José Juan Cervera


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Columnas de periódicos, acogen frutos primerizos y líneas de madurez

Muchos escritores intuyen que una parte sensible de su identidad profesional transita entre las columnas de los periódicos, porque estos frágiles testigos del paso de los días acogen frutos primerizos y líneas de madurez, y reciben letras que buscan respirar en atmósferas propicias al orden de las ideas y al ejercicio de la expresión como descubrimiento de vida.

Alguien que conoció de cerca la vida bulliciosa instalada con sus giros y expansiones en las salas de redacción de diarios y semanarios fue Ermilo Abreu Gómez, quien recuerda su incursión temprana en el reino de la tipografía sincronizada con el adelgazamiento del almanaque: “Mi primer artículo lo publiqué en 1910 y nunca, desde entonces, he dejado de escribir”. En el primer volumen de sus memorias cuenta la afortunada aparición de una revista juvenil, de contenido literario, a la que dio aliento junto con varios amigos suyos bajo el mecenazgo de un comerciante español entusiasta y generoso como pocos. Lecciones perdurables se leen en esas páginas.

De su estancia en la capital del país, que consigna en Duelos y quebrantos, rememora los reportajes y las crónicas que realizó para El Heraldo cuando lo dirigió su coterráneo Antonio Ancona Albertos, lo mismo que su paso por El Demócrata, El Universal Ilustrado, Revista de Revistas y México Nuevo. Menciona a los periodistas distinguidos que conoció en ese lapso. Con el tiempo llegó a desempeñar otro tipo de trabajos para ganarse el sustento.

Vivió fuera de Yucatán desde ese entonces aunque no se desligó por completo de su tierra natal, ya que además de honrar los lazos familiares y de amistad que dejó en ella tuvo una colaboración constante con el Diario del Sureste durante varias décadas, hasta que acaeció su deceso en 1971. En este medio impreso se leyeron sus artículos llenos de amenidad e ingenio, muchos de ellos reproducidos de El Nacional y El Día, pero también dio a la luz avances y pasajes de sus libros como su versión del Popol Vuh, sus memorias y Don Quijote, genio y figura; Quetzalcóatl, Arte y misterio de la prosa castellana y La letra del espíritu.

En sus textos periodísticos se advierte una variedad tal que abarca evocaciones familiares, anécdotas, comentarios literarios, anotaciones estilísticas, cartas de escritores y académicos, semblanzas y recuerdos de amistad. Creó series para clasificar algunos de ellos, con encabezados como “Los libros y otros engaños”, “Amistades literarias” y “Los fantasmas existen”.

Aparte de sus valores formativos, como bien sabe cualquier persona que haya tenido en las manos algún libro suyo, sus escritos de prensa también aseguran una lectura gozosa, de la que brota una simpatía inmediata hacia su autor siempre que trata con humor o con ternura, con palabra llana y con conocimiento de causa los asuntos que aborda. Sus dotes de narrador le dieron la clave para mostrar ángulos reveladores, rasgos interesantes y claridad de estilo al enfocar sus temas, y así una anécdota lleva a otra, entre las muchas que guardaba en su memoria. Por ejemplo, cuando recordó a su amigo Jesús Zavala, quien consagró años enteros a documentar la vida y la obra de su paisano Manuel José Othón, refiere que lo acompañó a San Luis Potosí para recorrer los lugares en que vivió el poeta, y en alguna de esa ocasiones uno de sus informantes lo invitó a conocer la cantina que frecuentaba el autor de los Poemas rústicos; ya muy tarde se retiró de ahí algo mareado después de haber ingerido varias bebidas, más aun tratándose de un abstemio que cambió bruscamente su rutina, emocionado de obtener nuevos datos acerca de la figura que despertaba su admiración. Y a su vez el esmerado biógrafo de Othón espigó un ramillete de hechos divertidos y curiosos, alusivos a proezas etílicas, que relató como primicia al prosista yucateco.

Y aunque las noticias de hace muchos años han perdido su frescura, ella se conserva, abundante y armónica, en las numerosas muestras del talento literario que Ermilo Abreu Gómez legó en las viejas colecciones de periódicos locales y capitalinos, airosa desembocadura de letras palpitantes.

 

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Edición: Laura Espejo

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