Antes que ser un contrapeso para el Ejecutivo y el Judicial, el Poder Legislativo tiene la función de ser el espacio para la discusión de los asuntos de interés nacional y por lo tanto debe esperarse que existan tantas posturas como curules. Lo paradójico en esta situación es que cuando se trata de legislar sobre sí mismos, todos coinciden cuando se trata de aumentarse las dietas o decretar el fin del periodo de sesiones; pero cuando se busca reducir el gasto de las Cámaras y que quienes lleguen a ellas hayan sostenido un careo con la ciudadanía, entonces surgen las descalificaciones al proyecto, sin siquiera haberlo conocido.
Siendo un tema eminentemente político, la discusión en sí misma es benéfica; siempre y cuando se haga sobre la iniciativa y que se presenten argumentos en lugar de ofensas; lo deseable es que el debate conduzca a una votación en la cual primen la razón y, preferentemente, los principios aristotélicos de la lógica. Ahora, anticipando que la reforma va contra la forma en que se llega a la representación proporcional, lo realista es que tanto la oposición tradicional (PRI y PAN) coincidirán en gran medida con los partidos que ahora son satélites del hegemónico Movimiento Regeneración Nacional (Morena); Partido del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM); en ambos casos, sus dirigencias han sido las que han controlado el acceso a las listas de designación (y autoasignación) y prelación de curules plurinominales.
El motivo detrás del rechazo a la reforma electoral, entonces, no es por el documento en sí. De hecho, es una regla no escrita que este tipo de iniciativas deben presentarse antes de elecciones intermedias y por el contrario, jamás previo a una elección presidencial. Pero la negativa y descalificaciones a priori como las que ha esgrimido el senador Alberto Anaya, del PT, vienen del monopolio de las cúpulas partidistas sobre las listas de plurinominales, a través de las cuales suelen asegurarse un asiento en las Cámaras. Y vaya que algunos dirigentes han hecho carrera pasando de San Lázaro a Reforma 135; incluso algunos de ellos están ahí desde que el Senado se encontraba en la Casona de Xicoténcatl.
Existen personajes, por supuesto, que son la excepción en cuanto a los legisladores de representación proporcional: Gerardo Fernández Noroña hizo campaña por el PT, aunque como candidato a la Presidencia. Esto, junto con la presencia mediática que ha tenido (polémica, pero así se ha mantenido presente en la discusión pública), le han permitido construirse una base electoral.
Hasta el momento, los argumentos de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre la primacía de dos elementos en la reforma: la reducción del gasto electoral y la modificación del sistema de plurinominales, pesan en el ánimo de los enquistados legisladores actuales. Votar a favor implica que desaparezca el control que tienen sobre el acceso a los cargos de representación proporcional; una muerte honorable, pero muerte al fin.
Si la iniciativa pasará, ya depende del trabajo de cabildeo en San Lázaro y del análisis responsable que se haga en comisiones; por lo que todavía es prematuro augurar si se recurrirá a la ejecución de un “plan B”. Eso sí, ya saltaron las primeras liebres anticipando el sentido de su voto, uno que mantiene para los comités directivos de los partidos el privilegio de repartir(se) posiciones en la lista de plurinominales.