La cruda realidad climática

Renacimiento Mexicano

La Jornada Maya
Foto: Twitter @greenpeace_esp

Lunes 14 de octubre, 2019

Era de esperarse que el tiempo nos iba a alcanzar y que de no hacer las cosas bajo un ideal supremo, estaríamos viviendo este punto crucial, el cual nos obliga a rediseñar y replantear el modelo de desarrollo para deconstruir los obsoletos paradigmas de raíz antropocéntrica, los cuales no sólo nos separaron y desconectaron de nuestro origen, sino que también han y hemos dañado, roto y desmembrado el sutil equilibrio ecológico. Es momento de asumir la corresponsabilidad y sumarnos al mismo fin común para revertir el apocalipsis ambiental y velar por el porvenir de la vida, no sólo humana, sino también de todas las especies animales, marinas, vegetales y de los ecosistemas que tienen el mismo derecho a vivir y coexistir.

Las primeras voces en pro de la protección ambiental empezaron a escucharse desde el siglo XIX, no obstante, pueblos indígenas, desde que fueron invadidos, estaban más que conscientes de lo injertando en sus territorios conquistados, pues no sólo eran contracorriente a sus cosmovisiones, sino que los daños colaterales iban a ser severos.

La carta del jefe Seattle de la tribu de los Suwamish, enviada a Franklin Pierce, presidente de Estados Unidos de América en 1854, sentó un claro precedente sobre su visión ambientalista ante el modelo de desarrollo avasallador: “cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo; cada aguja brillante de pino, cada grano de arena de las riberas de los ríos, cada gota de rocío entre las sombras de los bosques, cada claro en la arboleda y el zumbido de cada insecto son sagrados en la memoria y tradiciones de mi pueblo.

La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo los recuerdos del hombre piel roja (…). Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres, para él, una porción de tierra es lo mismo que otra, porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemigo, y cuando él la ha conquistado, sigue adelante… Su apetito devorará la tierra y dejará detrás un desierto…”.

Llamados de alerta

Hace unos días se llevó a cabo la Cumbre Sobre Acción Climática en Nueva York, convocada por el secretario general de la ONU, António Guterres. En la Cumbre fueron escuchadas voces muy revolucionarias, críticas, proactivas y desafiantes como la del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien dejó claro que el formato de asamblea era prácticamente obsoleto, y que debe entonces renovarse para estar al alcance de todos, a través de la tecnología digital.

También se oyeron voces muy jóvenes como la de Greta Thunberg, quien expresó que “los jóvenes han comenzado a entender su traición”.

¿A qué se refiere esa traición? A que desde hace 30 años se veía venir este punto de inflexión y sólo el modelo de crecimiento económico se mantenía inmutable, alejado de la conciencia que requería la situación ambiental…

También hubo mensajes que llegaron en respuesta a la invitación de la Cumbre, como la del Papa Francisco, quien hizo hincapié en construir una economía al servicio de la persona humana, construir la paz y proteger el ambiente. La situación actual de degradación ambiental está conectada con la degradación humana, ética y social, tal y como experimentamos cada día, lo que nos obliga a pensar sobre el sentido de consumo, producción, procesos de educación y concientización para que sean coherentes con la dignidad humana.

Acuerdos

Los acuerdos a los que llegaron casi 70 países que asistieron a la Cumbre son loables, con los que buscan tener un impacto a escala global: impulsar sus planes de acción nacional para 2020; transitar de una economía gris a una economía verde; lograr una economía oceánica sostenible, así como prácticas de agricultura inteligente, transición a energías renovables; impulsar una economía circular, entre otros.

En los próximos 10 años, 77 países se comprometieron a reducir 45 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero, y para el 2050 pueda alcanzarse un 0 por ciento de estas emisiones.

Doce países asumen compromisos financieros con el Fondo Verde para el clima; 130 bancos fueron inscritos para alinear sus negocios a los Acuerdos de París. Hacemos votos a que la voluntad política mundial labre este camino con amor y consciencia para poderse implementar desde lo local.

Lo importante no es el mensajero, sino el mensaje, el cual hace llegar su voz a los distintos representantes políticos, sectores empresariales y personajes de sociedad civil. Más allá de buscar a los culpables, parafraseando a Fernando Delgadillo -cuando al imbécil le mostraron la luna, sólo pudo ver el dedo de quién se la señaló-, es tiempo de asumirnos corresponsables y como agentes transformadores.

Lo que antes se tenía que hacer por sentido común, por lógica, por amor a la naturaleza y por ética ambiental, ahora son tomadas las medidas por urgencia, necesidad y por la eminente amenaza de una masiva extinción humana y ambiental (la cual ya fue puesta en marcha desde la Revolución Industrial).

Esta crisis global nos obliga a actuar colectivamente. No podemos hacernos de oídos sordos, corazones duros, miradas frías y mentes inconscientes. Para revertir el cambio climático necesitamos cambiar de raíz, recuperar las virtudes y valores en la sique colectiva, así como sanar todos los corazones rotos y adoloridos por las grandes injusticias y desigualdades. Necesitamos generar un pensamiento, sentimiento y acción sostenible, desde el corazón, más allá de toda razón.

Mérida, Yucatán
Martha Adriana Morales Ortiz, Colibrí, @Witzilin_vuela; César Daniel González Madruga, El Siervo, @CesarG_Madruga