Carolina Gómez Mena
Foto: Afp
La Jornada Maya

Ciudad de México
Jueves 16 de enero, 2020

Las tortugas han existido durante 100 millones de años. Sobrevivieron a la gran extinción que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años, pero no están logrando superar su coexistencia con el ser humano, sobre todo las especies marinas.

El informe [i]Turtles under threat[/i] (Tortugas bajo amenaza), que publicó ayer Greenpeace Internacional, señala que seis de las siete variantes marinas están incluidas en la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza y dos de ellas (carey y golfina) son clasificadas en peligro crítico de extinción.

Las principales amenazas para estos reptiles son el cambio climático, la contaminación por plástico en el mar, la pesca incidental (quedan atrapadas en las redes), la caza y recolección de huevos.

Los plásticos se enredan en sus cuerpos, lo que les impide respirar y comer. Asimismo, una tortuga que ha consumido unas 14 piezas de plástico tiene 50 por ciento de posibilidades de morir.

Algunas especies, como la laúd, cazan sólo con la vista, y las bolsas de plástico que se desplazan sobre las corrientes del océano se parecen a las medusas, su presa principal, por lo cual las ingieren.

Se estima que 52 por ciento de todas las tortugas marinas han ingerido plástico, pero algunas poblaciones tienen riesgo significativamente mayor, como las verdes en la costa de Brasil y el Atlántico, que tienen una tasa de consumo de 90 por ciento.

A causa de la pesca industrial, los ejemplares quedan atrapados por las redes de enmalle, palangres y redes de arrastre.

Se estima que un mínimo de 8.5 millones de tortugas fueron capturadas de manera incidental por barcos pesqueros entre 1990 y 2008. Cuando estos quelonios entran en contacto con los artes de pesca, corren alto riesgo de morir debido a que enredan sus aletas y cuello, sujetándolos bajo el agua y haciendo que se ahoguen.

Asimismo, muchas tortugas que se acercan a comer el anzuelo y quedan atrapadas en la línea sufren una muerte lenta debido a las lesiones.

En cuanto al cambio climático, el estudio indica que el calentamiento de los mares es devastador para las especies. “El océano se ha calentado continuamente desde 1970, absorbiendo 90 por ciento del exceso de calor en el sistema climático, y la tasa de calentamiento se ha duplicado desde 1993.

Los arrecifes de coral, que son una fuente importante de alimento para las tortugas carey, están experimentando eventos de blanqueamiento con frecuencia cada vez mayor a medida que aumentan las temperaturas, dejando grandes áreas desprovistas de vida.


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