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Foto: Juan Carlos Pérez

Este fin de semana comenzó a operar el Tren Maya, inaugurado en tiempo por el presidente Andrés Manuel López Obrador el viernes, con el recorrido San Francisco de Campeche-Cancún. El viaje era esperado por todos, tanto quienes se encuentran a favor como aquellos contrarios al proyecto.

Las críticas no se han hecho esperar. La más repetida es que la obra está inconclusa. Esto es cierto en cuanto a las estaciones y trabajos alrededor de la vía, pero especialmente en la parte del circuito que no entró en funciones; es decir, los tramos 5, 6 y 7. Sin embargo, el inicio de los recorridos es un golpe de autoridad y significa que no hay vuelta atrás. El Tren Maya no tiene otra que completar el recorrido y conectar a los cinco estados del sureste a través del tendido férreo, pero lo que hace falta es infraestructura secundaria y lo que tenemos en este momento es un ferrocarril que cumple con las condiciones necesarias para su operación, las cuales son perfectibles, pero era indispensable iniciar, o podía ocurrir lo que con muchos proyectos incluso individuales, que por esperar a tener todo lo que sus autores consideran necesario, nunca se completan.

Otra queja recurrente es el tiempo que se han llevado los viajes. Esto parece estar más en el terreno de las expectativas que de la información que se ofreció en cuanto al diseño del proyecto. El Tren Maya es diferente a la red japonesa o la francesa, que son un medio de alta especialidad; incluso la primera se distingue por su puntualidad. Sus similitudes son con los que operan en España o Estados Unidos, cuyo objetivo es ofrecer un traslado de la mayor cantidad posible de personas en condiciones de comodidad, no de lujo.

En cuanto al precio de los primeros viajes, debe señalarse que el Tren Maya no cuenta por el momento con una plataforma propia para la venta de boletos, y mientras estos se ofrezcan a través de un servicio privado, su adquisición implicará el pago de una comisión. Como han comprobado quienes adquirieron un viaje en taquilla, éste es más económico que mediante un intermediario.

Ahora, entre los pasajeros de los primeros viajes ha predominado la sensación de alegría más que de decepción por las demoras que se tuvieron. Pero también debe tomarse en cuenta que los más jóvenes no tenían experiencia previa de un recorrido en ferrocarril, y los que sí la tuvieron fue con trenes obsoletos que, a finales del siglo pasado, tardaban cuatro horas en llegar de Mérida a Valladolid; un viaje que se hace en 90 minutos si se va en automóvil.

Esto implica también recuperar una cultura del viaje. En lo que se hacen los ajustes de sensores electrónicos a lo largo de la vía, o se amplían éstas para permitir el cruce de convoyes y evitar colisiones, se experimentarán retrasos. En una época en la que se espera la inmediatez, estos recorridos implican también un grado de responsabilidad. A nadie debiera exigirse porque se aburre a bordo. Al contrario, quienes han viajado desde la península de Yucatán a la Ciudad de México en autobús esperan llegar a su destino en aproximadamente 24 horas, y contemplan que su alimentación en ese lapso va por su cuenta.

Es necesario puntualizar en otro aspecto: el movimiento económico, la oportunidad que brinda el tren para mover mercancías es algo que inició. Quienes salieron con la emoción de la aventura han tenido que consumir algo en su destino, pero estos primeros recorridos también han sido para los emprendedores que por el precio de su boleto aprovecharon trasladar unas cuantas cajas de mercancías que sin duda habrían tenido que enviar a través de un servicio de paquetería que les habría cobrado por kilogramo. El ferrocarril les ha significado un chance de establecer relaciones directas, personales, con sus clientes, lo que se puede traducir en una relación comercial más estrecha, y que durante el viaje estarán diseñando estrategias para hacer crecer su negocio.

La euforia irá bajando en las próximas semanas, aunque conforme vayan abriéndose más destinos en el circuito veremos también más movimiento de pasajeros que, a través de las ventanillas, irán reconociendo la diversidad del paisaje del sureste, a la vez que el servicio se ajusta a la demanda y amplía sus corridas, y al mismo tiempo establece controles de velocidad para cumplir con un horario. Hoy, el Tren Maya es una realidad a la cual le faltan detalles para acercarse al sueño que fue; pero lo importante es precisamente que ya es tangible y operativo.

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Lee: Tren Maya empieza su historia con retrasos, pero con esperanza

 

Edición: Fernando Sierra


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