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del

Gloria Muñoz Ramírez
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Sábado 27 de mayo, 2017

Borrados oficialmente del mapa, como la comunidad tarahumara Bosques San Elías Repechique, o asesinados como los wixárika de la sierra del norte de Jalisco, los pueblos indígenas de México continúan poniendo el cuerpo para que no desaparezca lo poco que queda de este país llamado México.
Más de 8 mil indígenas permanecen en la cárcel sin condena. No importa si son culpables o no de un acto delictivo. Estorban a un sistema que los quiere muertos, expulsados o tras las rejas si no se doblegan a sus intereses y entregan su vida y territorio.

Megaproyectos como hidroeléctricas, minas, carreteras, desarrollos inmobiliarios, turísticos y eólicos, acueductos, gasoductos y un sinfín de planes perversos amenazan sus tierras y su cultura, mientras de norte a sur y desde abajo los pueblos organizan la defensa. Ponen la sangre hoy como la pusieron en la lucha por la Independencia, en la Revolución Mexicana, en el alzamiento zapatista y en la actual defensa del territorio que recorre México.

Frente a la maquinaria que tala 3 mil árboles en Tepoztlán, Morelos, para la ampliación de una carretera que divide sus centros sagrados y mutila la biodiversidad, la población se organiza para no dejarlos pasar. Se prueban las vías jurídicas y el diálogo, pero con los de arriba sólo la acción tiene futuro.

Y en el norte del país, en Sonora, en los mismos días integrantes de la tribu yaqui quitaron tubos y cables que la empresa IEnova instalaba ilegalmente en sus tierras para construir el gasoducto Agua Prieta. Nadie los consultó para ponerlos, a nadie consultaron para quitarlos. Al igual que en Tepoztlán, los trabajos estaban suspendidos por resoluciones jurídicas en su favor, pero la empresa continuó trabajando como si nada.

Porque sucede que los de arriba no escuchan. Quieren sus tierras, y para arrebatárselas les niegan hasta la existencia. En la sierra de Chihuahua talan clandestinamente sus bosques y ante el reclamo las autoridades afirman que no hay registro oficial ni antecedentes de la existencia de la comunidad Bosque de San Elías Repechique. Así de simple.

Y en la sierra del norte de Jalisco asesinan a Miguel Vázquez Torres, de 40 años, presidente de bienes comunales de San Sebastián Teponahuaxtlán, municipio de Mezquitic, uno de los líderes indígenas que luchó por la restitución de tierras para su comunidad en el municipio nayarita de Huajimic. El mismo día asesinaron a su hermano Agustín, también comprometido con la defensa de su territorio. Por eso hoy los pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas reclaman lo que les pertenece. Es su tiempo, siempre lo ha sido.

[b]www.desinformemonos.org[/b]

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