Los hombres, "superhéroes" sin educación sexual

Historias de jóvenes y su primer acercamiento a la sexualidad

Katia Rejón
Foto: Enrique Osorno
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Miércoles 21 de agosto, 2019

Alberto acompañó a su esposa a una tienda de ropa interior. Su hijo de seis años se quedó observando las fotografías de modelos que adornaban la tienda y le preguntó: “¿papá, al rato podemos ir a casa de ellas?”. La sexualidad, dicen varios hombres y especialistas entrevistados, inicia desde la infancia. Es una inquietud que se traduce en ciertos comportamientos que van acompañados de una construcción de la identidad y la curiosidad por la otra persona.

Ellos hablan de sus primeros recuerdos a los cuatro o cinco años cuando una niña se les acercaba y se ponían nerviosos; o de sus hijos, ahora que son padres y están del otro lado. La mayoría afirma que sus papás no hablaron con ellos de sexualidad o que lo intentaron pero ellos mismos rechazaron la plática por vergüenza. Otros corrieron con la suerte de que les explicaran qué era “hacer el amor” y cómo cuidarse en una relación sexual.

En la mayoría había un interés genuino de conocer el cuerpo antes incluso de la búsqueda del placer. David, por ejemplo, dice que se robaba el tomo de una enciclopedia de su casa, donde se hablaba de sexualidad en aspectos puramente biológicos, para leerlo en el baño.

“Recuerdo haber aprendido sobre órganos sexuales, espermatozoides, óvulos y proceso de fecundación, en la primaria. En casa no se tocaba el tema, más que una vez cuando tenía ocho o nueve años, mi papá me dijo: A ver, véngase, ¿qué quiere saber de las mujeres? Y no pregunté nada, me cohibí”, dice Miguel. En su casa, el placer era sinónimo de dolor y la masurbación una situación a evitar porque siempre había oído que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”. A los siete años, le preguntó a su mamá qué era sexo, ella no le contestó.

Otros entrevistados recordaron que en secundaria tuvieron una clase sobre el tema, los testimonios son parecidos: doctores o trabajadores sociales eran quienes impartían la clase que se limitaba a la reproducción y el uso correcto del condón.

“Yo vivía en Acapulco, una zona donde la juventud está súper acelerada. La trabajadora social nos enseñó a ponernos un condón con la muestra de una fruta, en ese entonces lo tomábamos a broma pero yo creo que a muchos nos salvó. Pensábamos: ¿cómo eres hombre y no te sabes poner un condón?”, dice Gabriel.

La mayoría percibió las lecciones de la sexualidad como restricciones o consejos para preservar la castidad, sobre todo en escuelas católicas. Uno de los entrevistados contó que el sacerdote les preguntaba durante la confesión si se habían “respetado a sí mismos”, una indirecta sobre la masturbación. “Mi abuela se quejaba todo el tiempo cuando me tocaba. Me causa incomodidad recordarlo pero en ese momento no me causaba incomodidad”, dice Rodrigo.

En la escuela de Alberto, recuerda que los padres tuvieron que asistir la primera clase de sexualidad para que vieran lo que se les estaba enseñando a sus hijos. Hicieron hincapié en que la sesión la daría un médico especialista. “Hablaba del coito pero no de sexualidad o ética. Decía que el fin del coito era cuando el hombre eyaculaba y cuando alguien preguntó cuál era la posición para hacerlo, simplemente contestó: el hombre arriba y la mujer abajo”, cuenta.

De acuerdo con el estudio “Educación sexual integral: cobertura, homogeneidad, integralidad y continuidad en escuelas de México” publicado por profesionales del centros de investigación del Instituto Nacional de Salud Pública México y el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y Sida en el 2017, el 7 por ciento de los estudiantes de primaria recibió todos los contenidos sobre Salud Sexual Reproductiva, 2.5 por ciento de autoeficacia y 2.3 por ciento de relaciones y derechos.

En la secundaria, los números aumentan a 55.1 por ciento, 23.7 y 19.9 por ciento respectivamente. Y en educación media superior vuelven a disminuir a 14.5, 14.2 y 9 por ciento, respectivamente. Los temas que más reportan recibir en la escuela son el uso del condón, métodos anticonceptivos y prevención del VIH.

Cómo lidian los hombres con la falta de información sobre sexualidad

Miguel decidió ser célibe hasta los 26 años de edad y perdió la virginidad con una trabajadora sexual. Toda su vida relacionó el sexo con la reproducción, venía de una larga tradición de personas que habían sido madres y padres a los 18 años y habían fracasado con su primer matrimonio. Así que canalizó su energía sexual de adolescente en el fútbol y la escuela.

Pero eso no quiere decir que no viviera su sexualidad. A los nueve años fue a casa de un amigo suyo y encontró a otros compañeros viendo una película porno, sólo vio 30 segundos porque llegó su mamá y pusieron una película de Los Bukis. “Fue extraño saber que existían ese tipo de películas y situaciones. Cuando empecé a masturbarme sí veía películas pero en ese entonces lo veía como una curiosidad, como conocer el cuerpo de otros”, dice.

Los amigos y la pornografía aparecen casi siempre en las mismas respuestas. Son la fuente más cercana, y en ese entonces confiable, de una educación sexual nula y una ávida curiosidad por el cuerpo. Para Rodrigo, lo que decían sus amigos era contradictorio con lo que veía en el porno, pero no sabía cuál de las dos fuentes estaba equivocada.

“Entre hombres siempre hay albur que tiene que ver con una fantasía sexual y la homosexualidad. Entre hombres nos bromeamos con eso todo el tiempo y siempre estaba la ambigüedad de si el sexo debía ser anal o vaginal. Entre tanta información que jamás habíamos visto, el juego cotidiano del sexo anal era más presente”, explica.

El estudio antes mencionado concluye que “hace falta fortalecer la Educación Sexual Integral dentro de las escuelas de México, ya que los contenidos son incompletos y se imparten de manera desigual durante el recorrido académico”. También afirma que los contenidos no son integrales y faltan métodos de enseñanza que promuevan la consolidación de conocimientos, actitudes y habilidades para el ejercicio eficaz de la sexualidad, así como relaciones interpersonales saludables.

“No sabes qué pasa, por qué tu pene tuvo una erección. Y al no ver la confianza de acercarse a un adulto, buscas a quienes crees que están pasando por lo mismo”, dice Ernesto.

Educación con los amigos: una especie de fraternidad.

“Yo tenía la ventaja de que no me cuenteaban tan fácil porque estaba informado por mis papás. Un compañero encontró un VHS de sus papás y tomó el tiempo de cuánto duraba una relación sexual, y nada qué ver. Yo le decía no seas tonto, no es así. Pude defenderme de la mala información: de que la primera vez no pasa nada o que puedes reutilizar el condón, pero había quienes se lo creían muy fácil”, dice Gabriel.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (2012) dio a conocer que aunque el 90 por ciento de la población adolescente reportó conocer algún método anticonceptivo, el 15 por ciento de los hombres y 33 por ciento de las mujeres no utilizaron. Pero además el 12 por ciento de los adolescentes varones y el 20 por ciento de las adolescentes mujeres creían que el condón se podía usar más de una vez.

“Dar información de sexo es una actividad muy importante para los niños, una especie de fraternidad en donde lo que dice un niño de 11 años, es importantísimo para el que tiene 9 años. Seguramente yo también lo hice”, dice Rodrigo.

La existencia de la diversidad sexual

Ernesto descubrió su sexualidad cuando en una caricatura de Dragon Ball le interesó el torso marcado de los protagonistas. “En mi casa y en la escuela había poca o nula educación sexual y yo me preguntaba todo el tiempo por qué me llamaban la atención los cuerpos de hombre”, dice.

Si la información de la sexualidad de hombres y mujeres es escasa, la orientación sexual diversa es nula. Hasta la fecha, en casa de Ernesto no se habla de sexualidad, tiene 24 años. “Cuando me animaba a hablarle a un amigo sobre mi orientación, siempre era una respuesta de rechazo. También porque él no tenía información suficiente sobre esto”, agrega.

Eran los noventa cuando la mamá de Gabriel le dijo que el espectro sexual iba más allá de la heterosexualidad. “No con esas palabras, pero sí me decía que había más que hombres y mujeres. Y eso lo agradezco mucho”, dice.

Hay cosas que fueron aprendiendo con el tiempo y dudas que surgieron en la adultez. Los entrevistados hacen énfasis en su circuncisión o falta de, las dudas que tienen cuando su hijo no está circuncidado y ellos sí, o al revés. A pocos les explicaron por qué no tienen prepucio o por qué sí, para qué sirve.

Miguel y Alberto coinciden en que es necesario hablarle a los niños y niñas de sexualidad. El primero hace hincapié en la admiración que siente por su hermano quien le habla a sus hijos francamente sobre sexualidad y el respeto a las mujeres y niñas.

Rodrigo sabe que a su hijo de cuatro años le llaman la atención las niñas. Lo ha visto un par de veces. Su forma de educarlo en la sexualidad es hablarle del cuidado de sus partes, de decirle cómo debe limpiarse y que nadie debe tocar sus genitales. Esto es algo que también mencionan los entrevistados que son padres.

Aunque no era una pregunta en las entrevistas, cuatro de los diez entrevistados mencionaron haber sufrido una violación sexual durante su infancia por parte de una persona de la familia. O bien, le sucedió a alguien de su círculo cercano. En ese entonces, lo que les hubiera gustado saber es que el sexo también puede dañar a alguien.

Lo que les hubiera gustado saber

Aquí las respuestas son diversas: Ernesto dice que le hubiera gustado saber que la homosexualidad no tenía nada de malo; a Eduardo, cuya educación fue católica pero su padre es médico, le hubiera gustado saber cosas más específicas como las condiciones hormonales en hombres y mujeres. Pero hay una respuesta que se repite y tiene que ver con la educación emocional e interpersonal.

“Nunca supe lo que significaba para las mujeres el placer sexual. Tampoco estaba preparado para que la actividad sexual tuviera repercusiones o efectos en lo que sentía”, dice Rodrigo.

Alberto está en proceso de divorciarse y uno de los problemas que tenía con su pareja era precisamente el sexo. “Ella fue víctima de abuso sexual pero no lo recordaba, así que no lográbamos concretar esa parte. Después del proceso con una especialista, se abrió el recuerdo y tuvimos que tomar el tema desde otra perspectiva. Para eso se necesita inteligencia emocional”, asegura.

Él es maestro y ha escuchado comentarios de sus alumnos varones sobre cómo ellos no pueden lidiar con la frustración cuando sus novias aceptan primero tener relaciones y después no. “Sienten que les deben algo, las presionan y así se dan las violaciones ‘indirectas’, aunque ellos no lo perciban así”, dice. Néstor dice que comenzó a tener más seguridad en sí mismo, en la medida en que tuvo mejor comunicación con sus parejas. “Yo tenía mucha inquietud sobre mi desempeño sexual, no estaba tan enfocado en las relaciones y así las saboteaba. Pensaba que la finalidad de tener una pareja era tener sexo y eso es muy estresante Fue cuando dejé de pensar en la expectativa masculina y me empezó a valer que me dijeran cosas, pendejadas y estereotipos de la pornografía: cuánto vas a tardar, de qué tamaño lo tienes, cuántas parejas tuviste”, dice.

¿Qué es ser hombre?

Bruno creció en Hunucmá, Yucatán, en una familia conservadora y un ambiente donde no existía la suficiente educación sexual. “Cuando eres más joven tienes una idea distorsionada. La preocupación de mis amigos y compañeros era con cuántas mujeres se habían acostado, de qué tamaño la tenían, cuánto duraban. No se hablaba de preservativos y tuvo su primera relación a los 14 años, por moda. “Ojalá en ese momento hubiera sabido que no era necesario hacerlo si no estaba preparado, que no tenía que probarle nada a mis amigos.

Hace 10 años los entrevistados tenían una idea de lo que significaba “ser hombre”, pero la mayoría no se identifica con esa educación. Lo relacionan más con el órgano sexual, pero confiesan que es muy difícil contestar esa pregunta.

Les gustaría que sus hijos e hijas recibieran educación sexual integral, pero señalan la importancia de que los maestros estén lo suficientemente capacitados para hablarles al respecto. “Trabajo en el medio educativo y he visto cómo en clases de biología y ética no ahondan en los cuidados, en la higiene y la parte ética de hacerse responsables de las consecuencias y los derechos”, dice Alberto. Ernesto apunta que hace falta hablar sobre las relaciones interpersonales para que la sexualidad no sea expresada a través de hostigamiento y acoso.

De acuerdo con la International Planned Parenthood Federation, la Educación Sexual Integral es una herramienta educativa para desarrollar conocimientos, actitudes y habilidades en ámbitos como el género, la salud sexual y reproductiva, la ciudadanía sexual, el placer, la violencia, diversidad y las relaciones, pues esto se relaciona con menos prácticas de riesgo.

Cómo cuidan su salud sexual

Ahora Miguel es activo sexualmente, tiene 38 años y desde que inició su vida sexual a los 26 se hace exámenes periódicos y usa preservativo. “No estaba preparado ni a los 18 ni a los 26 años, pero no cometí errores que pude haber cometido como adquirir una enfermedad sexual o embarazar”, dice. Se hace exámenes anualmente pero nunca ha ido al urólogo a un examen de rutina, de cáncer de próstata no sabe mucho. Rodrigo, de 46 años mencionó la misma respuesta, pero añadió que ya estaba pensando en ir a una revisión para realizarse una vasectomía.

Néstor y Gabriel están casados con mujeres y dicen que eso los hace más conscientes del cuidado de su sexualidad, se hicieron exámenes cuando tuvieron bebés y cuando se casaron. “Ya estoy del otro lado. Soy papá y me preocupa mucho cómo estamos cuidando a esta nueva generación, la información les va a cambiar la vida. Me gustaría crecer y educar a niñas que puedan decir 'no' cuando un wey no quiera usar condón”, dice Gabriel.

Los exámenes que se hacen la mayoría de los hombres es el VIH, sífilis, gonorrea y hepatitis. Sólo un entrevistado, Bruno, aseguró haberse hecho una del Virus de Papiloma Humano, un virus del cual la mayoría de los hombres son transmisores pero pocas veces hay síntomas o complicaciones en su cuerpo. Al mismo tiempo, es uno de los primeros cánceres mortales en las mujeres.

Al preguntarle por qué se realiza esas pruebas, contestó que por recomendaciones de salud, pues tiene una relación monógama en donde tiene la responsabilidad de cuidar la salud de su pareja tanto como la suya. “Eso no debe ser ignorado, las mujeres deberían poder demandarte si las contagias”, dice Bruno.

El último informe del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el Sida, correspondiente al primer trimestre del 2019, afirma que existen 205 mil 351 casos de VIH registrados entre 1983 y 2019 en México. En lo que va del 2019 se han diagnosticado 2 mil 920 de VIH y mil 162 de Sida. Los hombres representan el 83.6 por ciento de los casos de Sida y el 84.7 por ciento de los casos de VIH.

“Mi salud es su salud”, coincide Néstor al hablar de su esposa. Una vez una ex pareja le llamó para decirle que debía ir al médico pues era posible que le hubiera transmitido una enfermedad. “Eso me hizo tener conciencia de que no se vale”, asegura.

“Hace tiempo me la hice [las pruebas de enfermedades de transmisión sexual] y urge que vaya, este año quiero hacerme la vasectomía”, compartió Rodrigo de 46 años.

Sin embargo, casi ningún entrevistado conocía los factores de riesgo ni había pensado en acudir a exámenes para la detección del cáncer de próstata, el cáncer más común en hombres.

El oncólogo Douglas Canul, uno de los directores del Repavih explica que es el único cáncer en todo el mundo detectable y curable en etapas tempranas, sin embargo, los hombres no suelen ir a consultar hasta que tienen el primer síntoma, en estos casos es demasiado tarde

Los hombres deben hacerse las pruebas anuales correspondientes en cualquier centro de salud, asegura que es una prueba de rutina, a partir de los 50 años. Esto, coincidió el especialista de Miami, es más necesario en familias donde el cáncer de seno y de próstata están presentes.

“En la familia hubo alguien que presentó una bolita, le dijeron que es de grasa pero de ahí ya empiezas a tomar medidas”, dice Gabriel al preguntarle si se toca para detectar un crecimiento anómalo en los testículos. El cáncer de testículos es muy común en hombres de 15 a 35 años de edad. De acuerdo con un boletín de la Secretaría de Salud, en México se diagnostican cuatro mil 500 casos de cáncer testicular en este rango de edad. Sin embargo, hay una segunda etapa de riesgo alrededor de los 50 años, sin embargo, en cualquiera de los dos casos “el cáncer testicular se puede tratar con quimioterapia, por ello es catalogado como un padecimiento quimiosensible, el cual permite que 80 por ciento de estos pacientes sobreviva a la enfermedad.

Los hombres piensan que son superhéroes

“¿De dónde sacan la información? De sus casas, de los dogmas, de la desinformación. No hay educación integral de la sexualidad. Sólo sesgada y patriarcal, donde prevalece la violencia, y los hombres piensan que son súper héroes, han dominado a lo largo de la historia”, dice el oncólogo Douglas Canul Rodríguez.

En la experiencia del médico, las mujeres son más sensibles a cuidarse, pero los hombres suelen no protegerse. “La cultura machista hace que tomen conductas de riesgo, que no demuestren su afecto con ternura y caricias, palabras amables. Se necesitaría que desde las casas, escuelas haya educación integral, programas de estudio donde la gente se dé cuenta que los genitales son sólo una parte de la sexualidad. No lo es todo, también está el placer, la comunicación”, asegura.

Al preguntarle si existe alguna campaña dirigida a los hombres para prevenir el VPH o el cáncer de próstata, dice que nunca la ha visto. Se calcula que sólo el 2 por ciento de los hombres acude a una revisión para detectar el cáncer de próstata. En febrero del 2017, la Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado lanzó la campaña “hasta los superhéroes se enferman” a nivel nacional, para invitar a los hombres a realizarse exámenes y acudir a revisiones debido a que pocas veces acuden a citas preventivas.

“Sufren, se estresan, también les dan ganas de llorar, sienten cariño pero no saben cómo demostrarlo. Se niegan la oportunidad de vivir la humanidad, pedir ayuda a otro o demostrar debilidad” concluye el medico.