Maru Medina de Hollmann


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No hubo nada en mi formación que me enseñara que por ser mujer no podría hacer ciertas actividades

Somos lo que creemos que somos

A través de los años que llevo como empresaria, me han preguntado muchas veces si alguna vez me sentí discriminada como mujer. A pesar de venir de una familia tradicional, no hubo nada en mi formación que me enseñara que por ser mujer no podría hacer ciertas actividades.

Mi papá trabajaba -mucho- y mi mamá cuidaba del hogar y del confort de mi papá, y aprendí de ella el arte y ventaja de ser una esposa cariñosa y atenta. Pero ninguno de los dos me dijo alguna vez "esto y lo otro no, porque eres mujer". 

Creo que fue por eso que -si la hubo- nunca percibí discriminación a mi persona, por ser mujer. Esto no quiere decir que no encuentre muchos entornos machistas, pero nunca he dejado que me afecten ni escudo mis defectos y falta de capacidad, en mi género. Al igual que Oprah creo que la excelencia es el mejor disuasorio contra de la discriminación. Si una trabaja duro, según sus valores y con congruencia, una obtiene reconocimiento y sobre todo, resultados.

El famoso cuento popular estadounidense La Pequeña Locomotora que Pudo (The Little Engine that Could), publicado en 1930, es utilizado en ese país por padres, madres de familia y maestros para enseñar a los niños el valor de creer en uno mismo, mientras se trabaja con entusiasmo. Es un libro maravilloso, que descubrí en mi adolescencia y cuyo mensaje, claro y contundente tardé varios años en comprender:

Si crees que puedes, podrás.

Si crees que no puedes, no podrás.

Ahora, siempre creo que puedo.

La vida es el resultado de nuestras elecciones

Existen un montón de maestros y lecciones que enseñan lo anterior. Sólo que a veces es un poco más cómodo echarle la culpa a nuestra mala estrella.

¡Qué manera más debilitadora de pensar! Dar poder a las circunstancias, al entorno, a nuestro lugar de nacimiento produce excelente material para escribir dramas y telenovelas, pero no para producir una vida plena.

¿Vas a salir ahora con tu argumento, de “tú lo dices desde tu plataforma de privilegio, pero no es así para millones de personas que viven en la ignorancia”?

Olvídate del millón de personas, y decide enfocarte a ayudar a UNA persona a elegir mejor, (recuerdas el cuento de la Estrella de Mar que publiqué hace algunos meses?) agobiarse por no poder crear un cambio total, nos paraliza. Decidir colaborar con pequeños cambios que muestren el camino a otros, nos vigoriza.

Tal vez a la primera persona que debas de tratar de ayudar seas tu mismo, tu misma: Si encuentras que te que quejas demasiado de tu relación de pareja, tu economía, tu cuerpo, tu trabajo… ¿Qué tal comenzar por analizar las decisiones que has decidido tomar o has elegido ignorar?

Se puede vivir una vida a toda madre, y el éxito de esa vida depende de las elecciones. Utiliza esa libertad.

Hay que vivir con un propósito

Las personas que buscan, que preguntan ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? Tienen más facilidad de encontrar su POR QUÉ. Una vida con un propósito te da plenitud, y te guía a seguir más fácil el camino del punto número dos.

Si mi propósito de vida es claro, el camino que he de tomar también se vuelve claro.

Y aunque todos somos diferentes, hay puntos en común que nos pueden llevar a ese objetivo

-Define tus creencias y valores: ¿Qué es lo importante para ti? ¿Qué valor piensas que debiera de haber más en el mundo? ¿Qué no es importante para ti?

-Marca tus prioridades: Stephen Covey, en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, nos invita a hacer una lista de los conceptos principalmente importante en nuestra existencia. Cuando uno hace esa lista de manera consciente, pocas veces “tener mucho dinero” queda en los primeros lugares.

-Encuentra y sigue tu pasión: las personas que dicen no sentirse entusiasmadas por nada en realidad son perezosas. ¡No seas perezoso(a)! Dedica el tiempo para descubrir que actividad, creencia o proyecto te hace sentir feliz.

-Reconoce tu valor: eres una persona única con cualidades y poder de crear y provocar cambios. Todos los seres humanos lo somos.

-Haz la diferencia: deja de quejarte, provoca con tus acciones las mejoras que quieres ver alrededor de ti, nadie más se ocupará si tú no lo haces. Deja de señalar lo que debería de cambiar y cámbialo.

-Vive y celebra el momento presente: recuerda agradecer cada día la infinita suerte de poder despertar por las mañanas y contribuir a dejar el mundo un poquito mejor a como lo encontraste.

Si no tú, ¿Quién? Si no es hoy, entonces ¿Cuándo?

Edición: Estefanía Cardeña

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