Más allá del placer de la lectura

2a parte: diversos beneficios
Foto: Juan Manuel Valdivia

A través de los libros, especialmente literarios, la gente llega a conocer a protagonistas de personalidades muy diversas. Es posible que algunos lectores se identifiquen con algún personaje. En el transcurso de las historias que alguien lee, puede ponerse en el lugar del protagonista y ver los hechos con otros ojos, lo que permite tener una empatía por determinados personajes y, lo más relevante, desarrolla la inteligencia emocional. El simple hecho de ver las cosas de otro modo a partir de la lectura favorece tener una nueva visión en la vida misma, la real y cotidiana. Ya no será igual que antes. 

Por otra parte, durante la lectura, se enfrentan nuevas palabras que antes la gente desconocía. A pesar de que nadie se detiene demasiado tiempo ante una palabra nueva, ésta y otras el lector las va acumulando y va deduciendo su significado por el contexto en que las usó el escritor. A la siguiente ocasión que el lector se tope con alguna de estas palabras, ya no resultará tan nueva y sabrá más o menos lo que significa. Lo mismo sucede con las expresiones de determinado grupo social al que pertenezcan los personajes del libro o frases de otras épocas que usó el autor. Estas circunstancias de la lectura permiten que la gente mejore su vocabulario y amplíe más recursos en su expresión.

Además, la lectura potencia la cultura de los lectores. Se trata de un efecto que ocasiona, por ejemplo, las novelas históricas. En este tipo de libros, la gente se adentra a un universo desconocido para muchos. Poco a poco, de un capítulo a otro, el lector va conociendo las particularidades de los lugares donde ocurren los sucesos o las etapas históricas presentadas por el escritor. Esta riqueza cultural que ofrecen los libros es invaluable por la formación que ofrece a los individuos.

Leer también permite enriquecer el conocimiento sobre la escritura, ya sea en su aspecto ortográfico o sintáctico. A quién no le ha sucedido que, al escribir un mensaje a un amigo, enfrenta ciertas dudas: si una palabra se escribe con v o con b. Un lector habitual difícilmente enfrentaría este tipo de situaciones, en las que tenga dudas sobre la ortografía de ciertas palabras, por el contrario, ayudaría a los demás a resolver este tipo de vacilaciones.

La lectura, por otro lado, elimina el estrés. Muchas veces, debido al ritmo de vida de la gente, llega un momento en que lo único que las personas desean es un instante de respiro, de calma, de descanso, en fin de parar el trajín de la vida misma. Y qué mejor que la lectura para conseguir esa paz que la gente requiere en este tipo de momentos. Leer permite seguir disfrutando de la quietud y el silencio que implica esta actividad y, a la vez, ofrece un espacio de fuga que facilitaría a las personas escapar lejos de sus obligaciones. 

Conocer una historia en un libro más que en una película permitiría el desarrollo más amplio de la imaginación. El lector, a diferencia del espectador, imagina los personajes, los lugares, las características de la época, las personalidades diversas de los protagonistas, todo a su manera. La gran ventaja entre el lector y el espectador de películas está en la imaginación. Sin menoscabo del cine, la literatura impresa permite mayor libertad en la imaginación, lo que favorece la creatividad del lector. 

Finalmente, leer con cierta frecuencia, impulsaría el hábito lector. ¿Qué importancia tendría leer con regularidad? Principalmente reforzar la fuerza de voluntad y ver la lectura como una especie de gimnasia mental, de lo cual se ha hablado ya en el artículo anterior. Por todo lo anterior, sólo queda que las autoridades educativas y culturales del estado consideren estos beneficios de la lectura para promoverlos en los salones de clase y las bibliotecas. Ojalá.


Lee la primera parte aquí

 

Edición: Estefanía Cardeña