Opinión
Cristóbal León Campos
24/02/2026 | Mérida, Yucatán
La Nueva Escuela Mexicana (NEM) ha buscado abrir desde sus inicios un nuevo panorama en el contexto educativo de México, no solo por ser parte del Plan de Estudio 2022, mismo que acompaña una idea diferente de nación gestada luego de un largo camino en el que los acontecimientos históricos, socioeconómicos y culturales tienen un gran peso, por ser la síntesis de un deseo y un proceso mayor: la lucha por una sociedad más justa basada en el respeto a los derechos inalienables de los seres humanos, particularmente al derecho a una educación pública, crítica, comprometida y transformadora.
Foto: Luis Castillo / Archivo
Los Libros de Texto Gratuitos (LTG) planeados, concebidos y elaborados con base en el trabajo colaborativo de miles de docentes de toda la República Mexicana, son, sin duda, el mayor reflejo de ese ideal que la NEM estipula en sus principios filosóficos y epistemológicos, pues la construcción colegiada facultó, entre otras cosas las siguientes: el diálogo de iguales entre docentes; la ruptura con el paradigma de superioridad intelectual cultivada por el neoliberalismo al dar la voz al magisterio mexicano como un integrante intelectual generador de saber; y el codiseño de materiales educativos desde la base docente, partiendo de la experiencia en el aula y la comunidad, son evidencias de que, desde el principio, la NEM se proyectó a sí misma como un camino necesario para lograr una educación crítica y transformadora, ya que el primer gran cambio fue el regresarle al magisterio el papel central del proceso pedagógico, sumándole a la comunidad como un todo indivisible, con un engranaje perfectible y en constante renovación, que tomando como punto de inicio la realidad vaya dando los pasos necesarios para superar las brechas de desigualdad educativa y, a la vez, de inoperancia burocrática.

Foto: Luis Castillo / Archivo
Los LTG de la NEM, en sus páginas, dieron luz a contenidos negados e invisibilizados años atrás por el autoritarismo, incluyendo dolorosas verdades sobre crímenes de Estado, represiones, torturas y desapariciones forzadas, como son los casos de la Guerra Sucia, Tlatelolco y Ayotzinapa, pero también dieron su justo lugar en la memoria histórica del pueblo mexicano a luchas magisteriales y sociales que son hoy los cimientos de la esperanza de un mejor mañana y de una sociedad más justa. Por eso, la modificación de dichos contenidos, la eliminación de información tan importante de conocer, divulgar, estudiar, analizar y comprender no es un punto negociable cuando hablamos de educación pública, democrática, crítica y transformadora, pues tan solo concebir la idea de volver atrás y acallar las voces del magisterio nacional que se sumaron a esas páginas para discutirlas y plasmarlas, sería un nuevo crimen de Estado. Silenciar las verdades por intereses personales o privados, no es más que sumirse en la decadencia moral y ética que aún subsiste como un resabio neoliberal que busca resurgir para destruir lo poco o mucho que se ha avanzado. Y el silencio ante estos hechos es cómplice y sumamente preocupante, es una señal antidemocrática y acrítica, tal y como ha sido la sinrazón de los crímenes citados. No se trata acá de simples modificaciones de forma mediante estrategias pedagógicas, se trata de la idea de una nación crítica e informada y de cuáles son sus cimientos.

Foto: Luis Castillo / Archivo
La NEM es resultado de un proyecto socio-histórico de lucha, es una respuesta de política pública a la privatización de la educación y al desprecio sistemático que durante décadas dominó el panorama nacional contra el magisterio. La NEM es parte de la toma de conciencia educativa, es una crítica al sistema mismo y al mismo tiempo es una propuesta de rectificación para superar esos resabios neoliberales que pesan aún hoy, es un acto dialéctico de compromiso y de justicia, y claro que es perfectible como todo hecho humano, pero no es renunciable frente a las propuestas de desmemoria y de contubernio privatizador, no es renunciable ante el intento de silenciar demandas magisteriales y sociales que hoy son parte de la historia de México. Además, su apuesta está en la maduración de la conciencia crítica desde la infancia, y esto es otorgar el derecho negado al pueblo de tomar en sus manos su propio destino, algo, que aún hoy, muchos intereses y personajes no desean se logre, pues saben que los días de los privilegios oscuros llegarán a su fin, justo cuando dejemos de atacar a la educación pública y la apoyemos a transformar las raíces más profundas de nuestra sociedad, partiendo, como la NEM propone, desde la realidad, la comunidad, el aula y, sobre todo, la conciencia social.
Edición: Fernando Sierra