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Foto: María del Carmen Castillo

José Marcial Gamboa Cetina*

La cuestión de la muerte ha intrigado a la humanidad a lo largo de la historia. ¿Es el fin de la vida o el comienzo de algo más? ¿Cómo debemos despedir y conmemorar a los seres queridos para que puedan descansar en paz en el más allá? En todas partes del mundo, diversas culturas han compartido creencias y sentimientos en torno a los fallecidos, lo que ha dado lugar a costumbres específicas conocidas como ritos funerarios.

En primer lugar, estos rituales han buscado honrar la importancia de la persona fallecida, ya sea para la familia y amigos, la comunidad e, incluso en ocasiones, a nivel nacional. Un ejemplo de esto es la multitudinaria despedida al cantante Juan Gabriel hace unos años, que atrajo a cientos de miles de personas, o el legado perdurable de figuras como Pedro Infante, cuya muerte, aún se recuerda después de más de 60 años en todo el país. Incluso a nivel internacional, tenemos el caso reciente de la reina Isabel, cuyos funerales fueron transmitidos a nivel global y observados por más de 3 mil 400 millones de personas a través de la televisión e internet, y miles de personas de otros países se acercaron para despedirla, aunque fuera desde lejos para ver pasar la carroza fúnebre.

A pesar de que existen una gran variedad de tradiciones funerarias en todo el mundo, por lo general, todas ellas requieren ciertas normas, más o menos rígidas, en cuanto a la comida, bebida y vestimenta adecuadas, que varían de una cultura a otra. Por ejemplo, el color de luto entre los egipcios es el azul claro, en el extremo oriente es el blanco, mientras que en la mayoría de las culturas occidentales es el negro.

Por lo general, distintas sociedades comparten la creencia de que una parte invisible de la persona fallecida trasciende a otra vida, lo que comúnmente se denomina alma o espíritu en el mundo occidental. Sin embargo, también existe una ambivalencia hacia el alma de los fallecidos, ya que, al mismo tiempo que se honra, respeta y venera, también se le teme. Algunas culturas han tomado precauciones para evitar que el alma regrese al hogar, lo que ha dado lugar a costumbres como sacar a los muertos con los pies por delante, ya que se creía que si el cuerpo miraba el camino de regreso, podría regresar posteriormente.

Gran parte de lo que conocemos sobre las antiguas culturas, como la egipcia, la mesoamericana, la china y la inca, se debe al estudio de sus rituales funerarios, técnicas de enterramiento y ofrendas. A lo largo de la historia, la humanidad ha dejado evidencias de dichos ritos mortuorios, lo que ha permitido a arqueólogos, antropólogos, biólogos, paleontólogos y antropólogos forenses analizar esas “cápsulas de tiempo”. Estos expertos examinan los objetos y su contexto en las tumbas para determinar la cronología y el estilo de vida de culturas del pasado y muchos investigadores del INAH hemos tenido la fortuna de poder ser testigos de maravillosos hallazgos que nos permiten reconstruir la historia.

A los objetos enterrados junto a los difuntos se les conoce como “ofrendas funerarias”. Por lo general, los funerales de personas de la clase dominante incluían objetos costosos, como joyas, cerámica finamente decorada y máscaras funerarias. En algunas ocasiones, cuando el difunto era de gran importancia, se sacrificaban sirvientes, animales y esposas para ser enterrados junto a él. Con el tiempo, esta costumbre se modificó y se utilizaron réplicas en lugar de personas vivas. Pero también hay entierros modestos que arrojan otros datos, disposiciones corporales que permiten hacer interpretaciones o cuerpos que se encuentran en mejor estado debido a condiciones del suelo o técnicas empleadas como el embalsamamiento. 

Es por ello que, a lo largo y ancho del mundo, en culturas como la mesoamericana, china, egipcia e inca, se ha dado lugar a algunos de los hallazgos arqueológicos más famosos de que tenemos noticia, como el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en Egipto y las tumbas siete de Montealbán y de Palenque; en Oaxaca y en el área maya respectivamente de nuestro país. Encontrar estas cápsulas de tiempo nos permite imaginar pasados, reconstruirlos y con ello poder contar la historia de la humanidad.

*Doctor en antropología física del INAH- Yucatán.

[email protected]

Coordinadora editorial de la columna: 

María del Carmen Castillo Cisneros, profesora investigadora en Antropología Social

[email protected]

 

SSigue leyendo: El uso de la tomografía computarizada en Antropología Física



Edición: Estefanía Cardeña


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