de

del

Foto: Fernando Eloy

Los padres, tutores y familias, desde siempre, han hecho todos los sacrificios posibles para que sus hijos vayan a la escuela. El símbolo del avance social y del cambio de fondo es que las presentes generaciones tengan, empezando por los estudios, las oportunidades que las anteriores no tuvieron. 

Los padres, mamá y papá, se aprietan el cinturón para adquirir útiles, uniformes, zapatos, pagar transporte, conseguir materiales y en muchos casos cuotas y colegiaturas. Nos levantamos temprano, preparamos desayunos, hacemos piruetas con horarios de trabajo para que los menores asistan  a sus centros educativos. 

Hoy, a esos esfuerzos hay que sumar uno más: hacer todo lo posible para que imperen las condiciones sanitarias mínimas que garanticen que los niños puedan regresar al plantel escolar a continuar su formación académica y su aprendizaje social. No hay de otra.

Después de 17 meses pareciera ser que lo normal es que no haya clases. Haga usted (o deje de hacer) estimada lectora o lector cualquier actividad o rutina por 17 meses y le parecerá que eso es lo habitual. Nada más lejos de lo deseable para los menores. 

Ninguna educación a distancia, virtual o como quiera etiquetarse puede compararse con la educación presencial, ni siquiera en las familias en las que sobran recursos tecnológicos y económicos, ahora imaginemos las cosas en la mayoría de nuestros hogares donde esa no es la realidad. 

Sí, es y será un desvelo más, una angustia más, una preocupación más, pero -insistimos- los padres, las familias y la sociedad entera siempre hemos hecho todo -hasta revoluciones, sí revoluciones y artículos constitucionales- para que las escuelas funcionen, enseñen y formen a las mujeres, hombres y seres humanos del mañana anhelado. 

La escuela es lo primero si soñamos con un México más justo, incluyente, con oportunidades, que sí rompa ciclos de pobreza y subdesarrollo. Que nuestros niños y niñas vayan a la escuela es un acto de compromiso y conciencia social. Es tomar con valor y sobre los hombros una carga más: no sólo la mochila con cuadernos, sino el cubrebocas, el lavado de manos, las sanas distancias, los hábitos que el Covid-19 nos ha impuesto a todos. 

Sin duda volver a clases implica riesgos, es inevitable; sin embargo, con honestidad y franqueza debemos admitir que son riesgos que también existen ya en casa y en las convivencias cotidianas actuales. La dinámica social que tenemos a estas alturas, tomando las precauciones necesarias, no debe convertir a las escuelas en un punto de infección agudo y significativo. Los padres, las familias, la comunidad entera debe asumir el compromiso de que la escuela abra y reinicie, porque el riesgo social, de brechas  en la movilidad colectiva, de injusticias perpetuadas se hace más grande cada día que nuestros hijos e hijas no están en clase.


Edición: Laura Espejo


Lo más reciente

T-MEC seguirá vigente hasta 2036 aún sin prórroga de EU: Sheinbaum

La mandataria explicó que ''no es una fecha límite hoy'', solo se enviará carta de extensión

La Jornada

T-MEC seguirá vigente hasta 2036 aún sin prórroga de EU: Sheinbaum

El ''Vasco'' Aguirre califica el triunfo sobre Ecuador como el mejor de su carrera

''Merece el grupo estar en los octavos de final, pero vamos por más'', señala el entrenador

Efe

El ''Vasco'' Aguirre califica el triunfo sobre Ecuador como el mejor de su carrera

Pronóstico del tiempo: Así será el clima en Yucatán este miércoles 1 de julio

Se espera lluvia de moderada a fuerte después de las 3 de la tarde

La Jornada Maya

Pronóstico del tiempo: Así será el clima en Yucatán este miércoles 1 de julio

¿Será buena idea convertir el sargazo en biocombustible?

Cuatro reflexiones en torno al recale del alga en el Caribe Mexicano

Rafael Robles de Benito

¿Será buena idea convertir el sargazo en biocombustible?