La lectura, más allá de la primaria

La problemática ha permeado a la mayoría de los países del planeta

Óscar Muñoz
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Miércoles 9 de octubre, 2019

Al parecer, además de los problemas que enfrenta la educación básica ante la lectura, por si fuera poco, leer implica serias dificultades en la educación media básica y superior, así como en las universidades. Tales conflictos son de otro tipo, distintos a los que ha padecido la escuela primaria desde hace varias décadas. Varios profesores de secundaria y bachillerato, sin importar de qué disciplina sean, han expresado sus preocupaciones sin que nadie les escuche. La queja principal de estos docentes está centrada en la dificultad que tienen los estudiantes para mantener su atención en lo que leen.

Cabe destacar que el problema de los estudiantes con la lectura no es exclusivo de México ni Yucatán, ha permeado a la mayoría de los países del planeta. Por ejemplo, en Inglaterra, el profesor de literatura, Mark Edmundson, ha señalado la resistencia que tienen sus estudiantes para leer obras icónicas de los siglos XIX y XX. Este académico ha hablado incluso de una especie de impaciencia cognitiva que impide la conexión del alumno con la obra. Esta misma situación se observa en las escuelas de educación media básica y superior de México: los jóvenes son reticentes a las obras literarias de los escritores nacionales, ya sean contemporáneos o no.

La lectura que no es lectura

En la Universidad de San José, California, algunos investigadores y académicos han realizado ciertos estudios acerca del fenómeno llamado skimming, que significaría "hojear". Este tipo de "lectura", que en realidad no lo es, es una práctica muy extendida entre los estudiantes. Y esto mismo ha sido constatado en las escuelas secundarias y de bachillerato del país: los alumnos sólo "hojean" los textos que tienen que leer para buscar aquellos términos que ellos consideran fundamentales para sus tareas escolares. Es claro que "hojear" no es ninguna forma de leer en sentido estricto de lo que implica este proceso.

Por lo general, la lectura sucede como un circuito que necesita de un ambiente propicio para su desarrollo y llegue a buen puerto: en la generación del conocimiento. Si este circuito llega a verse cortado en algunas de sus fases, eliminar el ambiente que requiere o alguno de sus componentes, brincarse algunos de sus pasos, en fin, alterar el proceso natural de la lectura, el resultado será incompleto o incluso erróneo.

La premura de los estudiantes y la inmediatez a la que ellos están habituados les impedirá necesariamente a que alcancen logros efectivos de la lectura. Por el contrario, leer permite obtener resultados satisfactorios de modo paulatino y gradual. Además, una lectura íntegra implica un proceso en el que sus etapas intermedias agregan componentes que requieren de mayor atención, tiempo y dedicación.

Si bien la Internet y las redes sociales como formas de comunicación han generado una transformación a la forma de vida de la humanidad, éstas han afectado la capacidad de atención de las personas. La conexión 24/7, es decir, estar conectados a la Internet las 24 horas por los siete días de la semana, ha sido hasta ahora cada vez más incesante para la gente y una especie de tiranía para la atención de las personas.

Esta circunstancia, frente al interés humano de acceder al conocimiento, obliga a replantear las alternativas para fomentar la lectura en las nuevas generaciones. Ya no será suficiente con acudir a una comisaría e intentar sembrar el gusto por leer entre los alumnos de la escuela primaria; habrá que impulsar estrategias de lectura que propicien la atención de los adolescentes y disminuyan la ansiedad millennial. Tampoco servirá de mucho hacer rodar un Librobús sin nuevas técnicas de lectura ni acciones que permitan recuperar el proceso lector con todo y sus fases y componentes. Por lo visto, las autoridades de educación, de cultura, de todas las instituciones involucradas con la lectura como prioridad nacional tienen aún mucho por aprender.

Mérida, Yucatán
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