Opinión
Rulo Zetaka
28/08/2025 | Mérida, Yucatán
Estaba revisando mis notas, mis compras y el libro. Resulta que no logro dar con la llegada del libro a mi biblioteca. No sé si se escabulló en mi memoria, se perdió o simplemente brotó de pronto, pero el micelio de las ideas del autor se sigue expandiendo dentro de mi cabeza.
El planeta de los hongos, una historia cultural de los hongos sicodélicos (Anagrama, 2024) de Naief Yehya es un viaje y no solamente por las razones obvias. A lo largo de la lectura, el autor recorre su propia biografía junto con la de muchos seres humanos que se relacionaron de formas muy particulares con un reino que apenas se empezó a conocer hace unas cuantas décadas.
Tengo que confesar que Naief es un tipazo, ese calificativo que le damos a las personas que desde el primer contacto nos parecen no solo amables, sino interesantes y con ganas de compartir. En la pasada Filey tuve la oportunidad de entrevistarlo en la cúpula de La Jornada Maya y justo antes de comenzar la entrevista, Lluisa de editorial Anagrama, le mostró a Naief la portada de un pequeño fanzine que estaba perdido en la feria. La sonrisa de Lluisa hizo sintonía con la de Naief al hacerle notar el hongo en la portada del fanzine, y que el autor de ese librito era quien le iba a entrevistar.
Durante toda la charla, Naief navegó a galope, contestaba las preguntas con una agilidad que me sorprendió y disfruté muchísimo escucharlo enterrarse en sus historias.
La historia de los hongos es una historia con los hongos, y probablemente también una para los hongos que nos harán retornar al humus y volvernos parte de ellos. En el libro, Naief nos narra cómo la humanidad ha caminado de la mano de numerosas especies de este reino y él se centra en las más coloridas, a las que llamamos psicodélicos.
El autor nos propone una simbiosis en el texto, el ensayo, un género que a veces puede ser muy formal, rígido y académico, se desdobla robándole herramientas a otros géneros. Mi ejemplar tiene varias banderitas, que surgen de las páginas apuntando hacia lo que no se ve de manera aparente. La primera es de un naranja intenso y señala una de mis historias favoritas del libro que tienen que ver con tal vez el hongo más conocido de los videojuegos: el amanita muscaria que hace grande a Mario Bros.
El amanita se caracteriza por el sombrero rojo de puntos blancos, y nos narra Naief que en sus investigaciones encontró que los chamanes siberianos le hacían honor al sombrerudo que les hacía viajar a otros lugares de la conciencia vistiéndose de sus colores y regalando amanitas muscarias en cierta época del año. No sé si quien lee este texto se pueda imaginar que otro señor, un poco esotérico, vestido de los colores del amanita muscaria, suele regalar cosas en una época específica del año.
Entre las historias, también nos lleva al camino recorrido en el territorio al que llamamos México, que se caracteriza por una relación ancestral con el reino fungi. Nos cuenta los secretos de los norteamericanos que se obsesionaron con María Sabina y cómo estas obsesiones violentaron a las personas que tienen relaciones ancestrales mientras llevaban a muchas personas de otras latitudes a cabalgar sobre los lomos de la psilocibina.
Naief nos permite al ver su investigación que hay que reversionar algunos de los refranes, por ejemplo, propongo “la curiosidad viajó al gato” para reducir las imágenes violentas sobre felinos y mejor relacionar el refrán a través de los animales que al explorar cerca de las setas hemos visto que reciben efectos similares a los nuestros.
Quisiera destacar antes de que nos vayamos de este texto, que quien se aventure conscientemente al planeta de hongos de Naief también tendrá que reconocer el rol activo que juega la agencia central de inteligencia de Estados Unidos (CIA) en la pachequez y demás viajes que los seres humanos tienen en estos tiempos.
Y digo en el párrafo anterior conscientemente porque en realidad, vivimos en el planeta de los hongos, con apenas unas décadas de investigación podemos reconocer que son parte fundamental de la red trófica que permite a la vida multiplicarse. Por ello, les invito a que, como Naief, toquen suelo con este libro, les ayudará a hacer base para entender un mundo mucho más complejo de lo que imaginamos y tal vez, pueda permitirles sentir lo que yo siento de hace unos años: de grande quiero ser un hongo.
@RuloZetaka
Edición: Estefanía Cardeña