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La Jornada Maya
Foto: mapa de la península

Lunes 13 de mayo, 2019

El 2 de abril de 1982, Leopoldo Fortunato Galtieri, el dictador argentino en turno, ordenó el desembarco de tropas en las Islas Malvinas. Argentina estaba tan mal en términos económicos y sociales, y la junta militar que gobernaba tan desacreditada en lo político y lo moral, que la única salida era envolverse en la bandera y apelar al patriotismo más ramplón. El resto sería una guerra de tragicomedia que haría caer a la dictadura.

El 22 de febrero del 2014, con una economía rusa en crisis, con demostraciones en el interior del país por diversas inconformidades sociales y política, Vladimir Putin inició el proceso para que Rusia se anexara Crimea. Los rusos olvidaron por un tiempo sus inconformidades domésticas para arropar su bandera y sus glorias pasadas. La propaganda chauvinista daba un respiro a la crisis de legitimidad política.

El 25 de febrero de 2019, en plena campaña electoral, ante promesas incumplidas que se amontonaban y una oposición que parecía con oportunidades de lograr avances políticos sustantivos, Narendra Modi, primer ministro de la India, sacó la espada nacionalista y ordenó un ataque aéreo contra objetivos en Pakistán; esto en represalia por un ataque terrorista en días previos. Lo hizo para defender, según él, la seguridad y dignidad de su país.

El 27 de marzo, continuando con la retórica patriotera más burda, Modi ordenó la prueba de un misil capaz de destruir satélites, a pesar de las condenas internacionales por los riesgos que los restos del satélite destruido crean en el espacio, incluida la propia Estación Espacial Internacional. El primer ministro arropado en la bandera convertía las elecciones en curso en un tema de honores y dignidades nacionales, de fuerza simbólica y no de verdaderos resultados de gestión y trabajo.

Más cerca de casa, a escala microscópica, casi cómica, hace unos días, esencialmente la bancada del PRI en el Congreso Local se ha rasgado las vestiduras por el tema de la añeja disputa técnica por el punto Put y las consecuencias limítrofes y territoriales para Yucatán y Campeche. La tónica ha sido básicamente desempolvar la verde bandera estatal y sonar la alarma de “ahí viene el lobo”. Es muy obvio el juego.

Cuando un grupo político va mal, la tentación del patrioterismo y el chauvinismo es uno de los primeros trucos del libro. Pintarse de los colores de la patria, en este caso la patria chica, cuando todo lo demás se erosiona es curso básico de la distracción política.

Eso podría ser exactamente la supuesta disputa urgente y vital que el PRI ha tratado de hacer prender desde el Congreso del Estado. Para ellos, lo importante hoy es sacar la bandera, defender el territorio y la soberanía con los tricolores al frente como niñas y niños héroes, porque no hay nada mejor que hacer o proponer, y sí hay votos secretos que borrar y omisiones a los derechos humanos que enterrar.

El adormilado y evasivo sector legislativo le escribe al gobernador queriendo casi convocarlo a que apreste el acero y el bridón, con la bandera yucateca bien alta, como en los mejores tiempos del jurásico priísta.

Sin duda, el asunto del punto Put que acumula décadas -sí, décadas- en disputa jurídica y que tiene un nuevo capítulo por una reforma constitucional en Quintana Roo en meses pasados, es un tema importante, uno que debe atenderse con abogados, recursos jurídicos y técnicos, pero no es el tema vital para el destino estatal. Lo remoto de las áreas a discusión, su irrelevancia para el desarrollo económico concreto, la transformación y el bienestar de Yucatán y Quintana Roo, convierten a la disputa en tema casi anecdótico.

Claro que debe preservarse el territorio, eso es innegociable, pero hay temas más urgentes y que reclaman atención: mantener el crecimiento, seguir impulsado la salud, hacer más fuerte la seguridad y paz social que tenemos, proteger los derechos humanos, rescatar el medio ambiente, etc. La lista de temas reales que requieren acciones ejecutivas y, especialmente, legislativas contundentes y transparentes es larguísima y no pasa por el punto Put, o el Rancho Put o el punto Poot.

Lo triste es que este chauvinismo distrae recursos humanos y tiempos. No es una discusión barata y menos gratuita. El día sólo tiene 24 horas y el gobernador no tiene tiempo infinito, que ningún reloj posee, para atender los temas esenciales. Sacar temas de este tipo de la chistera política e intentar convertirlos en la prioridad estatal reduce el tiempo que el mandatario y la primera línea de su equipo pueden dedicar a las cosas trascendentales.

Yucatán está es una ruta de transformación, muy lejos de la crisis y la debacle. El lío existencial y el precipicio de la crisis, es de un grupo político, no de la comunidad yucateca: sacar a ondear la bandera es una cortina de humo tan obvia, que no oculta nada, sino lo hace evidente.

No vaya a ser que el envolverse en la bandera, termine siendo envolverse en el sudario mortuorio para quienes buscan temas a modo y no los temas que le importan a Yucatán.

*El papel arde a los 233 grados centígrados, tal como lo hace en la inmortal novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451.

[i]Mérida, Yucatán[/i]
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