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Alicia Ayora
Foto: Cuartoscuro
La Jornada Maya

Martes 25 de febrero, 2020

En la vida hay cosas que no tienen justificación, van más allá de la moral o de verdades universales, se trata de cuestiones éticas. Aquellas situaciones únicas ante las cuales la moral hace crisis, no hay regla u orden posible, la decisión es personal y no podemos apelar a nada, a ningún principio, derecho o deber. Una violación sexual es un claro ejemplo.

¿A qué se puede apelar para no apoyar el paro del 9M #undíasinnosotras?

La ética es relacional. Cualquier persona está en la plena libertad de elegir no participar, sin embargo, la forma de ejercer un derecho no siempre resulta ética, como promover públicamente la postura de no participación en el paro. Esto deja mucho que pensar, no sólo respecto al valor ético de las acciones, sino incluso, al grado de consciencia sobre lo grave, delicado y urgente del problema sobre la violencia de género y el feminicidio. La profundidad en la percepción de cualquier aspecto de la vida está ligada a la experiencia, así las explicaciones en las que se fundamenta lo conocido.

Desafortunadamente no basta la información que se tenga, hacer consciencia requiere a veces de combinaciones como la vivencia misma, la idea de responsabilidad, la información e indiscutiblemente, la consciencia del otro.

Como mujeres, se puede estar plenamente consciente, sin embargo, ello no significa que se haya liberado por completo del yugo o la opresión del patriarcado, del machismo. El proceso de reivindicación es pausado. Perder el miedo cuesta.

Me pregunto qué cosas pueden estar detrás de una mujer para estar convencida que dar marcha atrás en su apoyo al paro, es lo correcto. Quiero creer que se puede tratar de una persona plenamente consciente de lo grave del asunto; sin embargo, eso pondría en tela de juicio su ética. Aun no habiendo dicho o hecho nada, la posición de mujer y figura pública implican un alto grado de responsabilidad, lo cual no permite quedarse de brazos cruzados frente a esta problemática social y menos siendo tan grave.

Posiblemente se esté arrepentida. Decidir cambiar de idea conscientemente de lo que ello significa, pisando los principios, derechos y deberes éticos propios, y dar prioridad a las conveniencias políticas de un partido o gobierno, pinta la enorme posibilidad de que, como mujer, se siga sometida en algún grado al machismo sistemático que nos rodea. No se tiene que ser violentada verbal, física o sicológicamente, no es necesario, una sigue bajo el yugo patriarcal, ese que aún nos mantiene oprimidas en innumerables ámbitos, en mayor o menor grado, a las mujeres.

Es desafortunado que la ética no sea el móvil de nuestras acciones, es más, la mayoría no sabe de qué va. Es costumbre, un demoledor hábito, evaluar en términos de bueno o malo, cuando las cosas no son tan simples. Quizá sea momento de empezar a evaluar el impacto y las implicaciones sociales de nuestras acciones, si lo que decidimos hacer o decir abona a la causa, o nos hace dar un paso atrás. Está claro que seguir calladas no sirve de nada.

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