Hugo Martoccia
Foto: Cuartoscuro
La Jornada Maya
Lunes 21 de agosto, 2017
Una serie de datos sueltos, sin aparente conexión unos con otros, dan la imagen de que hay un nervio del gobierno del estado, ese que hace a la operación política que se transforma en la imagen de la gestión, que no está funcionando correctamente.
Parte de ello tiene origen en la misma concepción del gobierno: los grupos antagónicos internos (que se alían o se enemistan según el tema) no terminan de formar un grupo sólido alrededor del gobernador.
A veces, parece que simplemente no están donde deben estar. Carlos Joaquín debe salir a enfrentar él mismo los errores de sus colaboradores, que dejan al gobierno sin reflejos políticos para solucionar temas simples.
[b]Uniformes[/b]
Quizá el hecho más evidente sea el de los uniformes escolares, cuya licitación ganó una empresa de Puebla. La polémica es sobradamente conocida, pero no por ello ha concluido en algo firme.
Las últimas informaciones públicas sobre el tema las dieron dos medios de comunicación. En uno, la empresa Adicon, que ganó la licitación, es mostrada apenas con un cartel en una puerta de una pequeña casa de Puebla. En otro, es una gigantesca maquiladora de estatura mundial.
De alguno de esos dos lugares van a salir 220 mil uniformes escolares. Pero lo increíble es que nadie pueda asegurar, hoy, cuál de las dos versiones es real. La carga de la prueba, se debe entender, le corresponde al gobierno. Es el que maneja los recursos públicos y el que debe garantizar transparencia. Pero la confusión ha imperado.
Lo dijo días atrás el propio Carlos Joaquín, con palabras que parecieron más dirigidas hacia el interior de su gobierno que hacia afuera. “Ha habido una falta de comunicación total”, señaló. Es cierto.
Una política pública de esa magnitud e importancia estratégica, merecía una mejor estrategia. La Secretaria de Educación debería haber tomado el tema, desde mucho antes, como una bandera. No lo hizo, y el hecho educativo, quizá trascendente, quedó sepultado por enredos administrativos y financieros.
Es increíble, pero los padres de los alumnos que reciban esos uniformes van a recordar tanto el hecho en sí, como la polémica surgida a su alrededor. Un daño autoinfligido para el gobierno.
¿Nadie previó que entregar la licitación a una empresa poblana generaría un polémica? Parece que no, porque de otro modo hubiera actuado antes de que el tema estallara.
[b]El partido del joaquinismo[/b]
La creación de un partido político local joaquinista, Confianza por Quintana Roo, tuvo déficit similares.
La semana pasada, la noticia del inicio de creación de ese partido acaparó todos los titulares de los medios de comunicación. El problema es que la noticia explotó por el lado equivocado. Se mostró el acarreo de gente para llenar las asambleas y hubo, por parte de los gestores de ese proyecto, un dejo de priísmo antiguo: demasiada secrecía sobre un asunto que no la necesitaba ni merecía.
Otra vez, un tema mal expuesto a la sociedad. Si bien es bastante discutible la conveniencia de armar un partido político local, lo cierto es que no tiene nada de malo y es, en algún punto, lógico.
El [i]joaquinismo[/i] es una fuerza real, que en gran parte ha quedado huérfana de una estructura institucional que la contenga. Armar un partido y discutir en una mesa de tres con sus aliados del PAN y el PRD, tiene una cierta lógica.
Pero es un tema que siempre generará sospechas por la potencial cercanía con los recursos públicos. Por eso, debió plantearse abiertamente desde el principio. El camino debería haber sido la presentación formal de esa intención de armar un partido, con rostros visibles e intenciones transparentes, que explicaran la lógica de su proyecto.
No se hizo, y otra vez hubo que optar por el silencio o el control de daños.
[b]La dificultad de mostrar lo bueno[/b]
Lo que queda claro es que al gobierno le cuesta mucho mostrar lo que hace bien e, incluso, a veces, tiene que defender cosas que no ha hecho mal.
Hay números que acompañan la idea de una gestión diferente, con éxitos en algunos aspectos: el crecimiento de la economía rural, del empleo en todas sus formas, del turismo que continúa su ascenso, y la salida del ahogo financiero que dejó el borgismo. Todos son datos positivos.
Aún en Seguridad, que es un tema muy espinoso y cuya percepción es muy difícil de torcer, hay logros que mostrar. Comienza a verse algún concepto de orden, de reconstrucción en instituciones que fueron arrasadas por la corrupción y el descontrol de la pasada administración. Pero al gobierno le cuesta trasladar lo que hace bien hacia la sociedad.
Parece que hubiera que volver y revisar algunos aspectos básicos de los diagramas de operación política. Los objetivos están, en algún punto, condicionados por aspectos secundarios que terminan imponiendo la percepción sobre aquellos.
La percepción de la sociedad no es un dato ajeno al cumplimiento de un objetivo. Es una parte sustancial de su éxito o fracaso.
Hay veces que hay que volver a las raíces teóricas de las cosas, porque la práctica sin concepto suele entorpecer los sentidos.
[i]Chetumal, Quintana Roo[/i]
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