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La Jornada Maya
25/05/2026 | Ciudad de México
Iván Evair Saldaña
Detrás de la polémica que desataron las togas del ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz, al romper con el formalismo tradicional del máximo tribunal, se asoman los pueblos mixteco, zapoteco y purépecha que cuentan su historia en bordados de colores que irrumpen sobre el negro de la vestidura.
Entre las tres togas que posee, la de gala ocupa un lugar especial para el abogado mixteco, porque habla de su origen, identidad y familia. Fue la que usó el 1º de septiembre del año pasado durante la sesión solemne de instalación de la llamada “nueva” Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), y la que guarda una historia íntima: los bordados fueron hechos por su madre y su hermana.
Se trata de tiras que rodean la vestidura, elaboradas a mano en punto de cruz y con figuras en rosa mexicano, azul, naranja, morado y amarillo, que reflejan la identidad cultural de su pueblo, San Miguel El Grande Tlaxiaco, en la Mixteca Alta de Oaxaca. Son parte de una tradición ñuu savi transmitida por generaciones y plasmada principalmente en las blusas tradicionales.
“Desde una de las cunas más humildes de esta nación (San Miguel), hasta la Suprema Corte de Justicia, un bordado que hace apenas un año vestía la elegancia de mi madre y de mi hermana, hoy viste la justicia para nunca más olvidar a quienes debemos servir, a quienes no debemos fallar y desde dónde se puede construir un sistema de justicia para nuestra realidad.
“Es un bordado que me lleva a las lágrimas, al tiempo que me cobija y me da la fuerza necesaria para transformar la justicia de nuestro país”, respondió el togado a pregunta de La Jornada.
Peso cultural
Las otras dos togas que lucen desde el máximo tribunal del país tienen el mismo peso cultural. Una fue adquirida por la Corte, como las de sus ocho compañeros del pleno, pero fue adaptada con una tira horizontal de bordados de mujeres zapotecas de San Vicente Coatlán, Oaxaca, en colores vibrantes y con motivos inspirados en la naturaleza y la cultura de la región.
La tercera fue un obsequio de representantes de la comunidad purépecha de Cuanajo, Michoacán, la cual tiene una tira tipo estola que cae desde el cuello hasta la parte baja de la toga, elaborada en telar de cintura patakwa, técnica ancestral que preserva fajas con grecas tradicionales de esa cultura. Cuenta con dos combinaciones de colores distintas, lo que da la impresión de que Aguilar Ortiz tiene una cuarta toga.
“Arte y cosmovisión que nos define”
Para el ministro, incorporar el arte de los pueblos indígenas a la toga y llevar el bastón de mando al alto tribunal es una forma de reconocer y hacer visible la diversidad cultural que define a México.
“La cosmovisión de los pueblos, su relación con la naturaleza, la belleza de sus entornos naturales y su visión de futuro se plasma en sus bordados, tejidos y en sus formas de vestir.
“La presencia de los bordados en el salón del pleno de la Corte nos recuerda lo que somos, así como el país que queremos ser; una nación diversa, justa y en paz; un país donde nadie deje de ser lo que es en aras de una sociedad homogénea e imaginaria”, concluyó el ministro presidente.
Edición: Ana Ordaz