Opinión
Francisco J. Rosado May
09/02/2026 | Mérida, Yucatán
Inicia un año más para el desarrollo de la ciencia en México, la cual se hace a través de centros especializados, cobijados por la nueva Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, o en instituciones privadas o públicas, como las universidades y los tecnológicos.
Lo que tiene el país hoy es lo que servirá para posicionarse a nivel local e internacional. Una simple consulta en internet arroja que las tendencias más importantes de la ciencia se relacionan con biotecnología para el desarrollo de la biomanufactura sin células para producir proteínas, enzimas o sustancias químicas sin organismos vivos no fermentación; un mayor desarrollo de la inteligencia artificial pero con sólido control ético; terapias génicas personalizadas, análisis de sangre para detectar más tipos de cáncer, el retorno a la luna o llegar a Marte y todo lo que implica en ingeniería, física y otras ciencias y tecnologías; el tema nuclear y sus aplicaciones; el uso de tierras raras y posibles sustitutos por el alto nivel de contaminación que conlleva su extracción; atención al reto de producción sostenible de alimentos para un planeta que sigue viendo cómo crece la población humana y sus problemas.
Son varios los factores críticos que se necesitan para desarrollar un alto nivel de ciencia que atienda los retos nacionales y, al mismo tiempo, que se mantenga competitiva a nivel internacional. No basta con saber que hay aumento presupuestal para investigación científica; de acuerdo con Toche (El Economista 26-12-2025) para 2026 se definió la cifra de poco más de 37 mil millones de pesos para Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Toche señala que aun con este aumento los centros operan bajo una lógica de subsistencia y crecimiento mínimo y que no se beneficiarán los estados.
Los recursos financieros deben atender tanto un buen nivel de salarios como la implementación de infraestructura como laboratorios, acceso a información, movilidad académica, publicaciones, reuniones científicas, etc. Además de la disponibilidad de recursos se requiere formación continua de futuros investigadores con alto nivel, con enfoque transdisciplinario, pero a la vez suficientemente especializados.
Suponiendo que se tienen los suficientes recursos y un buen plan de trabajo para la implementación de programas de investigación con base en los retos del país y manteniendo la competitividad internacional, ¿Qué pasa si los responsables de implementación no tienen la suficiente formación ni experiencia para dirigir los procesos? ¿Qué pasa si en el proceso predomina la burocracia con la consecuente pérdida de tiempo valioso? Claramente habría desperdicio del recurso financiero.
En la práctica hay una especie de lucha de predominio en el funcionamiento de una institución que se dedica a la formación de profesionistas y a investigar. ¿Quién tiene la batuta en la implementación de procesos? ¿La parte académica o la parte administrativa? Lamentablemente la percepción es que la administración dirige los procesos, lo que implica burocracia, muy baja eficiencia, poca productividad, etc. El argumento es que así se evita corrupción e impunidad, pero los trámites se hacen más largos y tediosos, al grado que desincentivan la buena investigación, la captación de recursos externos, etc. La contradicción es que México sigue teniendo muy malos indicadores de corrupción y mal desarrollo en investigación. Lo malo también es que cuando hay académicos guiando los procesos, no eliminan la burocracia.
Pero debe haber solución, y debe suceder pronto.
Es cuanto.
Edición: Fernando Sierra