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del

Alia futura

Claudianas
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Sí, Yucatán es probablemente el mejor lugar para vivir en México. Tenemos seguridad, crecimiento, desarrollo, patrimonio cultural, maravillas naturales y somos, cada vez más, un melting pot que crea nuevas expresiones con inusitadas raíces firmes. 

Precisamente por eso, uno no puede pensar en una sociedad mejor posicionada que la nuestra para poner un ejemplo de lo que debe ser la gran revolución que todavía espera a México, la de los derechos humanos profundos, la que pondrá fin a una civilización que básicamente desde que se inventó la agricultura ha tenido en su entramado algún grado (muchas veces terrorífico) de opresión hacia la mujer. 

Hay estados en nuestra República en donde poner al frente de las prioridades sociales la agenda de igualdad para la mujer puede parecer un sueño, pues se tendrá la excusa (siempre será una excusa) de territorios ingobernables, violencia rampante, desigualdad social del todo disfuncional, fronteras conflictivas y decenas de problemas más. En Yucatán ese no es el caso. 

El Proyecto Yucatán existe y camina bien afinado, el gobernador Mauricio Vila le ha dado nuevas certezas y agilidades y el aspecto económico y de gobernabilidad lucen más robustos que nunca. Yucatán es ejemplo a nivel nacional de una política económica y de fomento empresarial de primera línea y la seguridad pública frente al crimen organizado es nuestra carta de presentación. De hecho, esos resultados dan vida y lógica a las aspiraciones presidenciales del titular del Poder Ejecutivo local. 

Si los que tradicionalmente han sido considerados como los cimientos de una sociedad funcional, en la versión más arcaica de la sociología y la teoría del Estado, son elementos robustos en Yucatán, por qué no atrevernos a un Proyecto Yucatán 2.0 que dé ese salto en los aspectos esenciales de la igualdad y la inclusión. 

Nuestro estado ya es, con mucho, la Suiza de México. No tenemos montañas, pero sí inversión, paz, calidad de vida, respeto por las leyes y somos el destino al que todos quieren llegar cuando las cosas se descuadran en sus estados. Atrevámonos ahora a ser la (península) Escandinava de nuestro país, una con una agenda social, humanitaria y de igualdad que potencie nuestras capacidades productivas, creativas y le dé nuevo sentido a lo que es ser una sociedad integralmente armoniosa. 

Esa agenda de igualdad de género no sólo es nuestra obligación moral, será también nuestra mejor inversión y el blindaje más resistente para los retos futuros que aparezcan en nuestra sociedad o se acerquen a nuestras fronteras. 

Aprovechemos que vamos un paso adelante y las cosas funcionan razonablemente bien, para dar un paso extra y hacer que el tejido social sea aún más robusto e igualitario. Esta generación que está construyendo un patrimonio tangible de infraestructura, servicios públicos, base productiva moderna y nuevos horizontes económicos que heredar a futuros yucatec@s, debe tener la altura de miras para heredar también el comienzo decisivo de la construcción de una herencia intangible y aún más valiosa en el largo plazo: la herencia de la igualdad para la mujer. 

Un Proyecto Yucatán tan consolidado debe crecer y expandirse, para construir no sólo prosperidad, sino también fraternidad, solidaridad, diversidad y justicia civilizatoria para la mujer, para que este estado sea de y para tod@s. Esa puede ser la noble base de una renovada singularidad yucateca. 

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Lea, del mismo autor: Differunt, non aeterna



Edición: Estefanía Cardeña


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