Opinión
Felipe Escalante Tió
28/08/2025 | Mérida, Yucatán
Una de las grandes obras de la Revolución Mexicana, o más bien de los gobiernos que siguieron a la rebelión de Agua Prieta, es la organización de la estructura de la educación pública para convertir las escuelas porfirianas, que mayormente dependían de los ayuntamientos, a una destinada a la atención de las masas populares.
Junto con el impulso que dio el gobierno federal, con la creación de la Secretaría de Educación Pública y la labor de José Vasconcelos en ella, muchos gobiernos estatales actuaron con la creencia de que la escuela sería un espacio para la redención de quienes por décadas habían sido explotados, sufriendo abusos y engaños de todo tipo.
Precisamente a principios de la década de 1920, Yucatán estuvo entre los estados que más destacaron por la creación de escuelas en todos sus niveles, pero también por la formación del magisterio. Si bien se tiene a la fundación de la Universidad Nacional del Sureste como el mayor logro del gobierno de Felipe Carrillo Puerto en materia educativa, lo cierto es que hubo una labor muy fuerte para que los hijos de sirvientes de las haciendas henequeneras, indígenas, aprendieran las primeras letras. La época dejó, además, testimonios de la idea que animaba el fomentar este aprendizaje, que es la creación de ciudadanos que pudieran impedir cualquier abuso, especialmente que se pagara menos a quienes trabajaban en el campo, alegando supuestas deudas o aprovechando la ignorancia de la aritmética.
Pero la gran preocupación en el ambiente, al menos el de Yucatán, fue qué enseñar a esta población que comenzaba a acceder a la escuela. En el diario El Popular, en su edición del 26 de julio de 1922, encontramos una rareza para la publicación: una fotonota compuesta por cuatro imágenes en las cuales hallamos a maestros cuyos nombres quedaron incrustados en la historia local.
Con el título “Cómo se labora en Yucatán en pro de la educación pública”, el collage da cuenta de cómo se estaban llevando a cabo los cursos para docentes, previo al inicio del año escolar. El pie de foto sigue una numeración, una práctica que durante varios años se realizó en los periódicos cuando se publicaban secuencias de imágenes y, en sus archivos, aún es posible encontrar las impresiones originales de las fotografías, unidas con una cinta adhesiva y el número marcado a tinta. Para esta composición, la primera corresponde a una conferencia sobre biología que impartió el doctor Eduardo Urzáiz “ante los Profesores de Mérida y Progreso”, seguida por “El Prof. Víctor Montalvo ante un numeroso grupo de maestros del interior del estado”, hablando de “las bondades del método Best para la enseñanza del dibujo”. Luego, de nueva cuenta, un retrato del doctor Urzáis, “una de nuestras intelectualidades consagradas a la noble tarea de la Educación popular”, y por último el profesor Agustín Franco [Villanueva], “maestro meritísimo a quien se debe la iniciativa de los cursos de preparación social y pedagógica que se está impartiendo a los maestros”.
Los hombres retratados, cabe mencionar, se encontraban en la primera línea del gobierno socialista en lo que a educación se refiere. Urzáis fue el primer rector de la Universidad Nacional del Sureste, mientras que Franco Villanueva fue diputado federal durante el gobierno de Carrillo Puerto. Pero El Popular revelaría mucho más.
A continuación, en una columna un tanto apartada de las imágenes, seguramente porque el cajista no tuvo muchas opciones de diseño, aparecen tres párrafos que funcionan como editorial sobre estos cursos de preparación social y pedagógica, resaltando que incluso “nuestros opositores sistemáticos” estaban de acuerdo en que “la ímproba tarea de reformación social, no habrá de realizarse bruscamente”, y que esta lucha debía comenzar “allá en donde la humanidad comienza a espigar con los dones naturales de su inteligencia y de su acción”, que es en la infancia.
Pero sobre esos opositores, El Popular agregaría que “cuando, en medio del mayor entusiasmo todos los Maestros del Estado se concentran en esta capital para recibir los cursos de preparación social y pedagógica y cuando con el mayor desprendimiento el Gobierno no escatima gasto alguno por tal de que estos movimientos iniciales de reforma se hagan cristalizar en hechos en la infancia, la prensa asalariada del Capital, de la clerecía, de los intereses creados en general, cumple con su misión retardaría. No ataca, porque no tiene tela en qué cortar; porque se está convenciendo de que quienes anhelan una reforma social no son los impulsivistas ni los inconscientes”.
Y esa prensa no atacó. Personalidades como el doctor Urzáis eran de gran prestigio, pero es necesario reconocer que la obra educativa del gobierno socialista incluía la imposición del idioma español y muchos niños sufrieron castigos físicos por hablar maya en la escuela, pero eso es materia de otras notas, y otros tiempos.
Edición: Estefanía Cardeña