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Plenitud femenina

Guiños Lectores
Foto: Facsímil

Cuando la afinidad de experiencias y saberes transforma inquietudes individuales en conciencia colectiva, sus logros sugieren percepciones inusitadas, porque cada decisión firme deja rastros y emite señales que entrañan significados cuyo alcance real no puede medirse en su totalidad. Si la cultura es un conjunto de influencias mutuas, intercambios y apropiaciones que preside las aptitudes creadoras de la especie humana, también encierra nudos en los que radica la voluntad de dominio. Su frágil equilibrio refleja pasajes de una historia contada a muchas voces en matices variados.

Hoy se habla con soltura de la configuración de identidades de género, y con apoyo en tales conceptos cobran aliento iniciativas que reivindican las demandas de sectores soslayados durante largo tiempo, como si la naturaleza fijara barreras absolutas para aspirar a mejores condiciones de existencia. Para llegar a ellas es preciso abatir moldes que, tras dar todo de sí, sólo guardan puntos ciegos y vacíos. La tradición renovada gira sobre un núcleo esencial que se despoja de accesorios caducos. La conciencia del ser femenino como sujeto activo en las relaciones sociales, negada durante siglos en afán de mantener estructuras hegemónicas, se manifiesta dando eco, de diversos modos, a sus expectativas y conquistas. El quehacer literario, por ejemplo, puede acoger atisbos de plenitud genuina en sus representaciones y menesteres.

En el terreno vasto que mujeres de letras hacen fecundo se asienta la antología de poesía erótica Chaknúul in woot’el. Mi piel desnuda (Mérida, Nepantla Atelier–Colectivo Xkusamo’ob–Capulín Taller Editorial–Narrativas desde la Mayanidad, 2025), con la coordinación editorial de María Elisa Chavarrea Chim y la coautoría de Daniela Esther Cano Chan, Lizbeth Ahinoan Carrillo Can, María Lilia Hau Ucán, Minelia Bonilla Vázquez, María Dolores Dzul Barboza, María de Jesús Pat Chulin, Miriam Leonor Quintal, Sandi Gabriela Tun Itzá, Sari Lorena Hau Ucán y la coordinadora ya mencionada. Las ilustraciones de portada e interiores son de Alexandra Canto, logradas mediante la técnica de collage. Los poemas pueden leerse en tres versiones: maya, español y alemán.

La edición del poemario resulta del compromiso de organizaciones que impulsan el desarrollo femenino en espacios comunitarios y en contextos multiculturales, los derechos humanos y la defensa del medio ambiente, así como proyectos artísticos con enfoque de género, entre otros aspectos que se integran en la práctica cotidiana y en el pensamiento que la enriquece tras haberse formado en ella. Las autoras explican el sentido de fondo del libro de este modo: “Nuestra poesía se encuentra colmada de la voz de diversas mujeres de las comunidades que solo buscan la equidad con sus palabras, ser escuchadas, ser reconocidas como un acto de justicia, que el amor no sea un motivo de sufrimiento, de violencia”. Apuntan que, en su mayoría, crecieron bajo el peso de restricciones que impedían dialogar y exponer abiertamente inquietudes ligadas a la unión amorosa, el erotismo y la corporeidad femenina, hecho que confiere a la obra un valor aún más significativo por compartir, en tono sutil y deleitoso, creaciones escritas en las que está presente todo aquello que los patrones culturales heredados limitaron en su repertorio de normas de convivencia.

La dimensión histórica de actitudes y costumbres las convierte en elemento en mudanza constante, aunque sus ejes de referencia definan continuidades y ajustes. Vale recordar que dos de los textos conocidos como Cantares de Dzitbalché plasman nociones y ceremonias en que los ciclos de desarrollo de las mujeres concurren para reforzar lazos solidarios entre ellas. El entendimiento colectivo de su potencial reconocido en el plano de las emociones, coherente con las pautas de la cultura de este pueblo originario, tejía a su vez un vínculo con elementos naturales asociados con deidades femeninas a las que consagraban expresiones de vida. Resonancias de este orden cósmico pueden hallarse en los poemas que acopia la antología, con muestras que vibran en espacios domésticos y en el encuentro íntimo de los amantes, a la luz de metáforas que connotan estaciones del año, fenómenos atmosféricos, frutos de la tierra, corolas incitantes, accidentes orográficos, vistas del firmamento, funciones orgánicas y la suma de fuego, agua, polvo y viento prodigándose entre caricias y ansias, néctares y aromas que se sobreponen, mediante armonías vislumbradas con fervor auténtico, a cualquier tratamiento trivial del deseo. “Soy jícara para tus ojos /mientras sostienes mi redondez, / tus dientes muerden levemente mi origen /en donde se me escapa un quejido”. Incluso los objetos que cumplen funciones específicas en el interior de la vivienda, al modo de los utensilios de cocina, encajes, telas y, por supuesto, la hamaca que acoge el reposo nocturno, se tornan figuras entrañables que participan de este universo donde los sentidos se multiplican en gozo.

La impresión en risografía a cuatro tintas y el encuadernado artesanal del volumen aportan un atractivo más, contribuyendo a infundir un equilibrio dinámico en el cual puede palparse la plenitud como experiencia trascendente.


Lea, del mismo autor: Palpitaciones ocultas

Edición: Fernando Sierra


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