A los 89 años, mujer se titula del doctorado en pedagogía por la UNAM

Marta Elena se vio obligada a retrasar sus estudios universitarios, pero a los 42 años se unió al sistema abierto
Foto: Jorge Ángel Pablo García

Lilian Hernández Osorio

Detesta tomar pastillas porque dice que le dañan el estómago, prefiere los tés y los ungüentos. Asegura que la herbolaria es la medicina del futuro y, por ello, Marta Elena Guerra Treviño está decidida a estudiarla como su segunda carrera.

La edad no es impedimento. En enero cumplió 89 años y hace una semana recibió el título que la acredita como doctora en pedagogía.

Su perseverancia fue reconocida por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en una ceremonia especial en la Facultad de Filosofía y Letras, entidad académica que la admitió para cursar la licenciatura en letras modernas inglesas, le abrió el camino para hacer la maestría y le brindó la oportunidad de culminar el doctorado.

La vida de ama de casa “no es fácil”, subraya al recibir a La Jornada en su domicilio. “La gente cree que no se hace nada, pero se equivoca”. Ella se vio obligada a retrasar sus estudios universitarios y a los 42 años, cuando sus hijos tenían 14, 12, 10 y 8 años, se lanzó a esa aventura en el sistema abierto.

“No tiré la toalla”

“Cursé el primer semestre y me dije: más vale aquí corrió que aquí quedó. No sabía cómo estudiar en esta modalidad. Yo venía del sistema tradicional, el profesor en su tarima siendo el gran Dios y, de pronto, no tienes más que unos libros para estudiar. Pero gracias a una maestra y dos compañeras no tiré la toalla”, cuenta con gozo el inicio de esta travesía en 1979.

El sistema abierto era nuevo hasta para los docentes, pero hubo gente joven que la ayudó. A cambio, ella les enseñaba inglés.

La Chata, como le decía su papá, se tituló de la licenciatura y este esfuerzo le valió una plaza en la universidad dentro del mismo sistema abierto. Los pasillos de Filosofía y Letras se convirtieron en su segunda casa durante 40 años, donde ejerció una de sus pasiones, la docencia, que todavía extraña luego de cumplir tres años de jubilada.

El valor de cerrar ciclos

Su relato transcurre lentamente, impregnado de júbilo y regocijo. Admite que se siente “como la Adelita, popular entre la tropa”. La obtención del doctorado quedará para el recuerdo entre sus nietos y bisnietos, a quienes busca dejar de legado el valor de cerrar ciclos.

“Si vas a empezar algo, lo haces y lo terminas o no lo empieces, porque si no cierras ese círculo, te quedas con una angustia tremenda. Si cierras un círculo, automáticamente se abre el que sigue”, subraya tras recordar que eso mismo le pasó al estudiar la maestría.

Con pesar narra que justo cuando estaba lista para hacer la tesis de ese grado académico, murió su papá, se hizo cargo de su mamá y este giro cambió sus planes.

Luego falleció su esposo, quien era 14 años mayor que ella, le siguió su mamá; después su segunda hija, quien arrebataron la vida en un asalto, por lo que “ya te imaginarás el trauma”, relata serena al enlistar los duelos que enfrentó y la llevaron a hacer “una pausota”, como ella califica el tiempo que tardó en concluir ese grado académico.

Apenada por los 22 años que dejó en el baúl el proceso para obtener el título de la maestría, prosigue: “fueron muchos años y me quedé muy inquieta. Fueron muertes, muertes y muertes”.

Orgullosamente, UNAM

La historia del título de doctorado que le otorgó la UNAM como la persona más longeva en obtenerlo se hizo viral en redes sociales. Ella ríe y sentencia: “le pusieron así para no decir que soy la más vieja” .

Y sí, agrega, los años no pasan en balde, las rodillas ya no le responden como hace 20 años.

Se limpia con un pañuelo de papel su ojo izquierdo, voltea a ver a su hijo Eduardo, el menor de los cuatro, y le comenta que le llora un poquito más de lo normal. Retoma, sin prisas, las vicisitudes que sorteó para cumplir sus metas.

“El estudio era prioridad para mí, pero no para el resto de la familia. Hay que sacrificar, decidir qué es lo más importante, y mis hijos lo eran, por eso hice pausas tan largas.”

Sus tres tesis abordan temas totalmente diferentes. La de licenciatura es sobre el impresionismo en la novela. La segunda, el totalitarismo en tres obras distópicas y, la tercera, de una metodología para la enseñanza de lenguas.

Marta Elena se considera afortunada: nunca se sintió sometida; tuvo un esposo que la impulsó a estudiar y se involucró en la crianza de sus hijos.

“El feminismo no es igualdad. Es equidad. Somos equivalentes. Mi papá decía cosas que yo aceptaba, pero le expresaba mi desacuerdo y muchas veces me dio la razón.”

Convertirse en doctora representa una gran satisfacción para la amante de la ciencia ficción y apasionada de Shakespeare, pero su mayor orgullo es “no dejar nada pendiente” y haber criado “hijos buenos, hogareños y responsables”.

Edición: Ana Ordaz


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