FCE pone en circulación 'Los Revueltas: Biografía de una familia'

Cada uno de ellos es una pieza de la almadía conectada a la otra: Eva Bodenstedt
Foto: Eva Bodenstedt

El Fondo de Cultura Económica (FCE) pone en circulación Los Revueltas: Biografía de una familia, escrito por Rosaura Revueltas. Se trata de una nueva edición, conmemorativa del cuadragésimo aniversario de la publicación del original.

El libro será presentado este sábado a las 19:30 horas en el Museo Villa Durango, de la ciudad de Durango, como parte del Festival Los Revueltas, que se realiza cada año.

Participarán Eva Bodenstedt, José Ángel Leyva, Armando Bartra, Socorro Soto y Marcela Bodenstedt. Será transmitido en vivo a través de Facebook Live en la página de Facebook del Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICEO).

La Jornada entrevistó a la artífice de esta nueva edición y autora del prólogo, la escritora, documentalista y nieta de Rosaura Revueltas, Eva Bodenstedt:

–En “esta almadía donde navegan siempre los ayeres”, como escribió usted en el prólogo, ¿cuáles son las espirales de la vida de los Revueltas?

–Utilicé la palabra almadía para darle un sentido metafórico a lo que significa pertenecer a esta familia que se torna única por la capacidad con la que nacen los hijos de Romana Sánchez y José Revueltas para traducir en y con su arte específico, lo que sucede del otro lado de su existencia, llamémosle otredad, y obtener con su obra un alcance sustancial y transformador en la nación mexicana y en el mundo. No se puede comprender al México contemporáneo sin los Revueltas, me dijo alguien en una entrevista en el Festival Revueltas en 2007 y me cae el veinte de que con esta nueva edición de Los Revueltas, los mexicanos podemos acercarnos a un pedazo de nuestra historia desde una perspectiva única, en efecto.

“Cada uno de los Revueltas es una pieza de la almadía conectada a la otra por el mismo leit motiv de sus vidas: crear y compartir a partir de su obra, trabajo y acciones, un idealismo de justicia y equidad para todos los seres humanos; ello, utilizando como arma el arte, la cultura como la columna vertebral de una nación".

 

Tercera espiral

“Si de espirales hablamos, la tercera nace la noche del 31 de diciembre de 1899 en Santiago Papasquiaro, cuando del vientre de Romana emerge Silvestre Revueltas Sánchez: escuche al creador de la Noche de los mayas, vea la película Redes, lea esta biografía. A mí sus diarios me esclarecieron que, a partir de la escritura, los volcanes en erupción en los adentros de uno fluyen por el cauce de la tinta para darle sentido a la vida. Esa herramienta extraordinaria te ayuda a transitar, navegar, comprender y fluir con la otredad entera. Yo lo descubrí sobre la mesa del centro de la casa donde mi abuela tendió en documentos los recuerdos para en 1980 terminar de entretejer las espirales de sus padres y abuelos, de Silvestre, Fermín, Consuelo, Emilia…, la de ella misma y la de José Revueltas, con quien sostuvo una relación intrínseca que nos da una perspectiva diferente del hombre a quien le atribuyen el movimiento estudiantil del 68.

 

La primera

“Esta obra que redita el FCE magistralmente es un punto de partida para que nuevas generaciones hiendan en su subconsciente el significado y el compromiso de la ética, la honestidad, la capacidad de crear, la importancia de la educación alrededor de un punto clave: el arte. Ésta es una familia mexicana ejemplar, de pueblo, que de la nada levantaron con principios algo sólidos para que sus hijos tuvieran las mejores posibilidades de educación en los tiempos del levantamiento armado de 1914. Y a ellos les precede la primera espiral, Edelmira Arias, la abuela materna; ¡ella ya traía adentro la chispa de ser diferente a partir de ser ella misma, lo que implica el inicio de lo elemental! 

Este 2 de noviembre, después del Festival Revueltas en Durango, iremos a buscar –y así se iniciará el documental que hago sobre ellos a partir de Rosaura–, la tumba donde debe yacer su cuerpo, ese que la llevó de pequeña a disfrazarse con una sábana blanca de fantasma y asustar a todos en San Andrés de la Sierra, hoy un pueblo fantasma donde se saltó las vallas hacia la arena del circo que iba una vez al año a esa ranchería para recitarle su admiración al trapecista; más adulta, en la visión de su padre, insultó a la sociedad por jugar naipes con hombres en una cantina, lo que le costó su libertad: la casó con Fermín, un minero a quien no amaba y a quien mi abuela recordaba emergiendo con el rostro lleno de pólvora de los hoyos de las minas para una vez afuera intentar mantener a flote el ánimo cuando su destino no pasaba de ser prácticamente un esclavo de los dueños de las minas. 

En la constante espiral esa historia vuelve cuando el director de cine Herbert Biberman le pone a Rosaura el guion de La sal de la tierra, la historia real de la lucha de un pueblo minero en Nuevo México que al unirse todos para luchar por la dignidad, alcanzan el éxito. Aceptó, y una vez terminada la película contra viento y marea en 1954 –misma que Noam Chomsky bien nombra como la mejor pieza histórica en el cine–, Rosaura, protagonista y única actriz, sella su destino: pasa de ser la voz, a ser, desde el silencio, en nombre de Esperanza, la mujer que junto a otras, levantan por primera vez en la historia de Estados Unidos la mano para votar y unirse a la lucha de sus maridos mineros explotados, a ellas se suman sus hijos y así ganan. 

Esa ejemplar lucha la actúan las mismas familias, pero Esperanza Quintero tenía que ser protagonizada por una actriz, y ninguna actriz mexicana, excepto Rosaura, aceptó, aun sabiendo que dilapidaría con ello su carrera porque, para ella, era más importante hacer algo trascendental, más que pasar a ser una estrella del cine. Y tuvo razón, lo constaté en Santa Fe, Nuevo México, cuando a 50 de la filmación de La sal de la tierra, en 2003, me encontré por todos lados con su rostro, en posters, stickers, camisetas y, al ver la película, me di cuenta de por qué mi abuela, que fue tanto para mí como para mi mamá, Christa Cowrie, una madre, es un símbolo inmortal junto con La sal de la tierra para los explotados y, desde entonces, ahora y para siempre, un peligro para el poder de los estados.”

–¿De qué manera los lectores de hoy, los responsables de la cultura en México, la sociedad, pueden contribuir para hacer justicia a la memoria de Rosaura Revueltas?

–Hacer justicia a la memoria de Rosaura Revueltas significaría dar a conocer este libro y su trayectoria, su vida, y presentar La sal de la tierra; significaría lo mismo que significó hacerla: atentar contra las corporaciones, alentar a la sociedad a unirse en contra de la injusticia. Significaría que el Estado estuviera representado por gente leal a la equidad y justicia. Dudo que lo haga, ojalá y me equivoque y apoyen con recursos y medios para hacer el documental sobre ella, y el libro físico y o virtual que redita el FCE se dé a leer en las escuelas sí o sí, como dice mi hija, porque esta biografía sería para México un costal de mensajes para las nuevas generaciones. Alimentaría a nuestra raza.

 

La segunda

“Rosaura Revueltas fue injustificada, pero evidentemente, ‘sepultada en vida’ por mostrar, con su participación en esta película histórica, cómo la unión echa por los suelos al poderío empresarial. La pagó caro, pero por ello, a su vez, su vida tomó giros insospechados; encontró espacios fascinantes de expresión y saltó los obstáculos como una verdadera trapecista, ¡fue actriz en el teatro de Brecht!, hasta que el existir en México como una intangible burbuja transparente la hizo ser pionera en la práctica del yoga, a partir de ello elevó su conciencia y espíritu por encima de aquella estupidez de quienes permitieron acallarla en nombre del nacimiento del capitalismo que hoy llega a su cúspide. ¡Usted la entrevistó hace décadas! Quien la lea reconocerá de inmediato qué se debe hacer para que crezcan nuevas semillas sobre las huellas de muchas Esperanzas, como la de Rosaura Revueltas, quien está en muchas partes más viva y necesaria que nunca. El libro es, de alguna forma, igual a La sal de la tierra, un ejemplo de cómo se construye una bomba contra la represión, hasta la represión de soñar. ¡Soñar!, la segunda espiral: Romana, la madre de los Revueltas. Ella soñó desde pequeña que todo aquello que veía, escuchaba, olía, sentía, percibía, en su conjunto con la otredad de forma tan intensa, fuese traducido para que los demás pudiesen acercarse a lo que vivir le producía. La respuesta se la dieron las vidas mismas que ella y José procrearon. La relación entre ellos se lee al inicio del libro a partir de correspondencias, otra vez es la pluma el hilo que teje la fuerza a partir de la comunicación, y el contenido es sencillo, lleno de amor… Vivieron entregados a ser dignos de dignos seres revueltianos.

“Mientras a más les llegue el mensaje de los Revueltas, más pronto tendremos una patria mejor, con esto le respondo a su aquí implícita pregunta sobre si México sería diferente sin los Revueltas, sí, lo sería, y lo será cuando más almas los conozcan y se comprendan dentro de ellas y esta nación.”

 

Edición: Estefanía Cardeña