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Foto: La Jornada

La semana pasada, un episodio vergonzoso en el histórico recinto del Senado, en la calle de Xicoténcatl, capturó la atención de la nación. Mientras se entonaba el Himno Nacional, Alejandro Moreno, un político que enfrenta múltiples acusaciones, subió al estrado acompañado de seis legisladores para confrontar a Fernández Noroña, presidente de la mesa directiva del Senado. Diversas cámaras de grabación registraron el altercado desde múltiples ángulos, ofreciendo un testimonio visual innegable.

La agresión del grupo priista puede interpretarse desde dos perspectivas. La primera, una planeación metódica y casi militar: cuatro individuos cubriendo los flancos para impedir la huida y dos más listos para la agresión. El objetivo aparente: golpear al senador de Morena y, de paso, desviar la conversación nacional que en ese momento estaba centrada en la polémica de la presunta “traición a la patria” por pedir intervención en Estados Unidos. De esta manera, Moreno buscaba victimizarse, aprovechando el momento clave de la llegada de la nueva Corte y el informe de gobierno.

La segunda interpretación sugiere que la agresión fue el resultado de la frustración por un acuerdo incumplido. Si esta es la verdad, demuestra que un personaje con un poder considerable y fuero legislativo es propenso a reacciones desequilibradas, originadas en la corteza del lóbulo frontal como dicta la neurología,  lo que representa un peligro para la estabilidad del país.


Verdades a Convenir: Medios y Agendas Ocultas

A pesar de que las cámaras registraron la verdad de lo sucedido, la narrativa mediática se polarizó de inmediato. Para el senador morenista, fue una agresión directa al presidente del Senado. Para el grupo agresor, que incluso llegó a patear a un ciudadano en el suelo, fue un acto “necesario para educar a chingadazos al barbaján” como señaló un exaltado Alejandro Moreno en su conferencia de prensa. Este suceso, que en sí mismo era un acto de violencia transmitido en directo, fue eclipsado por un tema que venía gestándose en la radio: la supuesta compra de una casa de 12 millones de pesos por parte de Noroña. El golpe se estaba preparando.

La consumación de la agresión expuso la tendencia de gran parte de los medios de comunicación, que se volcaron en apoyo a Alejandro Moreno, criticando los excesos de Noroña. Periodistas como Pepe Cárdenas de Radio Fórmula intentaron desviar la conversación con preguntas jocosas, a lo que Noroña respondió con contundencia:

"No me hacen gracia tus comentarios..." “Sean serios por una vez en su vida”.

Este evento le quitó la máscara a una parte de la radio, la televisión y algunos medios impresos. El debate se desvió a la mansión de Tepoztlán de Noroña, mientras que el historial de Moreno, que incluye investigaciones y al menos cinco carpetas abiertas, como había advertido días antes la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, fue ignorado. El análisis de programas como Tercer Grado calificó el suceso sin siquiera mencionar el historial de Moreno, centrándose en el supuesto carácter "facineroso" de Noroña, como lo calificó Leo Zuckerman.

La presidenta de la República intervino en su conferencia matutina, calificando lo ocurrido como un linchamiento mediático y un acto "porril" de la derecha.

La forma en que la mayoría de los medios de comunicación cubrieron este evento es una  declaración  abierta de su tendencia e inclinación política. Se manifiestan como un actor político más, buscando crear opinión y marcar la pauta para las elecciones de 2027.

La presidenta, con un 70% de aprobación, reforzó su mensaje en su informe de gobierno, afirmando que “la Cuarta Transformación no sólo continúa, sino que se profundiza”, un proyecto ideológico que busca alejarse del neoliberalismo y que, según el discurso oficial, ha mejorado la vida de millones de personas. En su informe, la presidenta enfatizó que “ en México no hay represión ni censura, y que se vive la mayor libertad de expresión de la historia”  y si... Hay libertad  al grado que algunos comentaristas llegan al exceso como el caso de Alejandro Moreno y sus amenazas.  


Paso de Gato

En Acapulco, la Secretaría de Marina ha iniciado la operación del Marinabus. Este barco no solo funciona como medio de transporte, sino también como un paseo turístico para apreciar una de las bahías más hermosas del mundo. Con un costo de $60 pesos el boleto redondo para nacionales, el Marinabus democratiza el acceso a este tipo de paseos, conectando Puerto Marqués con el centro de la ciudad. Una idea innovadora que podría replicarse en otros puertos, como de Progreso a Celestún o al Cuyo.


Edición: Ana Ordaz


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