Todos los tripulantes del Beech Bonanza eran jóvenes, ninguno pasaba de los 30 años y todos fallecieron en el accidente ocurrido el 3 de febrero de 1959, bautizado años después como el Día que la música murió.
Y es que en ese avión viajaban las figuras del rock and roll Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, quienes realizaban una gira en Estados Unidos.
Los jóvenes músicos decidieron rentar el aeroplano porque ya estaban cansados de viajar en autobús, pues llevaban 11 días recorriendo el centro del país y dando espectáculos.
Budy Holly tenía 22 años el día del accidente, mientras que Ritchie Valens apenas contaba con 17 años y The Big Bopper, el mayor de ellos, ya había cumplido los 29 años.
El destino era Moorhead, Minnesota, pero apenas unos minutos después de despegar el piloto Roger Peterson, de 21 años, perdió el control a causa de una tormenta de nieve y se estrelló contra un campo de maíz.
Los cuerpos de los músicos no pudieron ser rescatados sino hasta la mañana siguiente porque las condiciones meteorológicas impidieron la búsqueda.
Los músicos de Buddy Holly no viajaron aquella noche porque uno de ellos cedió su lugar a The Big Bopper, quien no se sentía bien, y el otro perdió un volado contra Valens.
Don McLean fue el encargado de promover que el 3 de febrero sea conocido como el Día que la música murió a raíz de su canción American Pie, que rememoraba el accidente.
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