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Foto: Afp

La plenaria del Parlamento Europeo guardó ayer un minuto de silencio en homenaje a las víctimas de los ataques realizados por el grupo islamita Hamas en Israel el 7 de octubre del año pasado. Como se recordará, en una serie de asaltos relámpago, la facción armada asesinó a mil 205 personas, en su mayoría civiles, y capturó a otras 251, de las cuales 97 siguen cautivas y 34 habrían muerto bajo las bombas lanzadas por el propio Israel sobre la franja de Gaza.

El acto solemne y las declaraciones de mandatarios, funcionarios y personalidades en torno al aniversario del 7 de octubre exhiben en toda su ignominia la evidente parcialidad, el doble discurso, la hipocresía y la insensibilidad del órgano de una Europa que se jacta de ser defensora de la justicia y los derechos humanos. En estas manifestaciones no hubo una sola palabra para el segundo grupo de víctimas, el de las 41 mil 870 personas masacradas en Gaza por las fuerzas armadas israelíes –con armas provistas, principalmente, por Washington y los miembros de la Unión Europea– en el año posterior a la cruenta incursión de Hamas.

Tampoco se hizo referencia a los miles de palestinos secuestrados en Israel desde antes del 7 de octubre, ni a los cientos más que han sido tomados como rehenes en este año. Sus familiares no fueron invitados a dar testimonio sobre el dolor perpetuo que les causa ignorar el paradero y la suerte de sus seres queridos.

Para las sociedades que abrazan la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cada vida humana debe tener el mismo valor, y en este caso se ha callado sobre un grupo de víctimas que es 40 veces más numeroso y que se conforma en su abrumadora mayoría por civiles, incluidos bebés aniquilados a los días o semanas de haber nacido. Al erigir un muro de silencio entre víctimas buenas y malas, memorables y desechables, el evento de pretendida humanidad se convirtió en un agravio a cualquier sentimiento humanitario, reflejo del persistente racismo y de la compulsión colonialista que carcomen a las instituciones y sociedades occidentales.

La diferencia en el trato hacia los muertos, los heridos, los rehenes, los huérfanos, los traumatizados y los que languidecen por falta de comida y medicamentos –este último grupo, conformado en su totalidad por palestinos– es también insultante por las diferencias abismales entre los victimarios. Los asesinados en los abominables ataques de Hamas fueron víctimas de un grupo armado considerado ilegal por todo Occidente, mientras que los palestinos perecen todos los días bajo el fuego de un Estado con asiento en organismos multilaterales y que, en el papel, se adhiere a los principios y códigos acordados por la comunidad internacional.

Como dijo la presidenta del Parlamento Europeo: "nada podrá justificar jamás los asesinatos en masa, las violaciones, los secuestros y las torturas indiscriminadas que tuvieron lugar hace un año". Tampoco los perpetrados de un año a la fecha por el régimen de Benjamin Netanyahu. La omisión de una muestra de compasión para con las víctimas civiles palestinas no sólo es una brutal asimetría moral, sino una incitación a continuar el genocidio.

Edición: Estefanía Cardeña


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