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La Jornada Maya
Foto: La Jornada Maya

Miércoles 18 de enero, 2017

En la madrugada de ayer tuvo lugar un tiroteo en la discoteca Blue Parrot de Playa del Carmen, Quintana Roo, donde se llevaba a cabo el festival de música electrónica BPM, que dejó un saldo de cinco muertos y 15 heridos de varias nacionalidades, varios de ellos a consecuencia de la estampida que se produjo en el momento de la balacera. Aunque en su cuenta de Twitter los organizadores de ese acto atribuyeron los hechos a un tirador solitario, el titular de la fiscalía general de Quintana Roo, Miguel Ángel Pech, indicó que hubo un intercambio de balazos entre un sujeto que llegó al sitio y empezó a disparar su arma de fuego y uno o más de los elementos a cargo de la seguridad del lugar; señaló que en el local se encontraron casquillos de cuatro distintos tipos de armas de fuego e informó que hay tres detenidos presuntamente relacionados con el tiroteo.

Pese a la gravedad del episodio y de una noticia que fue de inmediato reproducida en medios internacionales y en redes sociales, las autoridades no han sido capaces de ofrecer a la opinión pública una explicación de lo sucedido. En ausencia de ella se extiende la impresión de que se trató de un asunto de drogas y se fortalece la creencia de que el descontrol delictivo ha alcanzado los niveles que tenía en los peores momentos del calderonato, cuando resultaban tristemente habituales los episodios de ejecuciones y balaceras en restaurantes concurridos, especialmente en el norte del país.

Ciertamente, lo ocurrido en Playa del Carmen no parece tener de ninguna manera los patrones característicos de las masacres frecuentes en sitios públicos en Estados Unidos, cometidas por desequilibrados o por individuos radicalizados de causas pretendidamente islámicas, ni los seguidos en atentados perpetrados recientemente en Europa. Pero, para efectos de temor colectivo, el tiroteo en el Blue Parrot tiene impactos similares, con el agravante de que ocurre en un país agobiado por índices exasperantes de violencia, criminalidad e impunidad.

Por otra parte, a diferencia de lo que ocurre en aquellos escenarios tras agresiones que dejan saldos trágicos equiparables, no hubo en el episodio criminal ocurrido ayer en el Caribe mexicano una mínima capacidad de reacción de las corporaciones policiales. Por el contrario, se hizo evidente la ausencia de trabajo de inteligencia y, más imperdonable aún, la falta de control sobre lo que ocurre en centros de diversión que debieran observar niveles de seguridad mínimamente aceptables para sus clientes.

En suma, los trágicos sucesos del Blue Parrot hacen indispensable una investigación expedita y contundente que esclarezca los móviles y las circunstancias y halle a los autores del ataque, así como las responsabilidades por una falta de protección tan desoladora como inadmisible.


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