Incierto, el futuro de la zona afectada por volcán en la isla La Palma

Cada nueva erupción discurre por encima de las anteriores cerca de la comunidad Llanos de Aridane
Foto: Afp

Desde hace más de dos semanas, la isla española de La Palma, en Canarias, vive con los ojos puestos en un volcán que sigue arrojando lava, arrasando construcciones y cultivos pero ¿qué pasará con la tierra una vez que se detengan las erupciones?

Desde el 19 de septiembre, cada nueva erupción discurre por encima de las anteriores por una zona poblada conocida como Los Llanos de Aridane.

Las coladas de lava se superponen unas a otras, "alcanzando en algunos puntos una altura de tres pisos", según el vulcanólogo Juan Carlos Carracedo, del Consejo Superior de Investigaciones Superiores (CSIC) español, que estuvo en la isla hace unos días recogiendo muestras.

La colada de lava que desciende de la montaña de Cumbre Vieja cubre 434 hectáreas de terreno en el sureste de La Palma, según datos del Servicio de Emergencia Copernicus del 2 de octubre, a partir de imágenes por satélite. A su paso destruyó 946 construcciones e inutilizó 33,2 kilómetros de carreteras en la isla.

Y aunque no ha habido heridos ni fallecidos, la erupción obligó a evacuar a alrededor de 6 mil de los 85 mil habitantes de la isla.

Las masas de roca fundida tardarán varias semanas, o incluso meses, en enfriarse y, cuando lo hagan, formarán lo que se llama un "malpaís": "una roca durísima que necesita miles y miles de años para ir ablandándose y transformarse en un terreno cultivable", según Carracedo.

 

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Como todo el archipiélago de Canarias, la isla de La Palma es de origen volcánico y desde el primer registro en 1470 se han producido nueve erupciones, incluida la de este año.

De hecho, esta nueva colada discurre paralela al "malpaís" que formó la erupción del volcán San Juan en 1949, por encima del cual se han levantado edificaciones y carreteras.

"A menudo en Canarias hay que construir las carreteras encima de las coladas, usan barrenos y excavadoras para romper la roca", explica Carracedo.

Queda la incognita de si se podrán construir nuevas casas encima de este terreno: "Es perfectamente posible pero depende de la política territorial", añade este científico ya retirado.

Y como se puede ver en la colada de 1949, el "malpaís" ya ha sido colonizado por árboles de pino canario. "El viento arrastrará semillas a esa zona y poco a poco veremos cómo surge la vegetación", cuenta el vulcanólogo francés Jacques-Marie Bardintzeff.

"Lo primero que salen en estas coladas son líquenes, una mezcla de alga y hongo que puede vivir de la humedad atmosférica", sostiene su colega Carracedo.

Según Involcan (Instituto Volcanológico de Canarias) 3 mil 172,9 hectáreas estaban cubiertos de cenizas, por lo que otro punto importante es saber qué ocurrirá con esos terrenos, si pueden hacerse más fértiles por el aporte de materia volcánica como el sodio, el potasio o el calcio que pueden ser abonos naturales.

Con la lluvia, esa ceniza se mezclará con la tierra, alimentándola en nutrientes. Pero "si esos elementos están muy concentrados, pueden ser un veneno", explica Bardintzeff.

Edición: Emilio Gómez