Opinión
Normando Medina Castro
14/01/2026 | Chetumal, Quintana Roo
En el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y sus aliados, los demonios de la codicia y las ambiciones alejadas de los ideales y los valores, ya están sueltos, más allá de simulaciones e hipocresías, ante la cercanía de la definición de candidaturas para las elecciones intermedias de 2027 con 17 gubernaturas, diputaciones federales, Congresos Estatales y ayuntamientos en disputa.
La definición de candidaturas para el proceso electoral de mediados del año próximo se adelantará y será en el mes de junio de este año. Todos los cargos que se disputarán son importantes, pero las gubernaturas son la joya de la corona.
Los aliados de Morena, el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo, junto con los infiltrados empoderados al interior del guinda, se juegan sus cartas: el forcejeo, chantajes, presiones, amagos, “acalambres”, para buscar doblegar la voluntad de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, a su favor. El PVEM y el PT se vieron afectados por la decisión de Morena, a sugerencia de la mandataria, de aplicar la ley anti-relección y anti-nepotismo a partir de las elecciones de 2027, aunque la vigencia aprobada en el legislativo, por presiones de los enemigos internos, fue para 2030. El coordinador de los senadores de Morena, Adán Augusto López, quiere posiciones. El coordinador de los diputados, Ricardo Monreal, también busca cargos para sus afines, incluida la gubernatura de Zacatecas, actualmente en manos de su hermano David, aunque ya haya declarado que su otro hermano, el senador Saúl no buscará la candidatura. Juegan con fuego.
Monreal y Adán Augusto, igual que el PT y el Verde, usan para presionar a Sheinbaum, las Reformas venideras, sobre todo la electoral que implica el fin de los diputados y senadores plurinominales, así como la disminución de los recursos entregados a los partidos. Ricardo Monreal, como ariete, declaró a la prensa que la reforma electoral solo será aprobada con los votos del Verde y el PT, los cuales deberán ser negociados, aún cuando son aliados. El gobernador Verde de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo. quiere dejar a su esposa, la senadora Ruth González como sucesora, y creó una ley estatal conocida como “Ley Esposa” para que la gubernatura sea disputada solo por mujeres, lo cual es un manejo burdo de la paridad que Sheinbaum comentó que es inconstitucional. Gallardo no decretó la ley. Fiel al estilo Verde evitó el choque frontal, para apostar a la simulación y el chantaje con los votos que tienen en el legislativo federal. Así obtuvieron las gubernaturas de San Luis Potosí y Quintana Roo en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, las circunstancias han cambiado. La presidenta Sheinbaum tiene más hilos del poder bajo su control. El Poder Judicial federal y la Fiscalía General ya no está en manos de opositores, ni los órganos autónomos, ni los fideicomisos, etcétera. El gobernador de San Luis Potosí Ricardo Gallardo y la gobernadora de Quintana Roo Mara Lezama podrían perderlo todo. No existe un “Verdismo”, ni un “gallardismo”, ni un “marismo”, más bien un “marasmo” que es según diccionarios, “inmovilidad en lo moral o en lo físico”. Las mayorías son de Morena que tiene como máxima guía a Sheinbaum Pardo. Más dura que AMLO, como él mismo lo señaló y no parece que verdes, petistas, Adán, Monreal y similares, aguanten su réplica. Al tiempo se verá. En fin, son cosas que pasan en nuestro país y en nuestro caribeño Estado.
¡Hasta la próxima!
Edición: Fernando Sierra