La Jornada Maya


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José Huchim Herrera
La Jornada Maya

Viernes 12 junio, 2020

Uxmal, la majestuosa ciudad maya que albergó en espléndidos palacios y templos a la elite gobernante entre los años 500 a.C. y 1150 d.C., es uno de los destinos turísticos más relevantes del mundo maya por lo que cotidianamente asombra a sus muchos visitantes, provenientes de todos los rincones del orbe. Desde el 24 de marzo en que se presentó la contingencia del COVID-19, y en medio de esto, hoy vive una actividad inusitada: la flora y la fauna, moradores ancestrales de estos espacios, han vuelto, junto con los efluvios persistentes del pensamiento de filósofos, científicos, artistas y hombres que dieron lugar a este hito civilizatorio en el ámbito mundial.

La pandemia actual ha obligado a mantener la urbe cerrada a la intromisión de los ajenos a la cultura maya, lo que ha permitido observar el repoblamiento de la zona por la fauna autóctona y se percibe flotar en el ambiente el espíritu de la cultura maya. Puedo asegurar que su origen no está en la subjetividad, sino que tiene existencia objetiva.

Uxmal, la ciudad donde los Ahauoob, dirigentes que controlaban las ciudades menores de la región, recibieron y controlaron discrecionalmente los tributos que el esforzado pueblo maya cubrió con los excedentes de sus actividades productivas, alcanzó el apogeo económico y político entre los años 750 y 959 d.C. En ese periodo llegó a su esplendor, aplicando la tecnología y demás conocimientos que había desarrollado. Fue una ciudad viva, donde circularon reyes, donde se vivió la opulencia, se veneró a los dioses y se materializaron todos aquellos conocimientos, así como las ritualidades a las divinidades cuya bondad requirió de la invocación del pueblo. A partir del año 1000 d.C. inició su decadencia motivada por las sequías y las guerras, hasta quedar desolada y en completo abandono.

Ahora, después de 59 años de que la zona arqueológica estuvo continuamente abierta al público, el Centro INAH Yucatán dispuso su cierre, junto con las demás zonas arqueológicas del estado, con motivo de la contingencia sanitaria.

Con ese motivo, la metrópoli de antaño experimenta la ausencia de los miles de visitantes y la circulación de muy pocos trabajadores en la zona arqueológica, lo que ha propiciado que la flora y la fauna que gradualmente fueron desplazadas vuelvan a ocuparla.

No se oyen los murmullos de la gente, ni aquellos aplausos frente a los edificios para comprobar el eco, ni los ofrecimientos de los servicios de guías, ni las consultas cotidianas para validar las credenciales de estudiante o de profesor para exentar el pago y visitarla. El parador turístico se encuentra cerrado.

Pero al interior de la zona arqueológica los otrora desplazados hoy recuperan su lugar: por las mañanas se escucha un gran concierto en el que participa una multitud de aves, unas contentas porque Yun K’in, el señor Sol, ha llegado, otras cantando más fuerte invocando a Chaak, dios de la lluvia, para que voltee su enorme cántaro de agua y fertilice la madre tierra.

Alrededor de los edificios observamos grupos de decenas de iguanas reunidas, como si estuvieran en el chismorreo tal vez, extrañadas por no ver a tantos intrusos que regularmente circulaban entre los edificios y habitualmente se acercaban a ellas para robarles una fotografía.

Pavos y venados se advierten en la zona arqueológica, actualmente con vegetación más cerrada. Eso me recuerda aquello que mi padre decía: que era común ver estos animales en el Cuadrángulo de las Monjas.

Al anochecer se empieza a escuchar un sonido raro que inicialmente los veladores decían que emitían los monos, lo cual es imposible porque estos ya no existen en esta región. Otros trabajadores, cuyo hábitat es el monte, nos ayudaron a descifrar que aquel sonido corresponde a un oso hormiguero.

A principio de 2020 la sequía acabó con todas las hojas de los árboles, dejándolos pelones, de manera que el caos de su ramaje se dibujaba en formas abstractas sobre los monumentos de Uxmal. Tuvimos que colocar debajo de los árboles secos agua para que las aves se refrescaran y apagaran la sed.

La sequía se apaga con la primera lluvia, que cae el 15 de abril; luego llegaron otras tres fuertes, que posteriormente se intensifican con la tormenta tropical [i]Cristóbal[/i]. Chaak ha sido excesivamente benévolo con nosotros: en la ciudad nos inundamos y en el campo algunos campesinos se encuentran contentos porque han sembrado y esta lluvia ha sido una bendición del patrono del maíz, Chaak, que volteó toda la olla llena de agua sobre nosotros, pero para otros el exceso ha significado la pérdida de sus cosechas.

Esto cambia toda la imagen de Uxmal; las primeras lluvias, que cayeron como una bendición, transforman todo aquel monte seco, tiñéndolo con diversas tonalidades de verde que contrastan con el color de las piedras que conforman los edificios.

Hoy, por todo Uxmal revolotea una gran cantidad de aves de color azul verdoso con una larga cola, como un péndulo, que en maya yucateco se llama Toh.

Los frutos del roble, que se da para esta época, ofrecen un manjar para las aves y las iguanas, los que, a su vez, son una exquisitez para gavilanes y aguilillas, que se ven con más regularidad en Uxmal. De pronto, una ardilla se detiene, para las orejas, y velozmente emprende la carrera porque una aguililla viene volando en su dirección y al internarse entre el follaje, salva el pellejo. Desafortunadamente, esta vez el tiempo de estancia será más corto para la fauna, irremediablemente tarde que temprano los animales serán desplazados de su hábitat por los entusiastas turistas que recorrerán esta antigua ciudad maya.

[b]Trabajo en contingencia[/b]

Durante la sequía, varios conatos de incendio en los alrededores de Uxmal hicieron que los trabajadores de la zona arqueológica se movilizaran con el apoyo de los miembros de Protección Civil del poblado de Santa Elena, que siempre estuvieron atentos para sofocar las llamas y así evitar que afectaran el núcleo patrimonial de Uxmal.

Los que laboramos de manera cotidiana en Uxmal establecimos guardias mínimas, para realizar labores de limpieza en los monumentos, recoger una gran cantidad de hojas y ramas secas, y desalojar excremento de aves y murciélagos. Lo recolectado fue proporcionado a campesinos de la región para usarlo en la agricultura orgánica. A causa de la sequía se murió el pasto, por lo que implementamos un programa de riego en las plazas.

Nuestro personal especializado se ocupó en el registro de colecciones arqueológicas y con ayuda de un dron y una cámara fotográfica realizamos un programa de registro fotogramétrico de los edificios con el fin de elaborar un diagnóstico puntual del deterioro que presenta cada monumento. Por otro lado, con una solución de cal se inició un programa de mantenimiento en los monumentos para eliminar los líquenes de las piedras de recubrimiento.

Para seguir con la operatividad de las zonas arqueológicas se realizaron visitas para proporcionar insumos y dar solución a problemas que durante la vigilancia manifestaron los custodios, quienes siempre conservaron la sana distancia y demás previsiones sanitarias. La atención a dichos problemas se realizó donde fue necesario y requerido.

Los pocos que disfrutamos Uxmal durante su cierre temporal conservaremos fresco en la memoria estas experiencias y, como decía mi padre, deberemos continuar manteniendo cerca y convivir con los otros habitantes nativos: la fauna que complementa el entorno de la ciudad gloriosa.

*Director de la zona arqueológica de Uxmal

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Edición: Elsa Torres

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