Se acaba el lunes de mojadera por restricciones de tirar agua en vía pública. Según el cronista de Campeche, Aarón Pérez Durán, la actividad nació como un concepto de purificación, tal como el bautismo, para pasar a la última de las fiestas paganas del Carnaval o fiesta de la carne, sobre todo cuando las fiestas carnestolendas terminan con la cruz de ceniza; mencionó que hay registros de que la pintadera y la mojadera se daban desde 1944.
En los poblados como Lerma y Samulá, así como las colonias populares, las calles estaban vacías por las celebraciones carnestolendas del fin de semana, viernes de Corso, Sábado de Bando y Domingo de Ronda Naval, por lo que muchos ya prefieren descansar, según señaló doña Eleonora, ciudadana que vive en el fraccionamiento las Flores de la ciudad, y quien dijo ser testigo por muchos años de como la gente jugaba con agua.
En recorrido de La Jornada Maya, en el fraccionamiento Las Flores, un grupo de pequeños acompañados de algunas mamás, entre ellas Eleonora, disfrutaban el lunes de mojadera con globos llenos de agua y cubetas, esto bajo la restricción de tener cuidado que una patrulla de la Policía Estatal los fuera a reprender pues tirar agua en la vía pública hoy está penado según la Ley de Justicia Cívica del Estado de Campeche.
Durán Pérez reconoció que poco a poco disminuyó esta representación de la purificación en Campeche, un lugar que por tradición fue muy católico, y por ello se hicieron tradiciones celebrar días paganos con temas de catolicismo, es decir, celebrar las fiestas de la carne o carnales, y posteriormente limpiarse espiritualmente con el miércoles de ceniza. En este sentido, recordó que por ello cada barrio tradicional, de las primeras zonas habitables, tiene iglesia e historia católica.
Sin embargo, conforme han pasado los años, y los campechanos de ese entonces comenzaron a emigrar, y presentarse otros factores como las leyes, el lunes de mojadera fue tomado menos en cuenta, esperando sólo el martes de Pintadera, celebración que también ha disminuido presencia en los barrios y colonias populares, debido a la centralización de la festividad en el malecón de la ciudad.
El año de que se dejó de hacer la mojadera a gran escala como lo marcaba la tradición, fue el 2003, cuando comenzaron a regularse las disposiciones internacionales sobre el cuidado del agua y el medio ambiente, y donde se especulaba que el consumo del vital era mayor en referencia a lo captado en los cuerpos hídricos naturales durante las precipitaciones en las temporadas de ciclones y huracanes de junio a diciembre cada año.
Edición: Estefanía Cardeña
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