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Carlos Mena Baduy
Foto: Captura de video
La Jornada Maya

Jueves 14 de marzo, 2019

“No le preguntes a una prostituta si eres guapo”, me dijo Arthur Laffer, jefe de asesores económicos del Presidente Ronald Reagan cuando en el 2016 le pregunté qué opinaba de las calificadoras de riesgo. Él fue responsable de la vuelta al protagonismo de las empresas en el desarrollo económico a través de la desregulación y reducción de impuestos, llamado Reagonomics.

Las calificadoras son empresas privadas cuyos principales ingresos son las mismas empresas privadas que califican, y que no todo el mundo está de acuerdo con sus juicios y visión neutral. El 7 de julio de 2011 [i]El Financiero[/i] publicó que Juan Manuel Barroso, presidente de la comisión europea, se pronunció por una agencia de calificación crediticia con sede en Europa; en 2016 también se reiteró por el mismo objetivo. El ministro alemán de finanzas, Wolfang Schauble, señaló que “hay que romper el oligopolio de las agencias de calificación y limitar su influencia”. El banco central europeo en varias veces ha expresado no estar de acuerdo con sus dictámenes.

De hecho la deuda de Lehman Brothers y la aseguradora AIG tenían grado de inversión hasta el día que la primera quebró y la segunda fue nacionalizada. Hoy el país latino con los bonos internacionales más seguros y las tasas más bajas es Bolivia, pero como su gobierno es socialista, su calificación no supera el parámetro b. El sesgo político de las calificadoras de crédito mundiales Standard and Poors y Moodys es claro, la mano que mueve su pluma también califica los idearios políticos, no solamente a la ortodoxia financiera y los mercados.

Hoy, en México, las calificadoras ponen su lupa en Pemex, pero como en la 4T la solución no es el capital privado internacional, el gobierno de AMLO sufre de críticas y bajas en sus calificaciones con la premisa que el futuro se ve nublado por sus políticas nacionales.

Qué pena que en Europa no se consolidó la agencia calificadora donde el entorno de las políticas públicas inglesas, francesas y nórdicas son de corte nacionalista, donde la mezcla del Estado y las empresas gozan de una relación de reconocimiento mutuo, y donde también mantienen economías sólidas, pero también saben que las calificadoras sólo apuntan todos los goles del sector privado y pocos del público.

Mi propuesta es la creación de una calificadora financiada por la ONU, con sede en Bruselas, para analizar los estados financieros y mercados del mundo.

¿Dónde estaban las calificadoras de riesgo cuando se agravó el huachicoleo en el sexenio pasado cuando sí estuvieron en el remate de los contratos de los pozos profundos?, ¿dónde estaban cuando México rompió su equilibrio fiscal si estuvieron en los bonos de deuda vendidos en Wall Street en el mismo tiempo? En conclusión, las calificadoras de riesgo son el riesgo.

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