Opinión
José Juan Cervera
25/02/2026 | Mérida, Yucatán
La literatura de los creadores nacidos en Yucatán funda una parte de su prestigio en aquellos que, en busca de medios más firmes para dominar su oficio, abandonaron el terruño hace varias décadas con el propósito de establecerse en la capital del país; ahí asistieron a talleres en su ramo, fundaron editoriales independientes y publicaron en otras ya consolidadas, dándose también a conocer en suplementos y secciones culturales de periódicos muy leídos; la convivencia con sus pares fue un aliciente más en una época en que los apoyos y los estímulos para desenvolverse en esta actividad eran mínimos si se comparan con los que se implantaron en tiempos más recientes. Así fue como Raúl Renán, Juan García Ponce, Raúl Rodríguez Cetina y Agustín Monsreal, por mencionar a unos cuantos, abrieron brecha con talento y empeño en años difíciles. Antes de ellos, los siglos XIX y XX aportaron nombres reconocidos por cimentar una tradición significativa que en ocasiones se evoca sin abrevar en sus fuentes originarias.
Las letras actuales ofrecen muestras dignas de aprecio en sus variados géneros. En la narrativa, Carlos Martín Birceño destaca con una producción constante que lo acredita en prueba de su mérito. Los secretos vivos (Ciudad de México, Editorial Lectorum, 2025) ratifica la madurez de su pluma dando continuidad de contenido, en alguna medida, a El reino de la desesperanza (2024), que el mismo sello editor incluye en su colección Marea Alta. En ambos libros de cuentos los lazos afectivos presiden una atmósfera de rupturas y discordias, de incomprensiones mutuas y voluntades voraces que se resisten a explorar a fondo el universo sensible que da sentido a una experiencia compartida.
Las historias tersas y ceñidas de Los secretos vivos se sitúan en tres apartados que hacen referencia a proloquios y frases populares sugiriendo la idea de que la vida cotidiana provee muchas nociones que, por lo general, las personas no se detienen a cotejar con las motivaciones reales de los demás, retrayéndose en el cómodo ejercicio de juzgar su conducta aplicando moldes que se aceptan como patrimonio común, tal como dicta la cultura dominante. Los mitos y los dilemas que gravitan en la adolescencia, con ritos de pasaje y acciones gregarias, la iniciación sexual, la sorda competencia distintiva de su grupo de edad, el homoerotismo, el acoso y las pulsiones que rondan los caminos incipientes de un recorrido en lontananza son aspectos que se dejan ver en una primera sección del libro, la cual comparte algo del clima palpable en el título de 2024 ya mencionado, rasgo que acentúa su parentesco temático en aproximaciones nuevas a una veta fecunda.
Los personajes que figuran con más años vividos sondean formas de ampliar las conexiones del ser en sociedad, nunca exentos de postraciones y fracasos: apetencias furtivas, crisis lacerantes, afecciones orgánicas, desajustes psíquicos, viajes de trabajo y de placer alineados con expectativas a las que alguna contrariedad habrá de apartar de los planes trazados, deslices extramatrimoniales y reacomodos tácticos. En apego de normas heredadas juegan sus cartas bajo la luz caprichosa de recuerdos y deseos, obsesiones y remordimientos, sin la certeza de ganar acordes con las reglas de una civilización anquilosada que asfixia vías alternas para satisfacer carencias diversas, figuras indispensables en el funcionamiento de su orden restrictivo.
Puede ocurrir que las señales que lanza la contraparte en una unión legítima o no, aun con visos de claridad, dejen margen a la duda y al reforzamiento de prejuicios propios; la decisión que se tome, cualquiera que sea, traerá dejos de amargura que oscilan entre la carga simbólica del bien perdido y el tajo redentor que derrama bálsamo sobre llagas inveteradas apuntando seductor hacia vivencias que han de quedar a resguardo de la inventiva frustrada. “Pero mientras escuchas el ritmo de su respiración cada vez más trabajosa te das cuenta de lo doloroso y complicado que resulta imaginar el resto de tu vida sin su presencia. Te has acostumbrado tanto a su compañía que, después de su muerte, quizá ya nada valga la pena”.
Igual que en El reino de la desesperanza, el volumen contiene relatos en que la escritura creativa es una disciplina que abrazan algunos sujetos de la acción, bien como elemento central de la trama o como referencia secundaria, faceta que entraña un signo de identidad gremial que el autor incorpora en sus textos. Fuera de ello, la parte más importante de las configuraciones secretas de la vida tal vez resida en los acontecimientos que transforman, en breve lapso, la sutileza de trato en desplantes incisivos, las actitudes espontáneas en arrogancia y las zonas de encuentro íntimo en nudos perturbadores. La vitalidad oculta, con formas de dominio agazapadas y ansias de emancipación, las más de las veces fallidas, apenas alcanza a reconocer la fuerza de las ataduras que la sostienen, trátese de un orden invisible o de una sombra caótica que todo lo sujeta a caprichos desconocidos, impíos y sanguinarios en su potencia más reconocible. Tras la superficie espesa del telón se agita un cúmulo de revelaciones a punto de ocupar un lugar en el escenario que disponen los registros azarosos de la existencia.
Edición: Fernando Sierra