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Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

El próximo 2 de junio, ya es sabido, se celebrarán elecciones presidenciales, pero también será el proceso electoral más grande que haya tenido México, al ser comicios concurrentes con el Poder Legislativo Federal, así como en nueve estados donde además de gobernadores se renovarán las legislaturas locales y los respectivos ayuntamientos.

Al respecto, el presidente Andrés Manuel López Obrador indicó este lunes durante su conferencia mañanera que se tratará de “un referéndum, un plebiscito en el que la ciudadanía elegirá entre dos proyectos de nación”.

Aunque el Presidente utilizó como sinónimos dos palabras cuyo significado es distinto, pues el referéndum tiene más el carácter de una consulta popular sobre el sentido de una decisión de gobierno y el plebiscito es para aceptar o rechazar una propuesta que concierne a la soberanía, demos por sentado que se trata de recurrir a un procedimiento de democracia directa en el cual, en efecto, se dirime el futuro del país.

Ahora, decir que existen en este momento dos proyectos de nación mutuamente excluyentes resulta una exageración. Por principio, la definición más básica de nación indica que ésta es el conjunto de habitantes de un mismo país regido por el mismo gobierno; en consecuencia, tendríamos que hablar de la calidad de ciudadanía que queremos alcanzar e igualmente de las cualidades que debieran tener los órganos de gobierno en sus tres órdenes y niveles.

Entonces, tampoco es que nos encontremos en un momento en el cual el voto nos brinde como opciones profundizar en la Cuarta Transformación o regresar a un pasado al cual se le escamotean logros. Es tarea de los partidos el demostrar que aquellos que han sido postulados son la mejor opción con que se cuenta en el momento para ofrecer a la ciudadanía, que a su vez puede demandar la información que considere suficiente para entregar su voto.

Según señaló el Presidente en su conferencia, en junio, la ciudadanía tendrá precisamente dos opciones: elegir entre continuar la transformación o “que regresen los de antes, los corruptos”, y continuó con varias puyas hacia la oposición.

Debe reconocerse también que los intentos por hacer un frente, una alianza entre los partidos que resultaron derrotados en 2018, tampoco han conseguido construir una narrativa que los muestre como una mejor opción para este los comicios de este año. Se ha enfocado constantemente en apuntar presuntas deficiencias en las obras realizadas por esta administración y en alimentar informaciones interesadas e incompletas. En pocas palabras, intentan torpedear la nave oficial, mientras descuidan la fortaleza de la propia.

Durante la conferencia presidencial, nada se dijo del candidato de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, que al menos en la boleta figurará como una tercera opción. La omisión puede interpretarse de varias maneras, entre ellas que se trata de un personaje irrelevante en la competencia electoral por la Presidencia, otra es que no representa proyecto alguno.

Sin embargo, para hablar de proyecto de nación se requiere de la ciudadanía, de quienes acudirán a las urnas y participarán como funcionarios de casilla, representantes de partidos y observadores electorales; incluso debe considerarse a quienes cumpliendo con los requisitos legales se abstienen de votar, porque con ese silencio también dicen que las opciones en la boleta no les representan.

Precisamente esa es la principal característica de la nación: que encuentra elementos con los cuales se identifica lo suficiente para escoger en una boleta a quienes la representen. Entre estos elementos se encuentran la historia, el territorio en que se vive, la cultura o la pertenencia a alguna etnia. Sin embargo, desde hace ya casi 150 años, la pregunta de qué es una nación se encuentra en la discusión académica y política. Hoy sabemos que la población no es homogénea y lo que parecía unirla hace dos décadas hoy es motivo de férreas disputas. 

Políticamente, quien encuentre qué une a los mexicanos en una causa común para mejorar su calidad de vida, puede resultar el gran líder del siglo XXI, por encima del actual Presidente. Esto porque las divisiones entre la nación, han sido fomentadas por las mismas banderías políticas y personajes que sin pudor alguno han saltado de un partido a otro. Una democracia participativa, directa, también castiga esos comportamientos.

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Lea, de la misma columna: Turismo: herencia y compromiso

 

Edición: Fernando Sierra


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