Texto y foto: Ernesto Martínez Elorriaga
La Noche de Muertos en Michoacán no fue igual a la de años anteriores, cuando arribaban alrededor de 100 mil personas para celebrar la tradición; aún así, y a pesar de la pandemia de COVID-19, una gran cantidad de gente llegó a Pátzcuaro, lo mismo que a Tzintzuntzan, donde se celebra la velación de los difuntos en el panteón municipal.
La noche de ayer no había puestos de bebidas alcohólicas en los pueblos y comunidades de la ribera del lago, tampoco discotecas, ni grandes festines; aunque sí llegaron miles de visitantes, pero aproximadamente al 30 por ciento de otros años.
Las autoridades locales de Pátzcuaro acordonaron la plaza Vasco de Quiroga y sólo se permitió la entrada, bajo control sanitario, al centro de la misma, donde está la escultura del máximo instructor de pueblos originarios de esta región lacustre, que fue adornada con un llamativo altar de muertos para que los turistas se tomaran la foto.
No hubo tianguis artesanal en esta enorme plaza, pero los comercios, neverías, cafés y restaurantes de los portales que la rodean contaron con gran afluencia.
Tampoco se dieron los festejos de otros años, como bailes folclóricos y el concurso artesanal, sin embargo, en esta ocasión hubo espacio para tomarse la foto con el perro xoloitzcuintle o con la catrina y en la zona céntrica de Pátzcuaro estuvieron abiertos los bares y mezcalerías.
Frente a la catedral de Nuestra Señora de la Salud permanecieron los puestos de artesanías y de comida, donde se podían comprar las corundas y uchepos o disfrutar del churipo.
La isla de Janitzio, que cuenta con casi 3 mil habitantes, estuvo prácticamente desierta, solo algunos visitantes pudieron dar un paseo alrededor de la isla y observar las canoas con redes mariposa adornadas de flor de cempasúchil.
La comunidad de Santa Fe de la Laguna, municipio de Quiroga, es el sitio de esta región lacustre que más ha conservado sus tradiciones y algunas familias permiten el ingreso a sus hogares a turistas para que observen sus ofrendas y adornos.
Según la tradición, el 31 de octubre, ante la llegada del día de Todos Santos, los padrinos de los niños fallecidos en el año en curso llegan a cenar a la casa de los padres del “difuntito”. Llevan comida, fruta y flores para la ofrenda y al día siguiente las dos familias van al panteón para arreglar la tumba del ser querido que ha muerto y depositar arreglos florales.
Horas antes de la Noche de Muertos, autoridades de los municipios de Pátzcuaro, Erongarícuaro, Quiroga y Tzintzuntzan establecieron acuerdos para evitar aglomeraciones en los sitios en los que se esperaban mayor número de personas, señaló la secretaria de Turismo de Michoacán, Claudia Chávez López.
No obstante, en el panteón de Tzintzuntzan y en Morelia se reportaron aglomeraciones.
Edición: Elsa Torres
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