El Tren Maya ha iniciado operaciones, al menos con el recorrido San Francisco de Campeche -Cancún. En los próximos meses, según se ha anunciado, el servicio ya será para todo el circuito programado, con horarios regulares, la eliminación de fallas técnicas que impliquen atrasos, y sobre todo, con más salidas.
Ahora, pareciera que hubo imprevisión por parte de los gobiernos locales en cuanto a la creación de infraestructura y servicios para facilitar el traslado hacia las estaciones, pues ninguna se encuentra dentro de las poblaciones que quedarán conectadas por el ferrocarril. La honrosa excepción es Yucatán, pero hasta ahora solamente en Mérida.
Por lo general, los aeropuertos se encuentran a una distancia prudente de cualquier asentamiento humano, y quienes viajan por avión suelen contemplar un gasto adicional en trasladarse desde el puerto aéreo a su destino final. Esto suele estar a cargo de autos de alquiler concesionados, autobuses, o también es posible abordar el metro o un tranvía a unos cuantos pasos. En el caso del Tren Maya, los sindicatos de taxistas han mostrado músculo y por lo pronto son los que dictan las tarifas para conectar las estaciones con el área habitada; esto es válido también para el aeropuerto Felipe Carrillo Puerto, recientemente inaugurado en Tulum.
Estos traslados son un problema en cuanto a que obligan a los viajeros a contratar el servicio con un reducido número de opciones, lo que se presta a abusos. De momento, la novedad del ferrocarril ha llevado a pasar por alto que alrededor de las terminales no hay un servicio regulado de transporte para el turismo, que queda expuesto a tarifas arbitrarias tanto por parte de las agrupaciones de taxistas como de las plataformas, que recurren al cobro “dinámico”.
Para los estándares de Campeche, por ejemplo, el servicio de taxi no suena elevado si se compara con el de Cancún. En efecto, la diferencia entre uno y otro es hasta de cinco veces. Un turista que cuenta con esta información antes del viaje, se prepara, pero en el caso de los locales, pensarán más de dos veces si este costo adicional vale la pena o es preferible recurrir a otro medio, incluso rentar un automóvil.
Mérida es una notable excepción. Aquí, el gobierno encabezado por Mauricio Vila Dosal emprendió la tarea de transformar el servicio de transporte público, una empresa que ha implicado la transformación de la capital yucateca en materia de movilidad. Aquí se construyó el Ie-Tram para conectar el municipio de Kanasín con la estación en Teya, y de ahí al centro de la ciudad, prolongándose al otro extremo, con el municipio colindante de Umán. La tarifa para turistas es de 45 pesos, sin necesidad de adquirir una tarjeta de acceso a todo el sistema Va y Ven (que se adquiere por cincuenta pesos). El Ie -Tram, como vehículo eléctrico, cómodo, y rápido por estar confinado a un carril exclusivo, es una respuesta sumamente inteligente para mantener accesible el servicio de transporte público y evitar abusos contra los turistas, algo que a mediano plazo termina por hacer daño al destino.
Cabe aclarar que el Ie-Tram es todavía una obra inconclusa. En cuanto ofrezca transbordos dentro de Mérida, su impacto en la movilidad será entendido como una transformación radical de la manera de trasladarse. Habrá quien lo utilice también para ir por panuchos a Kanasín, una idea que se escucha risible, pero significa realizar turismo en el área metropolitana de Yucatán, algo que hasta el año pasado resultaba imposible.
Brindar al viajero un abanico amplio de opciones para trasladarse cómodamente desde las terminales hasta el lugar donde se hospede o al punto en donde tenga un negocio por atender, termina siendo una tarea en la cual las autoridades locales tienen mucho por hacer, y en esta ocasión es necesario decir que Yucatán ha mostrado el camino.
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Edición: Estefanía Cardeña
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