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'Voces desde el límite', una antología sobre el suicidio

El libro aborda la temática desde la mirada de 10 autores del Colectivo Literario Uayé
Foto: Facsímil

“Solo hay un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si vale la pena vivir o no, es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas”. 

Con esta frase, que ha sido repetida en innumerables estudios sobre el suicidio, inicia El mito de Sísifo, uno de los libros más populares de Albert Camus, el escritor y filósofo argelino-francés ganador del Premio Nobel en 1957.

Me vino una y otra vez a la cabeza mientras avanzaba por las páginas de Voces desde el límite (NITRO/PRESS 2025), una antología de publicación reciente cuyo eje central es el suicidio.

Nacida de la voluntad de diez empecinados narradores cuyo amor por la escritura los llevó a formar el Colectivo Literario Uayé, esta antología me parece memorable por varias razones. En primer lugar, porque no es fácil editar un libro colectivo. Los planes de esta naturaleza normalmente sucumben en el camino por causa de los egos de sus autores. En segundo lugar, porque nunca hay que dejar de celebrar una acción que fomente el cuento, ese género literario tan incomprendido por las grandes editoriales. Y, por último, porque con la edición de proyectos literarios de circulación nacional se mantiene viva la tradición del relato corto en el sureste mexicano.

Ahora bien, para nadie es un secreto que en la península de Yucatán el índice de suicidios es muy alto. Yucatán y Campeche, específicamente, figuran año con año en las listas de los primeros lugares de suicidios “per cápita” en el país. Catorce muertes por cada cien mil habitantes. Casi el doble de la media nacional. Además, la mayoría de los suicidios son por ahorcamiento y la cifra de varones triplica a la de mujeres.

Con estos escandalosos datos, era lógico que tarde o temprano surgieran artistas en la región que los tomasen como fuente de inspiración para intentar generar cambios. No por casualidad en los últimos años algunas compañías de danza y teatro peninsulares (Murmurante Teatro, la más reconocida) han llevado a cabo valiosos trabajos artísticos que visibilizan este flagelo.

Las historias reunidas en Voces desde el límite habitan, casi en su totalidad, en los confines de ese territorio que es la península yucateca. Las múltiples caras de sureste son el escenario utilizado por este grupo de escritores para desarrollar doce textos regidos por las ingobernables leyes del suicidio. 

Así es como, en el primer cuento, a través de la gozosa charla de un cuarteto de mujeres en un café meridano, nos enteramos de que la hija de una amiga en común ha elegido salir por la puerta falsa. “¿Ya saben de qué murió la hija de Miriam?”, suelta una.  Y a partir de esta pregunta comienza el juego de las apariencias. Al término de 'Un café para empezar', de Rossana Colomé, es fácil leer entre líneas que, detrás de esa aparente solidaridad, se esconde una terrible infelicidad. 

'Una plaga de piojos', de Patricia Guadarrama, es el título del relato número dos. Historia terrible de venganza y desesperación. Un reencuentro tardío de padre e hijo que termina en muerte. “¡Nos partiste la madre! ¡Nos jodiste la vida!”, grita el hijo, al momento de estrellarle al viejo el sartén “varias veces contra la cabeza calva llena de lunares”, para enseguida colgarse de una rama del añejo capulín que domina el patio.

Menos intenso, pero no por ello menos interesante, es el cuento que sigue: 'Tres actos para un final', de Carlos Olais, un drama a lo Tennessee Williams en el que su protagonista, un orgulloso psiquiatra dedicado a tratar pacientes con instintos suicidas, no es capaz de ver en su propia hija aquellos síntomas que se supone domina perfectamente. 

'Cuarto de tanque', de María Elena Ponce, ocupa el cuarto sitio en el índice. Aquí, una hermosa joven adinerada con instintos suicidas que adora el océano convierte a su humilde y enamorado marinero en su cómplice de muerte. Narrada a dos voces, esta historia shakespeariana, que transcurre entre Progreso y el Arrecife Alacranes, destaca por el sutil manejo de sus imágenes marinas.      

Con un epígrafe de la artista estadunidense Berenice Abbott referente al poder de la fotografía, abre María Elena González su cuento titulado 'Hub', quinto de este volumen. Historia de amor contada en segunda persona, carta de reclamo a la amante que eligió la salida fácil, recuento del amor perdido, pasión por Magritte.  Al terminar su lectura uno tiene la impresión de haber compartido con el protagonista el arrepentimiento en carne viva.   

'Despojo', de Verónica Leal, 'Las cenizas de Eugenia', de Rossana Colomé e 'Instrucciones para Natalia', de Érica Millet, el trío de relatos siguientes, retratan con acierto escenas de una sociedad económicamente pudiente, aparentemente feliz, pero incapaz de entender, ni prevenir el suicidio de algunos de sus integrantes.

En el primer caso, a través de la certera voz de una niña, se cuenta el doloroso recuerdo del suicidio del hermano mayor. La ausencia física y emocional de los padres es brutal. Imposible no solidarizarse con el sufrimiento de la protagonista ni indignarse al notar cómo esta muerte repentina por suicidio trastoca a toda una familia. 

El texto que le sigue, de la autoría de Rossana Colomé, replica de alguna manera la historia anterior, pero a través de la mirada de la madre. Contado en segunda persona, obliga al lector a profundizar en los sentimientos de culpa de la progenitora. “¿Cuándo la perdí? ¿Por qué lo hiciste, Eu?” Son preguntas que jamás obtendrán respuesta, porque nadie conoce de cierto los motivos del suicida.    

En cuanto el relato que nos regala Érica Millet, más de uno de los aquí presentes verá reflejada en él la relación de sus abuelos, o con suerte la de sus padres, portadores de aquel amor de antes que parecía vencerlo todo, incluyendo la muerte. “Ya me quiero ir”, susurra doña Guillermina, la protagonista, que, tras la muerte del marido, coquetea con la idea de acabar con todo. 
 
Adolfo Calderón Sabido, fundador del colectivo Uayé, es el autor de 'Manos de tijera', la siguiente entrega. Al igual que el neoyorkino Paul Auster en su fantástica novela Tombuctú, la historia aquí es contada por un perro. Al parecer, Flamequín, la mascota consentida, es el único que se percata de que se avecina una desgracia en aquel hogar destruido por la ausencia del padre.  
 
'Lejos de Mérida', de Patricia Guadarrama, es el antepenúltimo de la colección. Fiel a su estilo, Patricia cuenta con rudeza el momento en que Camila, una adolescente con problemas familiares que acaba de ser abusada por su profesor de secundaria, cae en la cuenta de su terrible realidad. “Camila, tienes de dos: o te chingas con este cabrón o desapareces”, dice para sí la joven, encerrada en el lóbrego baño de un hotel de paso.  
 
Antonio Cervera Cetina, lector empedernido, es el autor de 'Dominó', el penúltimo cuento. Su texto es una ambiciosa historia con tintes policiacos que ironiza el deseo de permanencia de un dirigente político que ha elegido sacrificarse en beneficio de la supervivencia de su partido.     

Cierra finalmente esta docena 'Auto de fe', relato histórico de Rodrigo Puerto Zavala. La vergonzosa quema de vasijas y códices mayas de Maní revive en estas páginas con crudeza. Las torturas que infligió Fray Diego de Landa a los acusados y el desprecio que sentía por los indígenas están perfectamente retratados. El desenlace refuerza la desolación de todo un pueblo.   
 
“No conozco nada más idiota que morir en un accidente de automóvil”, fue la inoportuna declaración del escritor Albert Camus, un día antes de fallecer el 4 de enero de 1960. El hombre que hizo célebre aquella frase acerca del suicidio murió en un coche cuando viajaba con su amigo Michel Gallimard. Su también editor conducía a gran velocidad por la carretera de Borgoña hasta que un neumático estalló, provocando un encontronazo con un árbol que partió el automóvil. No fue un suicidio, pero la muerte, tarde o temprano, nos llega a todos. Solamente que, tal como sucede con los personajes de estas Voces desde el límite, a veces decidimos hacerlo por mano propia. 

Lea, del mismo autor: Los pasos de Grace

Edición: Fernando Sierra


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