de

del

Tabacón B. Linus
Foto cortesía de la familia Ramírez
La Jornada Maya

Jueves 27 de abril, 2017


Este 25 de abril, casi a la media noche, a la tierna edad de 96 años -ella así lo decía- falleció Holda María. En primera instancia, uno diría que falleció la viuda de Jorge Iñárritu Ramírez de Aguilar, un destacado abogado mexicano que fue ministro de la Suprema Corte de Justicia por casi 25 años y, luego, su presidente.

Sin embargo, Holda era más que eso, mucho más. Ella era descendiente de las familias mexicanas que vivían en Texas cuando Estados Unidos nos arrebató ese territorio, familias que -literal- desenterraron a sus muertos y decidieron cruzar la frontera para seguir siendo mexicanos. Luego, sus tíos fueron generales del Ejército Constitucionalista durante la Revolución, Treviños revoltosos, pues.

Holda era orgullosamente mexicana, se emocionaba con los rituales cívicos y era de las que sabían ganar una discusión o un pleito. Devoraba el periódico y fumaba a escondidas; poner en su lugar a los hombres, así fueran ministros, políticos, exitosos según ellos, era también su especialidad.

Holda María también era pionera. Estudió biología cuando la Casa del Lago, en el Bosque de Chapultepec, era la sede del Instituto de Biología de la UNAM. En esas épocas era una audacia que una mujer caminara sola por el bosque para ir a la escuela; que además estudiara biología, era casi una afrenta.

Su padre fue de los desarrolladores de la Colonia del Valle, cuando esa zona de la Ciudad de México era un simple potrero, ahí descubrió la importancia de los bienes raíces como la seguridad patrimonial de toda familia, convicción que la acompañó hasta el final.

Fue directora del Instituto Asunción de México, maestra dura, de voz ronca, dueña de sí misma, regañona, pero juiciosa. Y en 1985, cuando el temblor sacudió a la Ciudad de México, a ella le tocó -como presidenta del voluntariado del poder Judicial- organizar la ayuda de las familias que habían sufrido pérdidas y tragedias. Esa tarea la marcó para el resto de su vida.

Curiosamente dejó sólo mujeres como descendientes, hijas, nietas y bisnieta nada más; todas revoltosas e irreverentes también, estudiaron antropología, historia, derecho, economía, fotógrafas, en Nueva York, en Chicago, con posgrados, magistradas y una inventora en ciernes.

Se fue una gran mujer pionera, que nos deja puras mujeres a su estilo, esforzadas y luchadoras en su circunstancia. Parafraseando a Rulfo, ya se murió Holda, pero quedan sus mujeres, queda ella en ellas.

Holda María Rodríguez Treviño (1921-2017)


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