Elisa, éxito

Un collar de joyas en la danza neoclásica

Fabrizio Léon Diez
La Jornada Maya

Jueves 4 de julio, 2019

Cuando Elisa Carrillo termina la función como bailarina, actúa.

En escena representa a la mujer paisaje, al animal herido, la hembra inalcanzable, a la luz en la voz de Nina Simone, toda la sensualidad de las ondas de un Vivaldi al violonchelo y culmina a la mitad del foro con el rostro del dolor y las manos como rasgando los surcos donde corren las lagrimas provenientes del lago Tchalkovski o de la tristeza, luego de contarnos una historia de amor. Impactado el público, bufa. Uff.

En homenaje a la belleza absoluta del cuerpo y rodeada por un collar de joyas en la danza neoclásica, el cuello de Elisa no necesita adornos, pues un lunar en su mejilla izquierda brilla como el sello de una carta renacentista; es una bailarina extraordinaria y coordina a una constelación de hombres y mujeres formados en la disciplina que contiene el ADN europeo en el arte cruzado con este continente.

Fue en el Auditorio Nacional y lo produce la fundación que lleva su nombre. Es un Festival al que se dio por nombre Danzatlán y la idea se denomina Elisa & Amigos, una gala de estrellas. Irán este fin de semana al Estado de México, Texcoco, Monterrey y Puebla. Varias de esas funciones serán gratuitas para que las disfrute el público de donde ella proviene.

En la séptima fila se encuentran Lucina Jiménez y Laura Ramírez, directora y subdirectora del Instituto Nacional de Bellas Artes, respectivamente, quienes nos invitaron. En el intermedio, la titular del INBA nos comparte el recuerdo de cuando Elisa Carrillo, siendo estudiante de la Escuela de Danza Clásica en México, a ella, como directora del complejo artístico, le tocó revisar sus papeles para que se le otorgara una beca de estudio en Londres. Lo autorizó, obvio, “era una alumna ejemplar” y eso dio inicio a una carrera y el reconocimiento con todos los premios que enorgullece a la institución, y ahora, cuando empezó el nuevo gobierno, Lucina la invito como directora adjunta de la Compañía Nacional de Danza y “en siete meses los cambios y energía que Elisa ha causado en el grupo son bárbaros”, así que esta función de estreno fue como aquel cometa que nos regresa la luz, nos dice.

El ritmo de la obra impacta y altera los sentidos. Son cuadros de una exposición grabados en partituras peculiares para hacer coreografías y que muy pocos conocen. Puestos en escena son piernas perfectas al aire, brazos que se ondulan como las olas, alas de un cisne que llora porque va a morir y quien muere somos todos los ojos que lo vemos. Enormes saltos girando como si la gravedad fuera al cielo. Rostros de una hermosura inconmensurable, amantes del mismo sexo que se coordinan con la misma pasión de quienes se revuelvan con la fuerza de los pétalos de rosas que se rozan en el aire.

Pas de deux en Au Pied de Cochon

Pasada la función, los bailarines fueron celebrados. Nada, absolutamente nada mas privilegiado que observarlos tan frescos comiendo helados. Elisa abraza a todos, a su hermano sobre todo; se deja fotografiar, recibe un rebozo de una comensal, siempre perfecta califica la representación como “buena…aunque hubo sus cositas, como siempre”. Quien sabe de danza nos dice que “es imposible que detectes un error, sólo si eres experto. Esto fue un collar de perlas”.

Aquella fuerza de quienes vuelan y cuyo sudor se convierte en una lluvia que quisiéramos nos humedezca, sentados en una larga mesa se convierten en ninfas sin maquillaje y varones envidiados, rodeados de sus otros amigos, como los que pagan la cuenta monumental a nombre de todos los que destilamos sólo admiración y la gracia de pararse de puntas sólo para ver, desde nuestra pequeñez, el arte que pasó.

Mérida, Yucatán
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