La lectura y la escritura, estímulos del pensamiento

Cada lenguaje tiene sus propias condiciones y reglas

Óscar Muñoz
Foto: Juan Manuel Valdivia
La Jornada Maya

Miércoles 12 de febrero, 2020

Al parecer, la gran mayoría de la población nacional sabe escribir, ya sea para comunicarse con los otros o registrar sus datos en una solicitud de trabajo o sólo anotar su nombre en algún documento. Sin embargo, la misma mayoría no lee lo que tiene que leer.

Habrá que destacar, en este sentido, que la lectura es primaria a la escritura. Nadie aprende a escribir si antes no aprendió a leer. Lo primero siempre será el aprendizaje de la lectura y enseguida la práctica de leer. Se requiere, entonces, saber leer antes que saber escribir. Y si alguien lee bajo las condiciones que exige una lectura integral, es decir, no sólo reconocer los signos escritos sino comprender los contenidos del texto, tendrá la mejor oportunidad de escribir bien, con claridad y precisión.

Nadie podría escribir adecuadamente, con el mejor sentido posible, sin que intervenga el lenguaje adquirido durante la lectura. Por ello, esta última es considerada una actividad superior a la escritura, la cual termina reflejándola.

Como algunos promotores de la actividad han señalado, la lectura es la materia prima de la escritura, lo que permite crear un texto entendible y hasta conmovedor. En el ámbito de la literatura, la escritura depende en mucho de las lecturas que haya asimilado el escritor, lo que le posibilita crear obras estéticas y profundas.

La escritura siempre estará basada en las lecturas que haya hecho cada persona, y no precisamente en el lenguaje oral que cada quien domina. Aquí se trata de dos lenguajes totalmente distintos: el oral y el escrito. Escuchar y hablar no es igual a leer y escribir. Cada lenguaje tiene sus propias condiciones y reglas. En el lenguaje oral, cuentan mucho las inflexiones de voz para darle significación especial a lo dicho. El que escucha sabe muy bien cuándo le preguntan o cuándo le contestan. En cambio, en el lenguaje escrito, cuentan los signos de interrogación para cuestionar o la ausencia de estos para responder.

Sirva lo anterior para referir que leer y escribir son, como escuchar y hablar, formas del pensamiento. Nadie hablaría de algo que no sepa o no piense. En el fondo de todo, todo el lenguaje es pensamiento; es su materialización; si consideramos que éste, antes de ser exteriorizado, es abstracción, de ahí la relevancia de la relación existente entre lenguaje y pensamiento, y de ahí mismo la importancia de señalar a la lectura y la escritura como las mejores formas de desarrollar el pensamiento y de estimularlo hacia el entendimiento y la crítica; oportunidad que debe y tiene que generarse en los espacios educativos, ya sean escuelas, bibliotecas, talleres de lectura o escritura, los hogares mismos, medios de comunicación, las redes sociales; en fin, todos los espacios donde haya que leer y escribir.

Sin embargo, habrá que destacar la lectura de la escritura como la forma básica de estimular el pensamiento, ya que al escribir son utilizadas las palabras, las frases, las formas sintácticas y hasta los estilos encontrados en los textos leídos. Al final, todo el que escribe será portador de la formas de pensamiento y expresión de los autores de tales textos. Aunque habrá que destacar que los mejores textos serán siempre los de los libros más que los escritos fugaces que están en la Internet.

En conclusión, la lectura es más importante que la escritura, ya sea porque estimula con certeza y hasta con placer el pensamiento o porque nutre la capacidad de escritura de las personas. Por ello, es importante señalar que los sistemas nacionales y estatales de educación y cultura deben enfrentar la obligación pública de favorecer la estimulación del pensamiento de los futuros ciudadanos a través de la lectura y la escritura. No hay mejor estrategia para formar personas libres, pensantes, críticas y creativas.

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