Escoria y neonazis

Leer los tiempos

José Ramón Enríquez
Foto: Afp
La Jornada Maya

Miércoles 15 de enero, 2020

Países como el nuestro expulsan a sus hijos hacia los países donde los neonazis habrán de perseguirlos como a escoria. Tal es el orden doloroso, vergonzoso, profundamente cruel de un milenio que soñábamos distinto.

Países que entraron en la crisis producida por un capitalismo financiero sin freno ni regulación, aguzada por la tecnología, y los continentes que habíamos sido tierras y pueblos para explotar nos convertimos en “focos de infección”, en culpables de la estupidez que ellos son todavía incapaces de asumir como propia.

Pero nuestra tragedia tiene su correlato en los más desfavorecidos entre los productores de neonazis. Hay marginados en los márgenes y marginados entre los marginados, hasta extremos infinitesimales. Cierto marxismo cuadrado nos ha acostumbrado a encerrar a todos en la categoría del lumpen. Precisamente por eso me llamó la atención una autora para mí desconocida, Rosario Izquierdo, con su novela El hijo zurdo (Editorial Comba, 2019).

Me la descubrió una nota de J. Ernesto Ayala Dip en el diario español El País: “Por momentos, El hijo zurdo me recuerda la sensibilidad humana y social que pone el cineasta inglés Ken Loach en todas sus películas. Lola tiene que salir a flote. Y Rosario Izquierdo nos cuenta cómo a veces no basta con la lucidez. Necesitamos que nos escuchen”.

Precisamente la profunda simpatía con la que ve Ken Loach a las clases y grupos sociales más lastimados es una de las razones por las que su cine me conmueve tanto. Para muchos es ya una pieza de museo pero muchos otros pensamos que continúa existiendo la necesidad de un compromiso capaz de transformar la realidad, por más compleja que ésta sea. Y El hijo zurdo corresponde precisamente a este tipo de arte que va más allá de los esquemas.

Con el interés añadido de que es una mujer la que analiza la condición femenina y no un autor hombre que se abroga el derecho a ser quien toma la voz de quienes muy difícilmente es capaz de entender del todo. Hay grandes narradores que lo han conseguido pero una de los mayores avances de nuestro siglo es que los distintos marginados se han ganado el derecho a elevar sus propias voces.

No es en realidad la historia de un hijo zurdo sino la de una niña zurda que se ha vuelto mujer y se ha convertido en madre sin poder desatarse la mano izquierda con que la pedagogía de las derechas pretende reformarla en una España que aún no ha podido desembarazarse del nacionalcatolicismo.

Parecería que toda la rabia acumulada en esa niña que nunca logró romper las amarras se depositó en un hijo que, por ser también zurdo, ella soñara como su aliado pero se vuelve su enemigo. Enemigo, en realidad de todo y de todos, sobre todo de sí mismo. Se vuelve un skin head, uno de esos neonazis que culpan a la “escoria” que llegó de otros países por las ingentes injusticias del suyo. Y para barrerla se alían con esa “basura blanca” que debería rebelarse precisamente a su lado. La paradoja resulta terrible: el uso de marginados para hacer la vida imposible a otros marginados.

Rosario Izquierdo, socióloga de profesión, activista y trabajadora social se encontró con la necesidad de dar el paso a la novela para llegar más hondo a la realidad de sus personajes. Así que conoce bien los campos por donde se mueve en su narrativa y, tal vez por eso, logra meter al lector en los callejones sin salida psicológicos y sociales más intrincados. Todo desde una mirada de mujer mucho más sutil que la del narrador masculino. Es decir, sin juicios de valor y mucha mayor profundidad al llegar a la entraña misma del fracaso de un progreso que se ha vuelto ya suicida.

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