Opinión
Miguel Cocom
22/01/2026 | Mérida, Yucatán
“Serenata cuyo Yucatán eres”
Miguel González Avelar
Un palíndromo es una frase, palabra o secuencia que puede leerse igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Avanza y regresa sin perder el sentido o, en ocasiones, ganándolo, como si el lenguaje se mirara en un espejo. Por eso no es raro que a quienes se dedican a su estudio y creación les guste pensar en ellos como círculos: figuras cerradas, autosuficientes, que se muerden la cola.
En los círculos palindromistas, aunque suene a pleonasmo, porque todo palíndromo ya es un círculo, es muy común buscar nombres de lugares, ciudades o países susceptibles de leerse igual al derecho y al revés. La toponimia, con sus repeticiones, vocales abiertas y consonantes simétricas, suele ser un terreno fértil para este tipo de juegos.
Algunos de los casos más citados son el de Neuquén, en Argentina; Qaanaaq, en Groenlandia; o Akasaka, en Japón. También hay ejemplos menos conocidos como Okonoko, que aunque suene oriental está en Virginia Occidental, o Wassamasaw, en Carolina del Sur, que de acuerdo con algunas fuentes es el palíndromo toponímico más largo conocido. Otros, sin embargo, aseguran que ese uróboro honor le corresponde a Anahanahana, en Madagascar.
Pero no hay que irse tan lejos para encontrar palabras que se leen igual al derecho y al revés. En Yucatán también hay nombres de municipios y comunidades que se muerden la cola, o que al menos permiten construir palíndromos si se les añade una letra o una sílaba a la izquierda o a la derecha. Vayamos por partes.
De los 106 municipios del estado, Abalá, el primero en orden alfabético, bien puede formar parte del palíndromo: “Alaba a Abalá”. Con Baca se puede construir “La Baca cabal”. Con Bokobá basta agregar una A al inicio: “A Bokobá…” y ya tenemos el arranque de un posible texto reversible.
Con Dzan se puede intentar algo más ambicioso, como “Zurce Dzan etapa tenaz de cruz”. Con Hocabá: “Avise Hocabá cohesiva”. Ixil es otro municipio con un eje palindrómico bien definido, “ixi”, al que solo hace falta añadirle una L del lado izquierdo para abrir varias posibilidades. Algo similar ocurre con Kaua, que tiene las letras bisagra “aua” y que con una K del lado derecho promete juego.
Mama, por su parte, parece pedir a gritos un palíndromo: pocas palabras avanzan y retroceden con tanta naturalidad. Y con Maní, combinada con la palabra dinamita, siempre existe la tentación de hacer estallar algo.
“Luto maya: maíz a rojo. Razia maya. Motul” es un palíndromo que bien podría dedicarse a Felipe Carrillo Puerto, nacido en esa tierra de Yucatán. Con Peto se puede decir “Así Peto te pisa”. Con Seyé, incluso un palíndromo bilingüe: “Seyé, yes!”. Con Sotuta: “A tu tos, Sotuta”. Y con Ticul: “Lucí todo Ticul”, una frase que puede desdoblarse cada vez más por ambos lados, siempre que la paciencia lo permita, como suele suceder con estas figuras retóricas.
Hablando de la capital del estado, con Mérida se puede formar algo como “A ti Mérida, nadir emita”. Y así llegamos al palíndromo capital de los municipios yucatecos: Ucú, una comunidad de alrededor de cuatro mil habitantes y el único municipio que es, en sí mismo, un palíndromo perfecto entre los 106 que conforman el estado. No sería descabellado imaginarlo como sede de alguna futura reunión del Club Palindromista Internacional.
Eso sí, también hay municipios en Yucatán que parecen resistirse al juego, al menos en lengua española, tal vez otra cosa sería en lengua maya. Aquí algunos ejemplos, por si algún valiente quiere intentarlo: Tixcacalcupul, Tahdziú, Sanahcat, Oxkutzcab, Dzoncauich, Dzidzantún, Chikindzonot o Buctzotz.
Tal vez no todos los nombres quieran regresar sobre sus pasos. Pero ahí está el reto: forzar al lenguaje a mirarse de frente, caminar de ida y vuelta por el mismo camino y descubrir que, a veces, Yucatán también se lee en espejo.
* Miembro del Club Palindromista Internacional.
Edición: Estefanía Cardeña