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Efe
13/07/2026 | Miami, Florida
El sueño de Noruega en el Mundial se desvaneció el sábado en cuartos de final tras caer ante Inglaterra (1-2), pero el verdadero triunfo de la selección nórdica no se mide por los goles, sino por cómo se apoderó de los corazones de todos los aficionados con su carisma, su colorida hinchada y la inesperada cercanía de su estrella, Erling Haaland.
“La forma en que ha estado Noruega, cómo hemos puesto a Noruega en el mapa, es quizás lo que más me conmueve”, fueron las primeras palabras públicas del delantero del Manchester City luego de la eliminación en una agónica prórroga en Miami.
No es para menos. En su cuarta participación mundialista, tras no pisar la cita desde Francia 1998, Noruega alcanzó por primera vez los cuartos de final, eliminando en octavos a Brasil, y fue uno de los equipos que más tantos festejó.
Para el aficionado neutral, el rendimiento futbolístico de la selección nórdica seguramente quedará en el olvido dentro de escasos meses, pero lo que nunca olvidará será todo lo que rodeó la travesía de los escandinavos en la copa.
El “remo” que unió a las naciones
La iconografía vikinga acompañó a los noruegos desde el inicio del torneo, con sus seguidores vistiendo los ya tradicionales cascos con cuernos -una licencia histórica que los expertos perdonarán- y realizando el popular festejo del “remo vikingo”.
Esta celebración fue precisamente la que cautivó a la mayoría de aficionados. Consistente en largas bancadas humanas que escenificaban sentados el avance de un “drakkar” vikingo, los hinchas noruegos simulaban al unísono estar remando al grito de “Ro” (remar, en noruego), y al compás que marcaba un tambor.
Inventada por el club oficial de aficionados de ese país hace apenas un año, se popularizó durante la máxima cita del futbol a medida que la selección ganaba partidos, hasta el punto de que los jugadores terminaron adoptándola sobre el césped para celebrar cada triunfo al unísono con su afición.
Su repercusión provocó quedadas masivas previas a los encuentros en lugares icónicos de la geografía estadunidense, como la neoyorquina Times Square o Miami Beach, donde miles de seguidores noruegos y extranjeros se unían para remar al mismo tiempo.
El “cyborg” Haaland abrió su corazón
Lejos de la fría imagen que proyecta sobre el terreno de juego, donde es un goleador nato, Haaland también se destacó en este Mundial por la cercanía y honestidad que mostró fuera del césped.
El “cyborg” conquistó a periodistas y aficionados con su espontaneidad en sus apariciones públicas, y con sus gestos con los más pequeños. Fue el segundo futbolista que más seguidores de Instagram ganó durante el torneo, con más de 23 millones, sólo por detrás de “Vozinha”, el guardameta de Cabo Verde.
Una de las imágenes imborrables que Haaland dejó en la copa fue cuando se acercó por la espalda a uno de los niños que acompañan a los jugadores cuando saltan al césped y lo saludó por sorpresa, desencadenando una reacción para el recuerdo.
Tampoco dudó nunca en resaltar el papel de “sorpresa” que cumplía Noruega, a pesar de quedarse a tres victorias de levantar el trofeo, y tras caer eliminado demostró una tremenda madurez al priorizar el orgullo de su país sobre su propia frustración individual.
Poco más pudo hacer Haaland para evitar la caída de Noruega. Con siete goles en cinco choques, fue el máximo realizador de los nórdicos, pero el del sábado fue el único desafío en el que se quedó a cero.
Sus dos dianas frente a Brasil en los octavos de final, a cada cual más difícil, ya son historia de la selección escandinava.
“Ojalá ahora podamos consolidar algo en cuanto a campeonatos europeos, mundiales y todo lo demás, porque nuestra generación es increíble”, sentenció Haaland tras el duelo, dando a entender que aún queda Noruega para rato.
La Eurocopa de 2028, cuya final se jugará en Inglaterra, la nación que vio a Haaland nacer, es el próximo destino del barco vikingo.
Edición: Ana Ordaz