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La Jornada Maya
16/03/2026 | Mérida
Integrantes de Tlacuatzin A.C. y del Club de Lectura Liternatura compartieron en el stand de La Jornada Maya en la Filey 2026 una reflexión sobre cómo los libros pueden transformar la manera en que las personas perciben la naturaleza, al presentar animales, plantas, microorganismos y al propio ser humano no sólo como escenario, sino como protagonistas de historias que ayudan a comprender el planeta en un contexto de urgencia ambiental.
Durante la charla “La naturaleza también se lee: cuando los libros nos enseñan a escuchar al planeta”, las biólogas Mariel, Mariana y Abril sostuvieron que la literatura puede ampliar la visión de la naturaleza más allá del ámbito académico y científico.
Explicaron que este tipo de lecturas permite acercarse a otras perspectivas, incluso para quienes no tienen formación ambiental, y favorece una conexión distinta con el entorno.
“No se ama lo que no se conoce”, señalaron al insistir en que los libros pueden ser un puente frente a la desconexión creciente entre la vida urbana y el mundo natural.
Las participantes advirtieron que esa distancia ha derivado en miedo, ignorancia y desinterés hacia aquello que se percibe como lejano o incómodo, como selvas, insectos o especies poco carismáticas.
Frente a ello, defendieron la lectura como una herramienta de sensibilización en una época marcada por la deforestación, la extinción de especies y la desinformación. También subrayaron que la literatura puede acercar estos temas a personas que, por distintas razones, no pueden explorar directamente la naturaleza.
Como parte de sus recomendaciones, mencionaron obras que han guiado las lecturas del club. Entre ellas destacaron los libros de Andrés Cota Hiriart, como Fieras familiares y Fieras interiores, por abordar desde animales domésticos hasta microorganismos y parásitos, temas que, dijeron, suelen quedar fuera de la atención pública.
Otro de los títulos comentados fue Sapiens: De animales a dioses, de Yuval Noah Harari, libro que, señalaron, las llevó a reflexionar sobre el lugar del ser humano dentro de la naturaleza. En ese sentido, una de las ideas centrales de la conversación fue que la humanidad se ha alejado tanto del resto del mundo vivo que incluso necesita preguntarse si todavía forma parte de él. Para las ponentes, esa fractura está ligada al ego, al sentimiento de superioridad y a una visión de dominio sobre otras especies.
“Muchos de estos libros nos permiten aprender y ver las visiones y las perspectivas que otras personas tienen a través de la naturaleza”, señalaron.
La charla también incluyó referencias a Moby Dick, de Herman Melville, como ejemplo de la naturaleza convertida en personaje y metáfora; a Una ballena es un país, de Isabel Zapata, por su mirada poética sobre la vida animal; a Esa cosa con plumas, centrado en las aves y sus comportamientos; y a El mundo y sus demonios, de Carl Sagan, obra que relacionaron con los retos contemporáneos de la pseudociencia y la desinformación. Para las expositoras, estas lecturas muestran que la naturaleza puede aparecer en múltiples registros: como protagonista, símbolo, compañera, ecosistema interno o incluso universo.
Al cierre, las biólogas resumieron el sentido del encuentro con una idea que atravesó toda la sesión: la literatura no sólo informa, también permite escuchar, recordar y repensar la relación humana con el planeta. “La naturaleza siempre ha tenido historias que contar, la literatura nos ayuda a escucharlas”.