de la imaginación. No hay que olvidar que un texto literario contiene una recreación del mundo, es decir, el mundo cotidiano vuelto a crear. De ahí que leer un texto literario implica una recreación imaginativa, aspecto del lenguaje escrito que conlleva una fuerte atracción.

En el caso de la población infantil, la literatura, principalmente la narrativa, permite trasladar a los lectores a otras épocas y otros espacios del mundo, lo transforma en un viajero curioso. Es por ello que los textos narrativos pueden asegurar el gusto por la lectura. Leer cotidianamente permite volver a ver los diversos aspectos que encierra la vida con una nueva mirada, y ello favorece, en la lectura de cada texto, la revitalización del pensamiento, de la reflexión frente al mundo.

Formación del gusto

Bajo esta perspectiva, habrá que destacar que la importancia y necesidad de fomentar la lectura en los niños a través de textos literarios, fundamentalmente narrativos, resolvería la cuestión ¿para qué leer? Desde el punto de vista de la lectura, para promover el proceso lector, y desde el enfoque literario, para formar lectores de textos imaginativos y recreativos, que redundaría en la formación del gusto, no sólo lector sino también literario.

Ahora bien, ¿qué conviene más que lean los niños? No habrá que dudar al pensar en textos de literatura infantil y juvenil, aunque también serán importantes y necesarias las versiones escritas de la literatura de tradición oral y obras clásicas que pueden interesar a los niños. Pero ¿quién debería elegir los textos a leer? Sin duda, debe ser una elección libre por parte de los niños, aunque con ayuda u orientaciones del adulto. Es más, los pequeños casi siempre esperan a que los docentes, los padres u otros adultos les sugieran algunos títulos.

¿Y cómo deberían leer los niños esos textos literarios? En este asunto, conviene que ellos realicen una lectura personal o también que la hagan en compañía de un adulto, como su profesor, para resolver algunas dudas que podrían perderlos un poco entre ciertos sinsentidos. Junto con estos apoyos, también será fundamental que les dirijan algunas actividades que les faciliten iniciar la lectura y algunas otras que les permitan comprender lo que leen.

Las sugerencias anteriores permitirán que la lectura en los niños adquiera relevancia de un modo natural, al punto que luego sea habitual. Para ello, habrá que crear situaciones de lectura libre y personal, pero también de lectura dirigida y colectiva. Hay que tomar en cuenta que la lectura, en su dimensión social, permite incorporar diferentes formas de tener acceso a los libros, como la biblioteca del aula, de la escuela o de la comunidad, así como el intercambio de libros.

Leer literatura no tiene como objetivos directos despertar el placer de la lectura ni fomentar el hábito lector, sino proporcionar el medio para que todo esto suceda. La interacción de los niños con los textos literarios, que implica el aprecio de la literatura, es posible a través de una lectura acompañada del maestro. Ello propicia las respuestas de los lectores; resuelve dificultades, como las lingüísticas y las culturales; ayuda a dar sentido a los lenguajes metafóricos, y permite relacionar los temas y las formas de los textos con otros textos.

En conclusión, leer literatura puede ser un motivo muy atractivo para leer, siempre que los textos literarios sean los más adecuados para ello. De aquí la necesidad imperiosa de contar con materiales de lectura literaria suficientes y oportunos, algo que las autoridades federales y estatales, de los ámbitos cultural y educativo, tendrán que tomar en cuenta para transformar la nación en un auténtico país de lectores.

Mérida, Yucatán
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